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Bibiana Melzi: "El apetito por la vida de Anthony Bourdain de pronto se extinguió" [ENTREVISTA]

Periodista  fue la productora del chef Anthony Bourdain cuando visitó nuestro país en el año 2005.

Cesar Salazar

La periodista Bibiana Melzi evocó aquellos imborrables momentos con el chef estadounidense Anthony Bourdain , a quien acompañó en su recorrido por Lima, Cusco y la selva de nuestro país, cuando fue la productora de una edición de su programa ‘No reservations’ .

¿Puedes comentarnos algo de Anthony y de lo que compartiste con él en nuestro país?
Me encantaría decir que fuimos amigos, pero en realidad fui la productora del episodio de su programa. Creo que a medida que pasan las horas siento que la pena y el dolor se vuelven más grandes. Tony era una persona única. Cuando la gente muere todos dicen: “Fueron fantásticos” y él sí fue un hombre de una sensibilidad extraordinaria y eso lo veíamos en cada uno de sus programas de televisión. Siempre he dicho que la cocina y la gastronomía de un país son el pretexto perfecto para conocer la cultura, la sociedad y la gente con sus penas, alegrías, frustraciones y sueños. Eso lo hacía de una manera tan brutalmente honesta, era tan directo, cero hipocresía y esos son sus valores. Además, luchaba por la igualdad. Últimamente se había involucrado completamente con el movimiento #MeToo . Quería justicia social, creía en la inclusión y la diversidad y no por moda. Cuando algo no le gustaba te lo decía.

Era muy directo y lo decía cuando no le gustaba una comida.
¡Absolutamente! No había un ápice de falsedad o hipocresía en él y eso es algo que deberíamos valorar todos los seres humanos. Dos condiciones tuve, que fueron exigencias de él, cuando se hizo la producción. Uno, n o quería que ninguna de las locaciones tuviera que ver con lugares religiosos porque sabía que eso genera en cuanto a conflictos y confrontaciones. Creo que era muy crítico del clero y lo que hace la religión a las personas. Lo otro era que tampoco quería ir a restaurantes 'fichos' porque eso no era lo que representaba genuinamente la gastronomía de un país.

He visto imágenes que compartieron con los campesinos cusqueños. 
En Cusco fuimos a Chincheros a comer cuy. Nos burlamos de esa creencia absurda que la gente piensa que alienígenas construyen cosas. En Puerto Maldonado fuimos a una comunidad llamada Infierno, veía el trabajo de la gente, y creo que eso lo tocó profundamente. Él era así, era una persona extremadamente sensible, que podía ser lo más honesto, directo, deslenguado, pero muy sensible.

Él veía la realidad y se preocupaba cómo vivía la gente.
¡Claro! se preocupaba de temas sociales. Lo que pasa es que eso era el país, el país no es ese restaurante ficho. Él era chef ejecutivo y por supuesto que sabe, conoce y respeta esos restaurantes, pero no son los que te hablan y te cuentan sobre la gastronomía de un país. Son los pequeños restaurantes tradicionales. De ahí fuimos al restaurante de Facundo Tochi porque él había trabajado con Nobu. Insisto, mucha gente dice que no hay muerto malo, pero en este caso no hay más verdad que Anthony era una persona auténtica e irrepetible. Su sinceridad y sensibilidad van a hacer muchísima falta en una televisión como la que hoy tenemos y en el mundo.

SU APETITO POR LA VIDA DE PRONTO SE EXTINGUIÓ 

¿Le gustó la comida del Perú?
Le fascinó. Pero además le gustó todo lo que vivimos en esa experiencia de ver a la abuelita de la casa cocinando, de la casita porque veía que era una tradición que se mantenía viva y a él le fascinaba conocer eso . No le gustaba todo, no le gustó el turrón de ‘Doña Pepa y se molestó porque estaba al costado de Las Nazarenas. Había pedido que no haya algo con la religión. Le gustó los picarones y las conchitas a la chalaca… Era un apasionado de la vida, pero creo que su sensibilidad al final fue demasiada, su apetito por la vida de pronto se extinguió.

¿Notaste que tenía problemas de depresión?
No, la verdad que no. Yo recuerdo que tenía una voracidad, al menos en el 2005, con mucha intensidad y era muy responsable. Era el primero en estar listo para las grabaciones, un nivel de responsabilidad gigantesco. Ahorita no quiero ni especular qué pasaba por su mente, no lo sé.

Imagino que ese viaje también fue de diversión.
Creo que congeniamos bien. La dedicatoria que le hizo a mi libro guardo hoy más que nunca con un cariño y amor entrañable.

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