El mensaje oficial se ha centrado en que el aumento de impuestos que plantea el Gobierno afectará solo a los que más ganan, pero eso es mentira.
El mensaje oficial se ha centrado en que el aumento de impuestos que plantea el Gobierno afectará solo a los que más ganan, pero eso es mentira.

Con el nuevo se encendieron las alarmas, debido a que las medidas no implicarán hacer cumplir las leyes y hacer que los que no pagan, lo hagan. Es decir, los mismos de siempre seguirán ocupándose de pagar impuestos, pero esta vez, con tasas más altas. No habrá ampliación de la base tributaria y eso después de que el ministro de Economía, Pedro Francke, había dicho que no tenía pensado aumentar impuestos.

El mensaje oficial se ha centrado en que el aumento de tasas afectará solo a los que más ganan, que la clase media no se verá afectada. Todos los gobiernos sostienen eso, pero siempre la clase media se ve afectada. Más aún si el mercado laboral y las expectativas de inversión son débiles. Por eso para reactivar la economía, pero reduciendo el consumo y la inversión.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de la clase media? Lo que debe buscar un país es que sus sociedades no sean en forma de triángulo. Un vértice con pocas personas, una parte central mediana y una base con la mayor participación poblacional. Lo ideal es que tenga forma de rombo. Vértices superior e inferior con poca proporción de personas y un cuerpo central amplio. Cada país u organismo multilateral usa una metodología distinta para medir a su clase media.

En Perú, un estudio del Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP) de la Cámara de Comercio de Lima mostró que, a causa de la pandemia, 6.3 millones de personas dejaron la clase media en 2020: una caída de más de 19 puntos porcentuales frente al 2019, cuando equivalía al 44% de la población (14.2 millones de personas). La Asociación Peruana de Empresas de Inteligencia del Mercados (APEIM), con información del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), creó Niveles Socioeconómicos (NSE).

De la tabla, ¿quiénes conforman la clase media? La clase media tradicional está compuesta por los sectores B y C. Es decir, en 2020, casi un 40% de la población era clase media. El sector D es una población vulnerable, con ingresos no tan bajos, pero posiblemente no son fijos y su acceso a seguridad social es bajo. Y el sector E es pobre. Habla mal de las políticas públicas ejecutadas, con la gran cantidad de recursos que el Estado extrae al sector productivo, que no se haya reducido los NSE D y E, que suman 60%.

La tarea del Gobierno es cerrar brechas y dar buenos servicios públicos para que los NSE B y C crezcan. Para eso se necesita de recursos, pero no de las mismas personas que toda su vida han cumplido con el Estado.

Los seguros de vida en la mira del Gobierno

Los seguros de vida sirven como mecanismos de ahorro y protección para la familia en caso el titular fallezca. Según la SBS, hay pólizas por S/4,000 millones. Eso equivale a 800 mil personas que le quitan una carga al Estado al prever una situación adversa a futuro. Pero el Estado desea aplicarle el 18% de IGV a estos seguros, lo que dejaría fuera del alcance de más ciudadanos este instrumento, muchos de ellos de clase media.

Otro punto que afectaría a nivel socioeconómico, a largo plazo, es el tema de las pensiones. Con las facultades también se afectarían las ganancias por invertir en la bolsa de valores. ¿Pero quiénes son los mayores inversores ahí? Las AFP, que administran fondos de pensiones. A junio 2021, había 7.9 millones de afiliados, con más de S/127 mil millones acumulados, de los cuales el 60% es rentabilidad; pero el plan del Gobierno es aplicar un 5% de impuesto a esa ganancia.

El principio de progresividad: no es del todo justo

Un principio de nuestro sistema tributario es el de la progresividad, el cual consiste en que a los ingresos que uno recibe por su trabajo se les aplicará tasas que se irán incrementando si es que aumenta lo que gana o percibe. Pero hay un problema con ese principio.

Conforme alguien gana experiencia, conocimientos y mejora su productividad, mejora también sus ingresos. Es decir, al que ahora produce más (por eficiencia y capacidad) el Estado lo exprime más. ¿Es justo? ¿Un sistema puede penalizar al que crea más riqueza o al que es más productivo? Algo no terminar de cuadrar ahí.