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Optimistas y pesimistas

Ojalá que la economía peruana mejore en lo que queda de este año y en 2015, pero yo no sustentaría mi planes en tal mejoría.

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Ricardo Lago,Uso de la palabraEconomista y asesor financiero

Estos últimos días, el BCR anunciaba que la cifra de crecimiento del PBI en el primer semestre será bastante peor a la esperada –menor a 3.2%–, pero que la desaceleración ya tocó fondo y la actividad remontará en la segunda mitad del año. Dos de los factores que sustentarían la recuperación serían la mayor producción e inversión en minería y un mejor contexto internacional, en concreto un mayor dinamismo de las economías de los EE.UU. y China.

A medida que la situación económica ha ido empeorando, se ha hecho costumbre apelar al argumento de que estamos en un bache, pero que remontaremos en el próximo periodo. Lo utilizan autoridades y analistas por igual. Se parte de un supuesto derecho adquirido a crecer al 6% y se ve como poco patriótico decir que el panorama podría empeorar. Dicho proceder encaja también en el llamado sesgo cognitivo, que planteó Daniel Kahneman –un psicólogo que consiguió el Nobel de Economía en 2002– y que consiste, según sus palabras, en que "la mayoría de nosotros ve el mundo como más benigno de lo que es, nuestros atributos como más favorables de lo que son, y los objetivos que nos planteamos como más alcanzables de lo que son".

Algunos dicen que los pronunciamientos a futuro con sesgo positivo son eficaces porque, al crear expectativas favorables, influyen en el comportamiento de los agentes económicos, lo cual anima al consumo y la inversión, y contribuye, por tanto, a que la profecía se autorrealice. Pero hay un contraargumento, y es que se puede estar empujando a los agentes económicos, sobre todo a los menos pudientes y peor informados, a que pongan en marcha planes sustentados en cuentas alegres que luego la realidad de los hechos se va a encargar de refutar, causándoles el daño consiguiente.

He venido argumentando en esta columna, desde hace ya muchos meses, que la situación empeoraría, que la causa principal del deterioro es el contexto externo, y que no es realista esperar que dicho contexto mejore en el futuro previsible. Decía en mis dos últimas entregas (Bordeando la recesión 1 y 2) que el shock negativo que vino por el frente externo, y que todavía está digiriendo la economía peruana, se puede cuantificar en 20% del PBI.

Mi opinión es que la economía mundial no se encuentra en la fase inicial de una recuperación, sino en la fase final de un muy endeble y frágil ciclo alcista. A los frentes de vulnerabilidad financiera (retiro de los estímulos monetarios, desapalancamiento de los altísimos niveles de deuda publica y privada, fragilidad de la zona euro, problema de los derivados, burbujas de acciones, bonos y bienes raíces, etc.) se añade ahora el deterioro de los conflictos geopolíticos: Ucrania, Gaza, Iraq, sanciones –y autarquía– en una Rusia ahora díscola.

Ojalá la economía peruana mejore en lo que queda de este año y en 2015, pero yo no sustentaría mis planes en tal mejoría. Es uno de esos momentos en que el pesimista es, en realidad, un optimista bien informado.