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Después de un año de leer decenas de libros, de intentar escribir, fallar y volver a hacerlo hasta finalmente enfrentarse al papel en blanco, los chicos de este taller envían sus escritos a las calles de Lima. Ellos han publicado su primera batería de textos. Han logrado un sueño. editada y redactada desde el Establecimiento penal modelo Ancón 2.

***

Tranquilo, déjate llevar. Me dice la señora Kerly mientras me acaricia la cabeza y se muerde los labios. Labios rosados, rosados como sus pezones, pezones chicos, chicos como ese par de ojos color canela, canela como su piel, piel delicada como los pétalos de una rosa. Rosa justamente su segundo nombre.

Había transcurrido mucho tiempo desde la última vez en que la vi, no había cambiado en nada. "Comencemos de una vez" fue lo que me decía mientras yo solo atinaba a tocar todo su cuerpo al compás de la música, nos miramos fijamente, con ganas de comernos a besos y de un momento a otro, sin pronunciar palabra alguna, la recosté sobre la cama. Comenzamos a jugar con nuestras manos, ella trataba de excitarme al máximo, yo acariciaba sus caderas, porque es la parte de su cuerpo que más me gusta. De rato en rato, toco su sexo. La señora Kerly, una chata, de piel canela, manos delicadas, tetas grandes, cintura fina, caderas muy abultadas, cabello crespo color castaño, labios rosados, es la mujer que todo chibolo anhela tener en su cama. Le digo señora porque soy un chibolo de 20 años y ella me dobla la edad. Le digo señora porque tiene marido y una hija de 10 años. Pienso en eso mientras nos entrelazamos, mientras nuestros cuerpos se unen, solo atino a poner lo mejor de mí para quedar satisfecho. Ella, con sus cuarenta y tantos, solo quiere conseguir lo que no tiene en su casa, casa en donde muchas veces disfruta tantos ratos y momentos agradables, digo agradables porque ahora estamos en la casa de mi amiga, en el cumpleaños de la tía, y yo frecuentemente tengo sexo con la tía de mi amiga desde algún tiempo atrás. La señora Kerly me busca cada tanto porque teme que su sobrina se entere de lo nuestro. Además, la señora es feliz con su marido, casi en todos los aspectos, solo que él no la hace sentir como una verdadera mujer. Creo que soy una especie de bombero, porque solo me busca para apagar el incendio. La pongo en la cama boca abajo y me pongo a contemplar toda la belleza de esa mujer, por un instante. Parece una chibola de 20 años, alcanzo a decirle. Ella solo atina a sonreír y decirme "gracias". En un momento determinado, el cual yo llamaría el menos oportuno, justo cuando ambos estamos a punto de llegar al pico más alto de nuestra arrechura, que por cierto casi me cuesta la vida, entra al cuarto abruptamente su marido y me apunta con un arma. 'Conche tu madre', así los quería encontrar, en mi casa, en mi cuarto, en mi cama.

Yo salgo corriendo calato, en medio de la fiesta de cumpleaños, por el medio de todos los invitados. Cuando ya estuve a punto de llegar a la puerta, escucho un disparo. Por un momento pensé que el marido había matado a su mujer, pero no era así. Se había pegado un tiro en la cabeza, como los cobardes que no aceptan y afrontan la realidad, pero la señora Kerly, con el tiempo, se dio cuenta de que su marido no era precisamente lo que ella creía y pensaba. Él tenía una relación en paralelo con otro hombre, era homosexual. La causa de su suicidio no fue precisamente la infidelidad de ella, sino fue el cargo de conciencia que lo agobiaba. ¿Cómo podría explicar que él ya no era él, que esa imagen de hombre rudo, la de un ex militar, se había ido a la mierda? En fin, la señora Kerly me sigue buscando de vez en cuando, mi amiga me sigue culpando por la muerte de su tío y yo sigo para adelante como el elefante, y como dice la canción, "si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada".

Luis Basurto es alumno del Taller literario: Mis queridos vándalos, dictado por Beto Ortiz en el Establecimiento Penal Modelo Ancón 2

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