(Reuters)
(Reuters)

El británico jugará el domingo la final del de tenis contra el serbio , tras derrotar en semifinales en cinco sets al suizo 6-4, 6-7 (5/7), 6-3, 6-7 (2/7), 6-2, hoy en Melbourne.

El tercer jugador mundial disputará su sexta final de un torneo del Grand Slam e intentará lograr su segundo título importante, tras , sin contar el oro logrado en los pasados Juegos Olímpicos de .

La repetición de la final entre Murray y Djokovic en un Grand Slam, como en el , tiende a confirmar que el tenis vive un cambio de era y de jerarquía con la aparición de una nueva rivalidad, que parece querer relevar a la de Roger Federer y el español Rafael Nadal.

Mientras que Djokovic se clasificó ayer con una fácil victoria sobre el español David Ferrer (6-2, 6-2, 6-1), Murray perdió contra Federer sus dos primeros sets en el torneo, aunque acabó ganando a un suizo que solo pudo ganar sus dos mangas en el tie-break.

El partido pudo terminar antes, ya que Murray sacó para ganar la semifinal con 6-5 a su favor en el cuarto set. Pero Federer tomó más riesgos en el resto para aplazar la victoria del escocés e imponerse en el segundo tie-break del partido.

"Con 6-5 a mi favor, Roger logró golpes increíbles y después estuvo muy sólido en el tie-break, que no ha sido el mejor que he jugado", dijo Murray.

Pero el suizo acusó el golpe físicamente y Murray se aprovechó para tomar ventaja rápidamente en la decisiva quinta manga, en un partido que duró cuatro horas exactas.

"He escuchado que Novak jugó muy bien en semifinales. Sé que en esta pista juega su mejor tenis, que ha ganado ya tres veces aquí. Tendré que hacer un partido increíble", dijo Murray.

TENSIÓN VERBALLos duelos entre los cuatro mejores del tenis mundial suelen ser un ejemplo de "fair play", pero a veces, cuando hay mucho en juego, hasta los más educados pierden la calma. Eso es lo que sucedió hoy en el Abierto de Australia.

Ni Roger Federer ni Andy Murray quisieron especificar qué sucedió, pero con el escocés sacando 6-5 en el cuarto set, el ex número uno del mundo le gritó –y no precisamente en tono amistoso– algo indeterminado a su rival.

La reacción de Murray fue de asombro, pero enseguida una sonrisa irónica afloró en su rostro.