(USI)
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Carlos Bernuy Florescbernuy@peru21.com

La transformación del hombre en animal hoy parece no requerir de efectos especiales. De disfraces millonarios o computadoras complejas. La noche del viernes, se demostró que la transformación del hombre en animal puede demorar menos que gritar un gol camuflado como un tipo que dice tener un sentimiento futbolístico. Solo así se explica la crueldad de quien dice ser una persona.

Crueldad para lanzar un artefacto explosivo hacia una yegua que solo contribuía a poner orden. El animal murió a las horas producto de una hemorragia interna. Murió porque a alguien se le ocurrió transformarse en un animal al que no le importa el daño que haga. Murió sin que algunos de los que rodeaban al agresor siquiera intentaran impedirle el acto y se convirtieron así en tan culpables como él.

¿Qué tiene que ver el fútbol con todo esto? Es solo una excusa, es ponerse un camiseta sea del equipo que sea y dar rienda suelta a un vandalismo que hasta ahora no podemos frenar. y Danny Villarreal Ticona el suboficial de la Policía Nacional que sí pudo sobrevivir al cobarde ataque. A un ataque lanzado en represalia por capturar a un vendedor de droga.

¿Qué tiene que ver el fútbol con todo esto? Aquí no hay fútbol, no existe la palabra "sentimiento", esa que repiten hasta el cansancio en una tribuna, pero sin noción de lo que significa cuando se actúa tan cobardemente. Era un partido amistoso, el equipo rival no tenía barra, pero parece que la destrucción y la maldad no conocen de encuentros donde los puntos no existen.

El animal, como aquel de la intervención de La Parada, murió porque muchos son cada vez menos humanos. Y algunos están en las tribunas, diciendo que son hinchas porque llevan un polo, una vincha o se saben algunas canciones. Y debemos hacer algo para frenarlos, o ellos ganarán la batalla. Seguirán siendo animales libres, que alguna vez o nunca, fueron personas.