, flamante jale de Colo-Colo y el mejor futbolista de Perú de 2018 con , no siempre la pasó bien. Ahora la vida le sonríe; sin embargo, en sus inicios, el mediocampista uruguayo, nacionalizado peruano, pasó por penurias y desventuras. 

En conversación con GARRA, portal deportivo de 'la diaria', el volante reveló los pormenores de sus primeros pasos en el balompié y los duros momentos por los que tuvo que pasar. 

Gabriel Costa, quien vivía con su madre y ocho hermanos, reveló que el fútbol siempre le dio de comer, pues desde el prinicipio un conocido empresario de su barrio se animó a apostar por él. 

"La rompí en Artigas, sobre todo en Rampla, en mi barrio, por eso me agarró [Pablo] Bentancur. Nos vistió y nos dio de comer como un año y pico. Nos trajo de nuevo a Montevideo a parar a la calle Villa de Moros y jugué en la séptima de Danubio. Me daban vitaminas, me daban de todo, pero era muy chiquito. Mis compañeros eran todos enormes, me daba vergüenza hasta bañarme. Después Pablo cayó preso y ahí empezó a terminarse la historia. Mi vieja lo fue a visitar a la prisión, a agradecerle por todo lo que nos había dado", señaló 'Gabo'. 

Pese a su baja estatura, la encarcelación de su mentor y la escasez en su infancia, el uruguayo nunca desistió y continúo jugando fútbol para olvidarse de todo.

"La escuela la terminamos todos porque ahí nos daban de comer. Es que es como dice la canción: ‘Con hambre no se puede pensar’. Estábamos un día en la plaza con mis hermanos y la selección de Maldonado jugaba un amistoso con un rejuntado. Los seis hermanos andábamos por ahí siempre, el jugar y el salir nos hacía olvidar las cosas que nos faltaban.  Ese día les faltaron un par de jugadores y mi hermano le dijo que nosotros jugábamos. La rompimos, el técnico quedó como loco y quería que empezáramos a practicar", recordó Costa.

"Mi hermano le explicó la situación en la que estábamos y el tipo, que trabajaba en un tambo, nos empezó a llevar 11 litros de leche todas las mañanas. Íbamos a la práctica gozados. Ahí empezó todo", agregó el hoy jugador del 'Cacique'. 

En un momento, el talento de 'Gabo' hizo que pudiera tener cuatro comidas al día, algo que "nunca" había tenido en su niñez.

"La rompía mi hermano Carlos cuando jugaba, jugó en la primera de Peñarol en Artigas. Yo quería ser como él. Supo tener un empresario que también nos dio de comer en su momento. Lo llamó a ver si me conseguía algo y me puso en contacto con Eduardo Rodríguez, que me llevó a vivir a la casita que tenía en Agraciada y 19 de Abril; tenía 25 jugadores viviendo ahí, nos cocinaba la madre de Andrés Rodales, era espectacular. Yo, flaquito como siempre, en dos semanas quedé gordo como nunca. Nunca me había pasado de tener las cuatro comidas [...] Yo no preguntaba ni por plata ni por nada, me daban de comer y donde dormir y con eso estaba", aseveró.

EL TOPO Y UNA GRAN OPORTUNIDAD

Sobre su llegada al fútbol peruano, Costa indicó que se trató de la primera oferta importante en su carrera. 

"El 'Topo' Sanguinetti me llevó para Alianza Lima de Perú. Cuando me hablaron en dólares no lo podía creer. Siempre te queda marcado quien está con vos, y mi señora estuvo siempre. Terminó de estudiar y se fue para allá conmigo, mi suegro de alguna forma fue como mi viejo", resalta. 

A MUERTE CON SPORTING CRISTAL

En 2016, Gabriel Costa decide dejar Alianza Lima para fichar por otro grande del balompie nacional: Sporting Cristal. Por pedido expreso de Mariano Soso, el técnico celeste en ese momento, el uruguayo se puso la celeste. No obstante, una dura lesión lo alejó de sus objetivos.

“Terminé yendo a Cristal en 2016 porque me llamó Mariano Soso, el técnico, un tipo que me llegó hasta adentro; con él me iba para la guerra. Es el técnico que quiero tener siempre. Yo estaba negociando con Alianza para renovar y Mariano me convenció: ‘Me voy contigo’, le dije. Anduve bien los primeros seis meses en Cristal y me rompí los cruzados. Me dijeron que tenía como para ocho meses, lo que lloramos ese día”, remarcó. 

Para 'Gabo', el apoyo de Sporting Cristal durante su recuperación fue muy importante. 

"Le dije a Fernando Gilardi, que me ayudó en la recuperación, que iba a volver en cuatro meses para jugar las finales. Nació mi hijo Benicio y entendí que tenía que recuperarme por él también. Me apoyaron mucho en Cristal. A los cinco meses ya estaba jugando. El partido que volví hice un gol. La emoción de ese partido fue como volver a nacer; vos nunca sabés lo que puede pasar después en el fútbol", rememoró Costa. 

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