El inventor contemplando su obra. (Foto: La ruta del café peruano )
El inventor contemplando su obra. (Foto: La ruta del café peruano )

“Mi sueño es que nuestro y el trabajo de toda la cadena productiva se conozca”, dice Rolando Ruiz, el discreto creador de la cafetera peruana, un accesorio de arcilla que permite pasar gota a gota el café, y que muy pocos saben de su existencia.

Rolando hacía maquetas y animalitos de Navidad para su mamá Griselda, quien vio en su hijo a un gran inventor, y que hoy estaría orgullosa de sus logros. El tostador artesanal de café creó la cafetera luego de dar vueltas a una idea sobre una naranja. Fue a Aco, Junín, donde están los mejores alfareros del país, y llevó su maqueta, luego de muchas pruebas.

Cafetera Mupeco de arcilla (Foto: La ruta del café peruano )
Cafetera Mupeco de arcilla (Foto: La ruta del café peruano )

La cafetera tiene 12 pequeños huequitos y mide 8 centímetros, las hay en colores marrón, ladrillo y rojo. Viene con una cuchara del mismo material que permite hacer el ritual de preparar el café. Las vende en su taller, o las encarga a baristas y personajes del café como El Cafeteador, que tiene una barra en Pueblo Libre, o el barista Jesús Gamarra.

Es un objeto diseñado con cuidado y mucho cariño. Rolando quiere seguir mejorando esta cafetera -que ya tiene dos años- con la finalidad de llevarla a otros países, y que el mundo sepa que Perú además de buen café tiene su propia cafetera, como Costa Rica tiene su Vandola.

Sueña llevar su cafetera a todo el mundo (Foto: La ruta del café peruano )
Sueña llevar su cafetera a todo el mundo (Foto: La ruta del café peruano )

Rolando -un caballero que habla emocionado de su obra-es el creador del Museo Peruano del Café, y por eso lo llaman MUPECO. Una parte está en Cusco, ahora guardado, y otra en San Martín de Porres, donde hay piezas maravillosas para los amantes del café. Su sueño es levantar el museo en Chanchamayo.

Este inventor nato no deja de crear desde muebles hasta una tostadora artesanal de café. Piensa en sus “hermanos caficultores” de zonas lejanas que tienen pocos recursos y necesitan apoyo. Y allí está él, con su mirada fija y su sonrisa sincera.

Cuesta 35 soles, y la vende él mismo (Foto: La ruta del café peruano )
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