Vivía en una casa de adobe en el distrito de San Martín de Porres, pasó hambre, frío y tuvo que empezar a trabajar a los 10 años para poder pagar sus estudios. Pero, durante ese proceso, la periodista, empresaria y escritora Rocío Oyanguren (46) también aprendió que la pobreza puede ser el principal impulso para armar un proyecto de vida, para decidir qué quieres ser como persona. Sin embargo, nunca se le ocurrió ser mamá hasta que, hace nueve años, su hija Mikela llegó al mundo y le cambió la vida.

Hoy, casada con Mauro, con otro hijo de 6 años (Matteo), y con muy poco tiempo para dormir por sus deberes como gerenta de su empresa y las demandas del hogar, Oyanguren lanza la segunda edición de ¿Yo? ¡¿Madre?!, libro al que ha añadido capítulos y a cuyo título ahora se le ha agregado la palabra 'Recargada'.

"En este segundo texto narro qué es lo que pasó con esa mujer exitosa acostumbrada a darse sus gustos, vestir a la moda, internarse todo un día en un spa y viajar, luego de dar a luz a dos pequeños. Aquí confieso que me equivoqué sobre mis miedos de ser madre, que es de lo que trata el primer libro. Ahora sé que todos mis temores fueron infundados, porque ser mamá es lo más maravilloso que me ha pasado. Por eso es que creo que era una deuda sacar esta nueva edición recargada y supongo que vendrá una última cuando mis pequeños ya sean jóvenes", sostiene.

¿MAMÁ YO?Antes de que naciera Mikela, cuenta Rocío, ella era una de las tantas mujeres que postergan la maternidad porque piensan que van a perder todo lo que han logrado con tanto esfuerzo.

"Un hijo puede significar para una mujer independiente un impedimento para seguir creciendo. Yo lo sentí así. Para mí nunca existía el momento ideal para atreverme a ser mamá, pues mi vida era perfecta. El solo hecho de imaginarme embarazada me perturbaba por mi estética, por mi tiempo. Hoy he dejado las discotecas por las parrillas con los padres de los amigos del colegio de mis hijos y soy igual de feliz", revela la periodista.

"NO SACRIFICO MI VIDA" Agrega que, antes de alumbrar a sus hijos, era muy poco tolerante y perfeccionista. Con ellos, afirma, ha aprendido a ser menos impaciente y más cariñosa. "Además, me han dado mucha suerte, porque mis mejores proyectos han llegado después de que ellos nacieron. Escribí mi libro Dichosas –que llevé al teatro a través de la obra Acalorada–, mi compañía Comunicación Activa está a punto de cumplir 21 años y yo sigo con ganas de seguir comiéndome el mundo. Creo que me he vuelto una madre empoderada, dispuesta a dar todo por mis hijos, pero sin sacrificar mi vida. Es que toda mujer tiene que sentirse bien consigo misma para ser buena mamá. No hay de otra", manifiesta Oyanguren.

No obstante, recuerda que, cuando su hermana le dio la noticia de que esperaba su primer hijo, entró en shock durante una semana. "Era una situación dramática para mí. Yo pensaba que mi vida social había acabado. Creo que muchas mujeres independientes que salen embarazadas pasan por lo mismo, solo que no les resulta fácil aceptar que esa noticia también las perturba mentalmente. Por ello, mi libro no es una guía para ser una mamá perfecta, sino que son aventuras desde mi punto de vista en las cuales cualquier mujer trabajadora se puede ver reflejada", precisa la empresaria.

Antes de despedirnos, Rocío recuerda que fue Roberto Salinas quien le dio la oportunidad de ser alguien en el periodismo deportivo al aceptarla como practicante en el desaparecido diario Super Ídolo. Luego, acota, las puertas se siguieron abriendo en diversos medios, lo que la llevó a cubrir las Olimpiadas Barcelona 91, Atlanta 96 y Sidney 2000. Empero, Oyanguren revela que, cuando conoció a Javier Blanco Llosa, gerente de RR.PP. de Coca Cola, fue el punto de quiebre de su vida, porque este la contrató para dicha firma y comenzó una vida de reuniones sociales y viajes que le permitieron, luego, fundar su empresa de comunicaciones.

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