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En Caliente: Natalia Málaga, la verdadera entrenadora de los Mundiales

"A diferencia del impoluto Ricardo Gareca o cualquier otro entrenador que haya tomado las riendas de la selección peruana , para Natalia Málaga ya es un hábito asistir a los torneos más importantes de su categoría". 

Estéfano Matta
Estéfano Matta

Ser ruda es una forma de que en el Perú te reconozcan si eres mujer. Y no hay mujer más ruda en este país que Natalia Málaga. Por años fue adiestrando sus emociones y convirtiendo lágrimas de rabia en una cubierta de fortaleza. La coraza que formó le ha permitido llevar una carrera sobria y pareja, con más aciertos y coleccionando logros. Las canteras femeninas del vóley peruano son lo que son gracias a ella. 

A diferencia del impoluto Ricardo Gareca o cualquier otro entrenador que haya tomado las riendas de la selección peruana , para Natalia ya es un hábito asistir a los torneos más importantes de su categoría.

Desde que Natalia asumió el cargo de entrenadora de las menores, Perú volvió a recuperar ese brillo que lo hacía temible en las canchas de vóley. Pasaron años de infertilidad en este deporte. La última vez que un equipo nacional había conseguido algo importante fue cuando la misma Natalia —pero como jugadora profesional— ganó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.

Muchos criticaron su estilo. Le recordaron que estas ya no eran las épocas en las que el despiadado Man Bok Park humillaba a Natalia y compañía cada vez que erraban. Natalia heredó un poco de aquella escuela y, a veces, imparte ajos y cebollas a sus dirigidas. No se atreve a tocarlas, con las palabras basta. Sin embargo, nadie puede negar que es la persona más importante del vóley peruano en la actualidad.

Natalia Málaga se ha acostumbrado a clasificar a sus equipos a torneos mundiales, a Juegos Olímpicos, a pelear podios, a retirarse de la cancha sudando hasta la última gota.

"¡Salen como si estuvieran ganando!", "¡Tú (a su pupila) me vas a callar el día que metas todas las pelotas", "¡Están representando a todo un país, carajo!", son solo algunas de las arengas de Natalia cuando entra al campo. Parece una jugadora más y vive el partido a cien por hora. Si fuera por ella, entraría a bloquear y a proporcionar sus certeros 'mates'.

A esa vehemencia para dirigir la acompaña una serie de logros que ha sumado desde que tiene el chaleco bicolor. Ganó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Singapur en el 2010, se ha coronado en torneos de menores, Sudamericanos, y fue cuarta en el Mundial Juvenil de Tailandia en 2013. Ahora mismo lucha por quedar mejor ubicada en un nuevo Mundial Sub 20 en México.

Natalia Málaga pelea ahora mismo por quedar en la mejor ubicación de un nuevo Mundial juvenil. (GEC)

Natalia Málaga pelea ahora mismo por quedar en la mejor ubicación de un nuevo Mundial juvenil. (GEC)

Natalia Málaga pelea ahora mismo por quedar en la mejor ubicación de un nuevo Mundial juvenil. (GEC)

CODEÁNDOSE CON LOS MEJORES

Sin chances de salir en el primer lugar, Natalia Málaga y sus 'matadorcitas' se encuentran en el máximo campeonato de la categoría Sub 20, en México. Natalia sigue exigiéndole un alto rendimiento a su equipo. Hace poco declaró que la dura derrota ante Polonia se debía a "errores propios". El dolor de las caídas se siente igual como cuando era un jovencita inexperta. 

Con todos estos pergaminos, Natalia ya quedó grabada en la historia del deporte peruano. Durante años se hablará de la entrenadora que llevó a cada selección que pudo a un Mundial. 

En el fútbol no pasa lo mismo. Se acostumbra más a faltar que a ser un continuo participante. Pese a ello, el vóley parece que está aún relegado. El apoyo y su divulgación son desproporcionados.  Pero Natalia no le guarda rencor a nadie; incluso también disfruta del balompié. Ella hace su trabajo en silencio. Espera ingresar a la cancha para botar toda su furia y regresar a otro Mundial.

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Natalia Málaga.

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