Huancayo es como el reino de los cielos. Su firmamento tiene un azul claro intenso adornado con nubes voluminosas, que parecen enormes algodones, y con un brillo propio del paraíso. Ahí, debajo de ese cielo, a 3,271 metros de altitud, vive , la reina de la marcha atlética peruana.

Ganó la medalla de plata en Lima 2019, la primera presea que el Perú logra en marcha atlética en unos Juegos Panamericanos. También ha llegado a los Juegos Olímpicos Río 2016 y ya está clasificada a Tokio 2020. Galardones que la convierten en, quizás, la mejor marchista que el Perú haya dado.

El profesor Cañizares la descubrió a los 5 años. Ella solo fue para acompañar a su prima, pero, como jugando, se puso a marchar. El entrenador cubano notó que tenía talento. “Al toque agarré la técnica”, asevera y recuerda que a los 9 años ganó su primera medalla. El cielo huancaíno sigue arriba, radiante, iluminando a Kimberly, quien está sentada en las gradas del estadio Mariscal Castilla.

-Casi no llegas a Lima 2019.

Sí. Un año antes estuve concentrada. Estaba súper motivada, pese a que en las anteriores competencias tuve muchos errores.

-¿En qué fallabas?

Yo hago 20 kilómetros y siempre hay un punto crítico, cuando te llega el cansancio.

-¿Dónde se da el punto crítico?

En el kilómetro 17. A mí me cuesta pasar ese umbral.

-¿Qué pasa en el kilómetro 17?

Te llega todo, el cansancio total, te duele todo el cuerpo. Si logras pasar ese umbral, marcas la diferencia con los demás. Entonces, estuve entrenando ese aspecto. Incluso, estuve con psicólogo.

-¿Qué te aconsejaba él?

Hemos hecho un trabajo de concentración, simulando el cansancio en los entrenamientos.

-¿Cómo lo simulabas?

Me recostaba cinco minutos e imaginaba que iba por el kilómetro uno, dos, tres, el 14 y que iba llegando al kilómetro 17. Te dice que te empiezas a sentir cansada y en tu mente vas proyectando eso. Haciendo eso todos los días, te vas mentalizando y de verdad lo vas sintiendo. Estuve yendo bien hasta mi primera competencia en los Panamericanos de Marcha en México, en abril. Llegué en primer lugar. Pero faltando un mes para Lima 2019, entrenando sentí un dolor por la tibia. Pensé que era carga muscular. Me hice una resonancia y me salió que tenía una fractura en la tibia. Sentí desesperación y tristeza.

-¿Cómo te fracturaste la tibia sin que haya un golpe?

Fui al traumatólogo y me dijo que no iba a poder participar en Lima 2019 porque tenía que descansar un mes. Su diagnóstico fue que era una fractura por estrés. Pero yo conozco a un doctor que me trata desde pequeña. Lo busqué y me dijo que había una solución con tratamientos especiales. Tuve que viajar hasta Cañete. Y casi faltando dos semanas para los Panamericanos recién me puse en forma. Pero todos me decían que a veces es más mental que físico. Todos los días me repetía que todo estaba bien.

-¿Por qué crees que lograste la medalla de plata?

Por la emoción de competir en el Perú, por ver a mi familia, ver que todos los peruanos me apoyaban. Y también era el no dejarse vencer.

-¿Qué sentiste en el kilómetro 17 en Lima 2019?

(Duda y piensa su respuesta). Cansancio y dolor. Pero decía: ya me falta poco. Estaba tercera. Lo único que quería era ganar la medalla de oro. Me empezó a doler la rodilla. Al menos gané la medalla de plata.

-¿Lo sentiste como un triunfo?

Al principio, no. Yo quería la medalla de oro.

-La marcha es, tal vez, de las disciplinas menos visibilizadas del atletismo en el Perú. Es un deporte en el que se intenta caminar lo más rápido posible sin llegar a correr. ¿Cómo se marcha?

Un pie siempre tiene que estar totalmente sobre el suelo. Si la pierna derecha está adelante, el brazo izquierdo adelante.

-Hay una coordinación casi coreográfica.

Algunos vienen a probarse y no pueden por falta de coordinación. El talón se pone un poco de costado. Las manos tienen que estar cerradas y los brazos a 90 grados.

-Empezaste de niña. ¿Ha sido un trayecto difícil?

Llegas a un nivel en el que careces de apoyo. Por ejemplo, en menores, cuando fui a un Sudamericano, las chicas que competían tenían zapatillas especiales y yo entrenaba con unas que me sacaban ampollas. Hasta las olimpiadas de Río 2016 carecí de bastante apoyo. Se necesitan suplementos, ropa deportiva exclusiva para la marcha, espacios de entrenamiento, competencias en las que me pueda foguear.

-¿La marcha es como la última rueda del coche en el atletismo?

Anteriormente era así. En Río llegué en el puesto 14 de 60. Fui la primera entre las latinoamericanas. Con el esfuerzo de mis padres pude llegar con los implementos necesarios.

-¿Y ahora cómo te tratan?

Es diferente. Después de Río 2016 terminé enojada porque uno quiere ganar medallas pero sin apoyo es complicado. Estaba cansada.

-¿Pensaste en dejar el deporte?

En ese momento sí, porque sentía que no valoraban el esfuerzo que hacía. Un mes después de Río, me llamó una empresa y me ofreció auspicio. Al otro mes, otra empresa y decidí regresar.

-¿Cómo te ves en Tokio 2020?

Ganadora. Siempre pensando en la medalla.

-Pero en una entrevista señalaste que tras Tokio te retiras.

No, voy a pensarlo (ríe). Pero espero que la marcha no desaparezca porque son pocas chicas. En mi club, solo hay dos chicas más, y a nivel nacional tres a cuatro chicas más. Somos pocas.

-Eres la reina de la marcha.

(Ríe). Mi entrenador me dice eso y que no tengo que dejarme ganar por nadie. Por eso quiero ser campeona olímpica. Todos los días sueño que estoy llegando a la meta de Tokio 2020 en primer lugar.


AUTOFICHA

- “Soy Gabriela Kimberly García León, tengo 25 años. Nací en Lima y me trajeron a Huancayo de bebé. La familia de mi mamá vive allá (en Lima) y ella fue de visita, se le adelantó el parto y nací. Mi papá es de Huancavelica y mi mamá de Huancayo. Yo me siento huancaína”.

“Debo tener unas 70 medallas; la de Lima 2019 es la más importante. He competido en lugares como Singapur, a los 15 años. Fue el primer país que conocí. Pero mi lugar favorito para marchar es Huancayo. Estudio Administración en la Universidad Continental”.

-“Mi referente es el ecuatoriano Jefferson Pérez, quien ha sido tres veces campeón olímpico y mundial. Es la primera vez que un latinoamericano ha sido tantas veces campeón. En febrero o marzo podría correr un challenge. También iré al mundial, en Bielorrusia; y de ahí llegar bien para Tokio”.