El mundo está de luto y no queremos imaginar cómo lo soportará Argentina. (Archivo)
El mundo está de luto y no queremos imaginar cómo lo soportará Argentina. (Archivo)

A diferencia de infinidad de leyendas, la historia no fue mezquina con y lo convirtió en mito cuando él estuvo con vida. Pocas estrellas logran aquello. El mejor, la zurda dorada, el argentino más amado siempre estuvo en el podio mundial sin discusión alguna, gozando del reconocimiento ganado por lo que hizo con el balón en sus pies. Hoy Maradona se ha ido y habrá qué ver que nuevo lugar se inventa la historia, porque el mejor siempre ha sido.

El mundo está de luto y no queremos imaginar cómo lo soportará Argentina. Un capítulo del fútbol se ha ido, acaso el deporte entero. El superhéroe más terrenal que conocimos, que solo se valió de su zurda para trasladar a su país a todos los rincones del mundo. Argentina y Maradona de pronto se hicieron sinónimos gracias a un pibe de 1.65 m. El orgullo argentino nació de sus botines, la alegría llevó su nombre, las lágrimas también.

Se dice que a los 16 años comenzó a hacerse cargo de su familia. El quinto de ocho hijos ya no jugaba solo por sí mismo, sino para sostener a todos los suyos en Villa Florito. El pibe con porte y clase crack debutó en Primera División en 1976 y desde ahí no paró. Pronto no solo tendría a su familia a sus espaldas, también tendría que cargar con todo un país.

No defraudó. Diez años después de aquel debut con Argentinos Juniors cargaba la Copa Mundial 1986 con Argentina en México. La gloria.

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Aquella Copa Mundial es quizás el recuerdo más exquisito que tenemos del Diego. Especialmente el 22 de junio de 1986 en la victoria de Argentina por 2-1 frente Inglaterra. Porque hasta antes de ese día, a pesar de haber deslumbrado ya en Boca Juniors, Barcelona y Napoli, Maradona era humano. Los incrédulos decían que ya había muchos como él. Sin embargo, pronto el mundo vería nacer al Barrilete Cósmico. “¿De qué planeta viniste?”, se preguntaría el narrador del partido entre lágrimas al ver el gol que acababa de marcar el Pelusa, dejando regado a tanto inglés en el 2-0 en el Estadio Azteca. El mejor gol de los mundiales era realizado por el mejor del mundo. Las cosas en su lugar.

Y ahora con su muerte se recordarán más episodios. Infinitos recuerdos del mito. Hay tanto de hablar del Diego, porque no solo fue futbolista, cómo serlo con todos los flashes en la cara por tantos años. Maradona fue el padre. Maradona fue el showman. Maradona fue el entrenador. Maradona fue el imperfecto. Maradona fue el rebelde y el hombre que luchó con una adicción.

“Y porque se equivoque uno, no tiene que pagar el fútbol. La pelota no se mancha”, dijo entre lágrimas en su partido de despedida en 2001, pidiendo perdón por sus errores y por los que vendrían.

Maradona nunca paró. A sus 60 años quizás sintió la responsabilidad de seguir adelante y ya en sus descuentos, cuando la normalidad le pedía parar, el seguía siendo noticia. Como entrenador de Gimnasia y Esgrima siguió cerca a una cancha. Siguió alegrando. Siguió siendo Maradona.

El fútbol cambiará a partir de hoy. El mundo, en tanto, dejará de tener una razón más para ser feliz. Maradona, el hombre que parecía inmortal, se ha ido. Nunca nos olvidaremos qué estábamos haciendo cuando nos enteramos de que nos dejó.

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