Yiddá Eslava presenta el curso Planear la Vida vía Clase Popular.
Yiddá Eslava presenta el curso Planear la Vida vía Clase Popular.

Contesta la llamada telefónica y antes de decir ‘hola’, suena el llanto de Maro, que ha cumplido un mes. “Cuando crees que todo lo sabes, cuando crees que ya estás preparada para ser mamá por segunda vez, pues no, porque cada niño es único y real”, me dice, mientras ríe, la madre de Tomás, de cuatro años.

tiene 37 años, pero quizás ha vivido más. Vive con intensidad desde antes de los 18, cuando se fue de casa. Improvisación, stand up comedy, clown, actuación, escritura y hasta turismo son los terrenos donde se ha detenido para aprender. Experiencia que hoy la transforma en un curso para la plataforma virtual , curso al que llama Planear la Vida.

La primera puerta que se abrió cuando dejó su hogar en la adolescencia fue la de su tío y padrino, el escritor y catedrático . “Fue un puente bastante lindo y necesario”, dice sobre su primera estancia. Muy pronto se fue a vivir sola y no volvió.

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-En el curso que das en Clase Popular usas la palabra “planear”. ¿Qué acepción has usado más en tu vida: volar o planificar?

Ambas y ha sido un crecimiento. La palabra ‘planear’ está asociada a la madurez y a un cambio rotundo que ocurrió en mi vida a los 18 años.

-Dejaste tu hogar.

Me fui de la casa de mi papá a los 18 años. Salí del colegio a los 16 años y al toque entré a Cenfotur y terminé mi carrera a los 18, porque adelanté cursos en verano. Uno de mis más grandes defectos es la impaciencia, aunque me ha ayudado a avanzar como un tren sin frenos. Mi papá no me pudo pagar la carrera de actuación que yo quería en la Católica. Comprendí la situación, pero cuando egresé de Cenfotur, empecé a trabajar automáticamente. En esa época viajaba como me daba la gana. Tenía una independencia grosera (ríe): llegaba de Ica y me iba a Puno. Me quería comer el mundo. Desde los 16 venía viajando. Yo creía que el mundo era mío. Todos los procesos los aceleré.

-¿Pero no estuvo bien?

Está bien si es que eres consciente de lo que estás haciendo. Pero eso fue lo que hizo que yo me fuera de la casa de mi papá.

-¿Alguna vez volviste a aquella casa?

Nunca más. Cuando tomo una decisión... Y eso sí me agrada de mí, porque me hace madurar bastante. En esa etapa la vida me enseñó muchísimo en poco tiempo. Dolió, pero fue necesario. Aunque ahora hago una retrospectiva y digo: qué egoísta fui para no pensar en lo que pudiese estar sintiendo mi papá y le agradezco que haya sido tan inteligente de haberme dejado ir, porque los golpes que recibí me enseñaron mucho.

-¿Independizarse pronto sería un consejo de vida?

Dentro de Clase Popular digo: si te quieres independizar a los 18 años, tienes que ser consciente de lo que estás haciendo. A partir de los 18 años, los padres somos salvavidas de los hijos, mas no barcos. Tenemos que criarlos para que ellos puedan ser independientes. Y es necesario que planeen su vida.

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-¿De niña qué habías planeado ser?

Arqueóloga y cantante (ríe a carcajadas). Me fascina la historia del Perú. Mi papá me llevaba a rescatar huacos en lugares como cementerios, en Chancay. Restaurábamos huacos que los huaqueros reventaban. He crecido con la historia en mis manos.

-¿Y cantante por qué?

Mis padres no cantan, pero la primera vez que escuché a Sabina me enamoré. Yo era una niña de 12 años y en mi colegio amaban a Menudo. Y mi fruto favorito era el aguaje. Era la niña rara del salón.

-Pero al final no fuiste ni arqueóloga ni cantante.

Pero soy actriz. El canto me llevó de la mano a la actuación. Cuando tenía 17, 18 años, empecé a meterme a todos los concursos de canto que habían: he estado en Habacilar, Generación R, en todos. Como vivía sola, no tenía plata y quería clases de canto, y en esos concursos te daban clases de canto gratis (risas). De ahí seguí en varios talleres, como el de Aldo Miyashiro. Así nació mi carrera de actriz.

