Foto: El País
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Por Marlon Aquino

"Si me lo dan este año dijo alguna vez sobre el Premio Nobel de Literatura seré uno más en la larga lista de ganadores. Si no lo hacen, me convertiré en un mito escandinavo, y prefiero ser ese mito".

Y sí, el maestro argentino se convirtió en un mito escandinavo al no recibir el galardón otorgado por la Academia Sueca, la consagración suprema para cualquier escritor del planeta. Pasó a formar parte entonces de un ilustre club de ¿perdedores? entre cuyos ilustres integrantes figuran León Tolstoi, Franz Kafka y Marcel Proust, entre otros.

Ciertamente, el no haber recibido este premio no les ha restado nada de gloria, pues sus obras se han leído y se seguirán leyendo con admiración por años. Sin embargo, siempre aflora en los fieles lectores el síndrome de "la cereza en el helado" y queremos que nuestros escritores favoritos vivos, aun cuando ya hayan obtenido muchos premios importantes, lleguen también a Estocolmo y reciban la preciada medalla (y claro, el millón y medio de dólares).

Esto deseamos durante muchos años los peruanos para y esto es lo que millones alrededor del mundo también reclamamos para el escritor norteamericano (Newark, New Jersey, 1933), postergado injustamente año a año por los académicos suecos.

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