(Foto GEC Archivo Histórico)

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A finales de la década de los setenta e inicios de los ochenta, fui muy seguido al estadio; asistía llevado por mi padre a tribuna Occidente. Luego, también lo hacía con amigos, o a veces solo. Cuando iba con amigos, o solo, generalmente asistía a las tribunas populares, porque esas costaban menos y así me quedaba con parte del dinero que me entregaba mi padre, ahorrándome la diferencia del costo que había entre una y otra tribuna. Con el paso de los años, visité muchos otros estadios del país y de afuera, y puedo afirmar que en ninguno me sentí tan cómodo como en nuestro

Cambiaba de tribuna, pero lo que no cambiaba era la costumbre de comprar maní, ese que venía en unas envolturas de papel, ese fruto seco –el acompañante ideal para estas jornadas– que había que rescatar de su propia cáscara y del que disfrutaba durante horas en los dobletes y tripletes llenos de fútbol. De la misma forma, tampoco me faltaba en la tribuna que estuviera mi fixture, la programación de la fecha, la tabla de posiciones y mi libreta de apuntes. Todo lo necesario para llevar al detalle las incidencias y los resultados.

Largos años después, muchas cosas han cambiado. Una de ellas es que ya no se juegan dos ni tres partidos seguidos en un mismo escenario, algo que hasta hoy se extraña. Los torneos se disputaban con una cantidad par de equipos: 12, 14, 16 o 18, pero siempre par. Así, existía una tabla de posiciones que era entendida y debatida por el aficionado. Y, si a esto le sumamos que los campeonatos eran simples y fáciles de entender, entonces se obtenía como resultado un mayor interés en el seguimiento de los mismos.

Hoy vemos que la tabla del Clausura de la Liga 1, jugada la fecha siete –es casi un decir el número de fecha–, tiene a equipos que han jugado siete, seis o cinco partidos. Y esto de campeonatos con número impar de equipos se replica en la Liga 2 y la Liga Femenina. Lo que acontece, ciertamente, ya no parece ser casual, sino una preferencia por hacerlo de esta forma. Sería bueno que alguna autoridad de la FPF trate de explicar –alguna vez– la conveniencia de esta decisión.

Parece ser que muchos clubes, hace largo tiempo, han perdido autoridad en la organización de sus propios campeonatos, como en muchas cosas más.

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Audio Alejandro Sánchez
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