-En Clase Popular también hablas del ser reconocido o conocido. ¿Hoy con unas dos millones de personas que te siguen en las redes sociales, con una producción que llegó a Netflix, libros publicados y más, quién dirías que eres?

Estoy en proceso de ser reconocida y eso me agrada mucho. Cuando empecé en Combate y comenzó esta fama efímera, empezaron a llegar propuestas rarísimas, como: “¿qué tal si nos vamos a tal sitio, de la mano y nos pillan y tendremos portadas?”. Pero se equivocaron de persona. Y así hubo varias proposiciones. Desde el inicio en Combate fue una lucha terrible, siempre fui como distinta, y nunca me terminé de sentir 100% cómoda, no por los amigos, sino por lo que me pedían que haga. “Llegó tal, ¿no le quieres coquetear?”, me decían. Cuando llegó ‘Juli’ (Julián, su pareja) y fuimos amigos y pasó algo más, nunca lo dijimos. Después de un año, que habíamos salido del reality, contamos que estábamos juntos. Antes no, porque no queríamos. La gente nos tenía que conocer por nuestro talento, no por nuestros romances. Y creo que esa es la parte importante de qué quieres en la vida. Y sigo en un camino, que es extenso, que es el de ser reconocida. Me costó bastantes años sacarme la insignia de exchica reality, que es horrible.

-¿Ya te sacaste de encima esa etiqueta?

Sí, totalmente. He escrito seis libros, un guion de película, he protagonizado una película que ha estado en Netflix, mi primer libro infantil está en el Plan Lector y fue el más vendido de la FIL de Lima del año 2014, sigo escribiendo guiones para pelas y libros, escribí la primera saga juvenil peruana. ¡No me jorobes!, ¿qué más quieres, que me saque el hígado? (alza la voz y ríe). Ya, ¿no? (Con Julián) hemos creado una empresa de cero y no le pedimos nada a nadie. Estamos alejados de la televisión desde hace cinco a seis años y seguimos vigentes. Me gusta la televisión, pero más amo la actuación y mucho más me encanta escribir textos para actuarlos; es un vicio.

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-Cuando tus hijos tengan 18 años y lean esta entrevista, ¿qué quisieras que lean?

Que su madre se esforzó para que ellos, cuando la miren, suspiren de orgullo.

-¿Y aún te quieres comer el mundo, Yiddá?

Sí (alza la voz). Por eso con Julián hemos decidido cerrar la fábrica. Ya tenemos ocho años juntos, conviviendo y ha sido una de las mejores decisiones de mi vida, tener a una persona al lado que me siga en las locuras y yo seguirlo en sus locuras. Eso nos ha permitido avanzar comiéndonos el mundo. Y sí, nos falta mucho más. Buscar la felicidad es simplemente encontrar el lugar donde te sientas cómodo.

-Sigues volando y planificando. Pero quien no te conoce diría que más has volado que planificado.

Sí, pero me encanta planificar. La fecha del nacimiento de mi hijo la tenía planificada. “Señora, usted está loca” (risas), me decían.

AUTOFICHA:

- “Soy Yiddá Beatriz Eslava Parra. Nací en Lima, en Jesús María, un 23 de julio de 1983. Mi mamá me dijo que no había doctor, me trajo al mundo una enfermera. Soy guía de Turismo, egresada de Cenfotur. Estudié actuación, dramática”.

- “Estudié con Roberto Ángeles, Aldo Miyashiro, Pietro Sibille. Soy improvisadora profesional egresada de la escuela Keto. Estudié stand up comedy con la capa de Diana Levine, cuando recién trajo el formato a Perú. Estudié clown con Wendy Ramos e infinidad de talleres”.

- “Empecé a hacer comerciales a los 4 años, tengo unos 38 comerciales. He hecho unas 12 obras teatrales. Tres películas. Debo tener unas nueve o diez series de TV. Estoy por publicar mi sexto libro: Por eso son mis ex. Además, con mi socio he escrito dos guiones y hay dos más en boceto. Vamos a rodar una película en el verano”.

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