Por Jaime Cabrera Junco ()

Luis Enrique Tord (Lima, 1942) pertenece a la Generación del 60. Estudió Letras en la Universidad Católica, donde conoció a poetas como Washington Delgado, Javier Heraud y Luis Hernández. Dice que su estadía en Cusco de seis meses lo marcó, pues esa ciudad –la capital del Tawantinsuyo- sería la inspiradora para sus relatos históricos que acaban de ser reunidos por primera vez bajo el título de Revelaciones. Casualmente eso es lo que buscamos de él en esta entrevista.

Usted dice que su inclinación por la literatura fue una suerte de liberación frente a la rigidez de las ciencias sociales, ¿siempre tuvo vocación por la escritura?Bueno, esa última parte que usted ha mencionado es principal, pues desde muy joven tuve la idea y la intuición de que iba a ser escritor. Entonces tuve un conflicto vocacional en la universidad, pues esta es una institución académica de estudios racionalistas y analíticos, en cambio ser escritor es inclinarse por el lado del artista que implica ser intuitivo.

Lo primero que escribió fue poesía, ¿la escribió cuando estuvo en la universidad o antes?Sí, fue en la universidad, cuando tenía unos 19 años o quizás antes. Mi primer libro de poesía lo publiqué a los 21 años.

Si en la universidad encontró esa vocación por escribir, ¿por qué escogió la historia como carrera?A mí me insatisfacía el Derecho. Como todo hijo de cierta burguesía limeña, esta era una carrera natural para los hombres de letras.

¿Es usted un historiador que además escribe ficción o un escritor que utiliza la historia como base en sus escritos?Toda la información de carácter histórico y antropológico ha sido fundamental para mi literatura. Hay vasos comunicantes entre la creación y la historia. Mi literatura es muy singular, son 'indagaciones', como la ha denominado el crítico Ricardo González Vigil, pues mezcla la información de carácter histórico dentro de una obra literaria que aparece a veces como un informe.