Alianza Lima y un peso llamado historia

Análisis del primer round de los Play Off. A los íntimos les bastaron dos arremetidas para ganar. El ‘Ciclón’ no supo responder al reto, pero el domingo tiene una chance más para cambiar su actitud.

Redacción PERÚ21
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Carlos Bernuy Florescbernuy@peru21.com

Muchos decian que Alianza Lima, 'por historia', debía ganar el Play Off. Pero otros decían que Aurich era superior en plantel, organización y que, además, venía invicto de local, algo que los íntimos habían perdido. Más aun si muchos describen que la bendita historia también se puede hacer. Se hace cuando respondes a un reto, a pesar de que muchos no te dan chance. Eso hizo Aurich ayer: no respondió a un reto.

Porque enfrente tuvo a Alianza Lima y a sus más de 100 años de historia y sus múltiples títulos nacionales, cuatro de ellos en las últimas 10 temporadas. Lo tuvo de local, con su gente, su césped sintético, su viento y su buena banca de suplentes; amén de un técnico superior en sapiencia a Miguel Ángel Arrué. Pero nada de eso pudo demostrarlo. El reto se lo terminó devorando en los primeros 90 minutos de la final.

Alianza se paró con un marcador derecho improvisado (Villamarín juega por izquierda), un central casi sin continuidad (Ramos), un volante veterano (Jayo Legario), y dos jóvenes por las bandas (Arroé y Bazán). Y con todo eso fue amo y señor del primer tiempo y de parte del segundo. Jayo se homenajeó a sí mismo siendo un 'pulpo'. Arroé jugó la primera final con un aplomo que raramente se ve en las canchas peruanas. Fleitas borró a Luis Tejada y Montaño, junto a Gonzales, se cobraron su revancha por la final del 2009.

En Aurich muchos jugadores se escondieron. ¿Dónde estaban los remates de larga distancia de Sheput, los centros mortales de Guizasola o las veloces incursiones de Chiroque? Todas perdidas, como los intentos de Luis Guadalupe para caminar la cancha. El zaguero olvida que en una final no basta decir "tengo hambre", sino tener ganas de comerte al rival. Algo que ya le pasó en el 2010 con León de Huánuco.

A Alianza le bastaron dos arremetidas para ganar el partido. Primero Ovelar se la tocó a Arroé (impensable que apareciera en el punto del penal sin una marca férrea), y en la segunda Montaño se divirtió con todos, incluido Guadalupe, para habilitar a Bazán. Todo el primer tiempo fue aliancista, dirigió el juego sin problema. Cada pelota que asomaba llevar peligro terminaba con una salida clara o un pelotazo largo. Luego, Aurich aprovechó el descuento de Zuñiga para buscar el empate que tuvo en las cabezas de Ascoy y de 'Cachete', pero que increíblemente fallaron. Más adelante, el poste devolvió una jugada donde Libman salió muy mal.

Los primeros 90 minutos del reto fueron pésimos para el 'Ciclón'. No tomaron el lapicero para escribir su historia, se asustaron. Suerte para ellos que en unos días tendrán otra oportunidad. Alianza, en cambio, pareció sentirse cómodo en un mundo llamado final. Y la comodidad lleva al grito de campeón. A aumentar la bendita historia.

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