En los últimos 20 años se ha devuelto al tesoro público un total de S/339,950 millones del presupuesto por falta de ejecución. (Foto: Andina)
En los últimos 20 años se ha devuelto al tesoro público un total de S/339,950 millones del presupuesto por falta de ejecución. (Foto: Andina)

A pesar de que en el último año la ha influido en las cuentas fiscales de todos los países para hacer frente a la crisis sanitaria y económica que se desató, el del Estado peruano en 2022 será de S/197,002 millones, un 8% más en comparación con el presupuesto de 2021, que fue de S/183,030 millones.

Es decir, el Estado crece, principalmente en partidas poco flexibles como gasto corriente, revela un análisis de la Asociación de Contribuyentes del Perú. Así, las partidas destinadas al pago de planillas, servicios básicos, pensiones y mantenimiento de infraestructura pública y obligaciones contractuales se incrementó en 5%, mientras el presupuesto para inversión pública subió apenas 1% (en comparación con el presupuesto 2021).

“Los aumentos presupuestales han sido constantes. En los últimos 20 años (2000-2019), el presupuesto público se ha incrementado en un 8% en promedio (en términos reales), por lo que en 20 años el presupuesto se ha triplicado. Sin embargo, la ejecución del mismo es otra historia”, señala Lucero Martínez, economista de la Asociación de Contribuyentes.

En este mismo periodo, se ha devuelto cada año al tesoro público el 15% del presupuesto total, en promedio. Un total de S/339,950 millones (en 20 años). Este monto de devolución se da principalmente por la falta de ejecución del presupuesto de inversión pública, pues su nivel de ejecución alcanza apenas un 65%. Por ello tendríamos que dos de cada cinco soles del presupuesto de inversión pública no se ejecutan.

Hoy tenemos un Ejecutivo que le hace campaña a su propuesta de reforma con la falacia de que más recursos se traducirán en obras y mejores servicios públicos. Sin embargo, esto no será posible sin antes plantear reformas para combatir la incapacidad de gestión y la corrupción en el aparato estatal.

¿Y cómo va la inversión privada en el Perú?

Mientras se destinan más recursos a la inversión pública sin importar que hace más de 10 años que el Estado ya llegó a su límite, sin poder ejecutar más de S/30 mil millones en obras, ¿qué se hace por la inversión privada?

Al tercer trimestre de 2021, se observó que la economía creció, pero en menor proporción, pues, más allá del efecto estadístico de rebote, no se está potenciando la demanda interna a través del consumo y la inversión privados. El primer indicador creció en junio un 30.7%, pero en setiembre apenas 11.8%.

Lo mismo ocurrió con la, que subió apenas 11.8%. Este menor dinamismo debe preocuparnos, pues no es solo consecuencia de la pandemia.

Lejos estamos del periodo 2005-2008, cuando Perú crecía sostenidamente 6.5%, nuestra inflación se ubicaba en la parte superior del rango meta (3%) y la tasa de inversión privada fluctuaba en un sorprendente 20% del PBI. Es en ese período donde ocho millones de peruanos salieron de la pobreza.

Más gasto no significa mejores servicios

En los últimos años hemos perdido competitividad y capacidad de generar oportunidades de desarrollo para los ciudadanos.

Desde 2011, Perú ha caído todos los años en el ranking de Competitividad del Foro Económico Mundial. Esto se debe a un deterioro institucional vinculado a los costos de la corrupción, crimen organizado y carga regulatoria; mayores deficiencias en el mercado laboral por los costos de despidos, multas y rigidez de contratos; y pérdida del dinamismo empresarial por una menor tolerancia al riesgo de inversionistas y altos costos al iniciar un negocio.