El actor nacional nos recibe en un local de ensayo miraflorino para contarnos el reto de interpretar al poeta peruano César Vallejo en el cine.

¿Cuál fue su motivación para protagonizar una película sobre César Vallejo?
Se ha satanizado mucho la imagen de Vallejo como un espejo de feria. Por eso apostamos por una producción honesta y ajustándonos a la realidad. Él fue un ser hermoso, profundo y orgulloso de ser peruano. Hay mucha gente que no lo conoce, no lo lee y a otros se les hace difícil entenderlo. Pero es muy simple.

¿Dónde se realizó el rodaje?
Grabamos en lugares donde vivió Vallejo, como Santiago de Chuco y Trujillo. Estuvimos un día en su casa y es sensacional estar en el sitio donde pisó, se sentó y comió. Es un espacio de mucha energía.

¿Es cierto que está trabajando ad honorem?
Sí. La gente saca dinero de su bolsillo para seguir adelante con el proyecto. Un grupo de jóvenes me dijo: “Señor Arenas, estamos haciendo un proyecto sobre Vallejo, pero no tenemos plata”, y yo les respondí: “Si se trata de Vallejo, me pongo la camiseta”. Estamos grabando en mis tiempos libres.

¿Sus vivencias se asemejan a las del escritor peruano?
Sí. Ambos somos serranos, orgullosos de ser indios y tenemos un profundo amor por la familia. Es un honor y privilegio encarnar a Vallejo. Cada vez que me pongo a ensayar mis escenas, encuentro a un ser con una inteligencia que sobrepasa todo límite. Era un tipo alegre, pícaro, seductor, bohemio, y eso se verá en la película. Se contará cómo la gente lo trató mal y también de sus esfuerzos por construir una poesía moderna. Estamos convencidos de que será un éxito.

¿Qué le parece el cine de nuestros tiempos?
Está creciendo de manera agigantada y se están haciendo cosas muy buenas. Hace poco vi las películas La casa rosada y Wayna Pacha, y son espectaculares. Existe un cine independiente de provincias que es magnífico. He visto películas maravillosas sobre el abigeo, el maltrato a la mujer, la trata de niños y el alcoholismo, pero las cadenas de cine no las aceptarán porque no les interesa.

¿Ha visto películas de mala calidad?
Sí. Me da tanta cólera que inviertan en hacer tonterías. Hacen cada cosa que no tiene sentido. La gente escucha groserías, palabras en doble sentido y aparecen mujeres en paños menores. Al final, es trabajo y se hace. Yo antes hice café teatro y me desnudé, pero ya no lo volvería a hacer (risas). Lo hice porque tenía una hija que mantener, era la necesidad de comer y vestir.

Con respecto a la televisión peruana, ¿cree que ha sufrido algunos cambios?
¡Muchos! Antes había programas culturales como Tradiciones peruanas, Así es mi tierra, novelas de nuestra realidad como Ollantay. Ahora es todo telenovelas turcas y mexicanas. No tenemos originalidad. La televisión, en vez de mejorar, ha empeorado.

¿Por eso no lo vemos en series y telenovelas?
Hay personajes que no me interesan porque te llaman para hacer de provinciano borracho, machista trastornado y homosexual chabacano. Son personajes negativos que no tienen nada que ver con la realidad y no vale la pena hacerlos. Solo lo hacen para entretener.

¿Sigue siendo víctima de racismo?
Hasta ahora persiste. Es grave ser cholo en Perú. El indio siempre será marginado, pero ahora ya no solo está en las chacras, sino en universidades. Yo, gracias a mi prototipo, me di el lujo de hacer personajes como Atahualpa, Túpac Amaru y el Señor de Sipán.

¿De qué se arrepiente?
Me arrepiento de no haberme esforzado para tener un teatro propio a mis 73 años, pero seguiré luchando hasta el final. Debería haber más espacios culturales porque hay poquísimos y muy caros... La cultura no está al servicio de la nación.