Mientras los ciudadanos en guardan luto con estupor e incredulidad, las autoridades seguían recuperando cuerpos entre los escombros del radical ataque suicida provocado por el el fin de semana en el centro de Bagdad.

La cifra de fallecidos subió a 175 personas, aunque medios internacionales señalan que superan los 200 fallecidos. Todos coinciden en que aún hay desaparecidos por lo tanto el número de víctimas puede aumentar.

El horror y la muerte ha empañado el feriado musulmán del Eid al-Fitr, que marca el final del mes sagrado del Ramadán y que en Irak comienza el miércoles.

Un suicida del grupo extremista Estado Islámico hizo explotar un camión bomba en una concurrida zona comercial de la capital, Karada, a primera hora del domingo, en un momento en que muchos residentes estaban en la calle tras el final del ayuno diario.

TRISTE FUNERALEl martes por la mañana, residentes de Karada celebraron una procesión funeraria por un joven en el lugar de atentado. Con una bandera de Irak colocada sobre su hombro, la madre encabezó a los asistentes cargando con el féretro de madera y golpeándose el pecho como muestra de dolor. Otras personas lanzaron flores sobre el ataúd, que también estaba envuelto con la bandera del país.

El ataque, que también generó indignación popular contra el gobierno y los líderes políticos de la nación, llevó al primer ministro del país, Haider al-Abadi, a ordenar nuevas medidas de seguridad en Bagdad y otras ciudades.

En tanto, el ministro iraquí de Interior, Mohamed al Gabán, presentó hoy su dimisión al primer ministro, "a condición de que se reforme el aparato de seguridad".

En su momento de más poder, en 2014, el Estado Islámico arrebató a Bagdad el control de casi un tercio del país. Ahora se calcula que los extremistas controlan solo 14% del territorio iraquí, de acuerdo con la oficina del primer ministro del país. El grupo todavía controla Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, así como importantes territorios en el norte y el oeste.

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