El Estado lo apoya, pero necesita auspicios para afianzar su crecimiento deportivo. (César Fajardo)
El Estado lo apoya, pero necesita auspicios para afianzar su crecimiento deportivo. (César Fajardo)

A Simón, más que el mar, le gusta la velocidad. A Simón no le gustan las aguas calmas, la tranquilidad. En una piscina se aburre, caminando también. Por eso prefiere la adrenalina del mar, esa que aparece en su corazón cuando se desplaza sobre su tabla de windsurf a la velocidad de un Fórmula 1.

Simón Sousa tiene 15 años y es nieto del gran Óscar Velarde, el dueño de La Gloria, el restaurante miraflorino elegido varias veces el mejor del país. Pero de Óscar ha heredado su amor por el mar. Velarde es un navegante nato y encontró en su nieto un acompañante propicio.

Desde pequeño lo llevó a navegar consigo y le enseñó a sortear los retos que cada día impone el mar. Navegante ya, Simón estaba listo para hacer un deporte acuático: probó con la natación, se aburrió; con el optimist, igual, y de pronto vio pasar, rapidisímas, a orillas del Regatas, el club donde entrena, unas tablas coronadas por una vela. Preguntó y le dijeron que ese deporte se llamaba windsurf y que consistía en surcar el mar a la más alta velocidad. Fue amor a primera vista. Tenía nueve años. A los diez ya competía y a los 12 ya les ganaba a muchachos de 15 y 17 años, quienes competían en categorías más avanzadas.

El año pasado, se fue al Mundial Sub 15 de Windsurf realizado en Barcelona y, por ser nuevo en el circuito y no conocer el punto exacto de partida, perdió valiosos minutos que no terminó de recuperar, y terminó segundo. A fines de este mes, en Italia, tendrá su revancha: competirá nuevamente por el título mundial y está seguro de que triunfará. Este año ha ganado experiencia, destreza, estado físico y, sobre todo, confianza. Confía que la victoria es posible.

Pero no quiere dormirse en sus laureles. Un mes después, a fines de julio, en Alemania, competirá con los mejores del mundo, no solo de su categoría, sino con los profesionales, aquellos que han hecho de su pasión su estilo de vida y una manera de ganarse (bien) la vida.

Porque Simón quiere ser un windsurfista profesional, participar en el circuito mundial y recorrer los mares sobre su tabla. Repetimos: confianza se tiene y talento le sobra. Una vez que termine el colegio, se irá a Europa a estudiar, competir y ganar. Ya tuvimos una campeona de tabla, Sofía Mulanovich. Quizá sea el tiempo de un as del windsurf… por lo pronto, el nombre de Simón navega con buen viento y mayor velocidad.

Por: Gonzalo Pajares Cruzado. (gpajares@peru21.com)