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Las mujeres de Chirinos en Cajamarca sacan la cara por el café peruano [CRÓNICA]

Ellas son Los Lirios de Chirinos, un grupo de emprendedoras, que busca demostrar al Perú y al mundo, el valor de nuestro café.

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Esther Vargas
Esther Vargas

El café no es un tema de hombres. Ni a la hora de prepararlo, en alguna cafetería del mundo; y menos a la hora de cultivarlo. El sol es asfixiante en Chirinos, uno de los siete distritos de San Ignacio, Cajamarca. Faltan muchas cosas en los caseríos, la precariedad se puede tocar, pero el café es de los mejores, hasta 90 puntos. Y nadie exagera, menos Silvia Lizana, una emprendedora de 32 años, que lidera Los Lirios de Chirinos, una asociación que pretende llevar el café de esta parte del país a muchas de nuestras ciudades y al mundo entero.

Silvia Lizana y las mujeres de Chirinos han recibido el impulso de la barista Vanesa Fabián, entrenadora y barista de Tostaduría Bisetti, quien a través de 𝐊𝐢𝐥𝐥𝐚𝐲 𝐂𝐨𝐟𝐟𝐞𝐞, se alista para vender el primer lote de café de mujeres, el cutivado por las madres de Los Lirios de Chirinos.

Este fin de semana, recorrimos las tierras de Chirinos, con estas emprendedoras, entre ellas Vanesa Fabián. El paisaje es majestuoso, y el café que tomamos con la magnífica vista una delicia para los que saben de esta bebida bandera.

Silvia es hija de caficultores, ha crecido alrededor del café y siente que hay una oportunidad importante porque algo está cambiando: “Demostrar que tenemos un gran producto, y que como mujeres también podemos hacer grandes cosas. Siempre se ha pensado que solo el hombre es el que aporta, el que trabaja. Y la mujer en casa. Las mujeres que nos hemos reunido aquí creemos que podemos aportar muchísimo”.

Su voz es cálida, como su mirada, y la manera de tratar al foráneo. En estos días, en su casa, pudimos notar que además de guerrera es una mujer tierna, y convencida de cambiar las cosas, a las buenas, con una sonrisa, con una palabra grata, con un abrazo.

FAMILIA

FAMILIA

EN LA TIERRA PROMETIDA: Silvia y Ángel, unidos y dispuestos a trabajar duro.

Mientras contemplamos a Vanessa preparando el café de Los Lirios de Chirinos, doña María Rodríguez, la madre de Silvia no deja de sonreír. Se siente orgullosa de ver a su hija en este proyecto. Ángel Villalobos, el marido de Silvia, no es de esos tipos machistas que abundan en este país: “Yo creo que ellas tienen mucho potencial, la tierra que tenemos es de las mejores”. Estamos en la finca El Higuerón, propiedad de Silvia. El camino puede ser agreste, pero vas agarrando confianza. El paisaje te impresiona, y las recompensas son muchas. Tenemos una taza de café limpia, de sabores florales, es suave, y el dulce es natural. 

Que en Chirinos, como en diversos puntos de Cajamarca, se logren tazas de hasta 90 puntos no es exageración. Nancy Lizana, la ingeniera agrónoma de la familia, y la hermana de Silvia, conoce la tierra, y sabe que trabajando de manera tenaz se puede lograr ese café que hará brillar al Perú. Nada es exagerado. En esta tierra se necesita mucho apoyo, pero el potencial está en las manos de estas mujeres y en el café, que crece, en sus diversas variedades: caturra, bourbón, típica, y pache. 

LA BARISTA EN LA FINCA

El barista debe conocer la historia de la taza. Vanesa Fabián lo dice. Y es verdad. Justamente estamos en la tierra, una tierra donde se produce uno de los mejores cafés del Perú y del mundo. El cansancio no vence a nadie, la caminata puede ser extenuante, pero allí estamos. 

Café Peruano

(Esther Vargas)

Preparando cafecito. (Esther Vargas)

"Este es el tiempo de las mujeres", sostiene Vanessa, quien en pocos días presentará su marca de café de mujeres. Hoy trabaja con las mujeres de Los Lirios de Chirinos, y en un futuro recorrerá otras rutas en busca de emprendedoras como las de Cajamarca que están dispuestas a cambiar la historia, esa vieja historia de que el café es cosa de hombres. 

UNA OPORTUNIDAD

Juan Lizama Julca, el padre de Silvia, está feliz con Los Lirios de Chirinos. "Uno se siente orgulloso", dice con la voz bajita. Parece tímido, pero no lo es. Ver a su esposa, y a sus hijas, y nueras, involucradas en un sueño tan grande lo hace mirar el futuro con optimismo. 

"El café es una oportunidad que hoy podemos aprovechar todos. Como familia, y ellas son unas luchadoras", comenta, mientras se sube a su moto. 

En este proyecto hay algo grande, algo que no se puede tocar y tampoco beber: hay un amor profundo por el café. Pero no solo eso: también buscan sacar la cara por esa tierra que muchos no conocen, por ese trabajo que a veces ignoramos cuando tenemos una taza de café delante. 

El café de Chirinos es de altura. A1858 m.s.n.m, Los Lirios abrazan el proyecto más importante de sus vidas, lejos del respaldo de una cooperativa, marcando la línea de mujeres haciendo café y cuidando cada detalle. Sonríen. Mientras la lluvia parece suspendida por estos días, ellas caminan por la bendita tierra y creen que sí se puede. 

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