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Sixto Ayvar: "El racismo que existe en Lima es horrible"

“Con Alborada, muchos han sacado el orgullo que tenían adentro. Alemania nos levantó la autoestima. Hoy, Alborada es como una yunza. Cuidamos el tronco y en las ramas está lo que fusionamos. Somos un puente de la modernidad a la tradición”, describe el músico.

Sixto Ayvar

(Perú21/ Marco Ramón)

Sixto Ayvar es el fundador del reconocido grupo peruano de folclore Alborada, que celebra 35 años y que básicamente los ha desarrollado en Europa. (Perú21/ Marco Ramón)

Perú21

Mijail Palacios

Sixto Ayvar es un migrante permanente. Tenía 16 años cuando salió de casa, donde su madre se quedó llorando por su partida. El terrorismo asediaba en su natal Ocobamba, en Apurímac, se subió a un camión y viajó durante varios días con destino a Huancayo. Dos años antes ya había formado el grupo Alborada y, efectivamente, estaba pasando de la niñez a la juventud, de la oscuridad al amanecer.

Volvió a su tierra para estudiar, ver a sus padres y cumplir el sueño de ser odontólogo. No lo hizo y, más bien, fue cómico. Se mudó a la capital a estudiar para camarógrafo, pero terminó siendo cargador en La Parada, donde por cada cargada ganaba 50 intis. Finalmente, la música pudo más. “Nunca he estudiado una nota de una música. Todo lo que sé son experiencias que he acumulado”, asegura.

Era el primer año de la década del 90. Le propusieron ir a Alemania para una gira de dos meses con un grupo de música tradicional. Si fuera por su talento musical, tal vez no lo habrían aceptado, pero sabía quechua. Necesitaba tres mil dólares de bolsa de viaje. Solo poseía un carro Chevrolet, los populares lanchones que iban por la Vía Expresa. Lo vendió en 500 dólares, que los cambió por billetes de un dólar. En los extremos del fajo puso 100 dólares. Cuando le preguntaron por la bolsa de viaje, mostró el paquete de billetes y aseguro que habían US$4 mil. Alzó vuelo y empezó la aventura.

Ahora vuelve para celebrar 35 años del grupo que nació en la “sede del cielo”, como le llama a su tierra. Será este domingo 31 en el Parque de la Exposición. “Hacemos música del mundo, con raíz andina”, define y admite que los viajes ya lo agotan.

¿Se llegó a descubrir la mentira del fajo de billetes?
(Risas). Ese primer viaje a Alemania fue un vuelo medio raro. Volamos primero a Cuba, donde nos quedamos como una semana. Para demostrar que tenía dinero, cometí el error de invitar a todos y me quedé sin dinero (risas). De ahí continuamos a Canadá, Irlanda, Luxemburgo, Moscú y, finalmente, Frankfurt. Nadie revisó la bolsa de viaje, pero en Alemania había que comprar los pasajes del mes en el tren y ahí tuve que confesar que no tenía plata. Todos se amargaron, pero igual ya estaba ahí y tuvieron que prestarme (risas).

¿El plan de ese grupo era volver?
Sí, el plan de ellos era ese, pero yo fui a quedarme, aunque sea lavando carros. Me quedé. Y volví al Perú para llevarme a mi hermano, a gran parte del grupo y continuar con Alborada en Europa. Al año tocamos para el vicepresidente de Alemania en Bonn. Había adoptado a una niña boliviana y quería celebrarlo con música del Altiplano, entonces fuimos nosotros. En esa fiesta cuatro de mis amigos conocieron a diplomáticas alemanas y, finalmente, se casaron (risas). Y volví a quedarme solo y tuve que rehacer Alborada.

¿En qué momento nace el Alborada de trajes chancas que deslumbró en Lima?
En el 2000. Yo he sido seguidor de la música de Savia Andina, Illapu, Kjarkas. Llegó un momento en que pensamos que ya eran varios años trabajando y nuestro camino era hacer covers. Nos preguntamos qué somos como grupo. Y justo tuve una invitación a Arizona (EE.UU.), a una reserva indígena. Ahí conocí la flauta cherokee, la flauta del amor, que te llega al alma. Yo toqué la zampoña y ellos también estaban impresionados. Intercambiamos instrumentos.

¿En qué se parecen los pueblos originarios de esa región y los nuestros?
En Ocobamba, cuando hay que almorzar al mediodía en la chacra, nos sentamos en las piedritas, ponemos la cancha al medio, queso y cuy frito. Y lo mismo pasa con ellos, que también tienen nuestros principios. Ambos hemos sido atropellados por Europa. Las dos culturas pensamos en el padre sol y la tierra madre. Ellos aman su música, que yo la encontraba parecida a la nuestra, y eso me hizo abrir los ojos. Y decidí que había que fusionar nuestra tradición con la música moderna. Hicimos un primer disco con canciones de los indios de Norteamérica y grabamos “Ananau”. Ese álbum pegó en toda Europa.

¿Dónde te has sentido más extranjero?
En Lima. La marginación, el racismo y clasismo que existe en Lima es horrible. En pleno siglo XXI aún existe eso de querer ser superior. Por ejemplo, nadie respeta al que realmente hay que respetar: al campesino, que trabaja para el alimento sagrado. El alemán piensa diferente, allá el campesino tiene poder económico, porque es el sostén de la patria. Es más, el alemán conoce la historia del Perú más que el peruano. En la Universidad de Bonn dictan quechua.

¿Qué tienen en común las culturas alemana y andina?
Tiene mucho del mundo andino original, como la puntualidad, el respeto y la honestidad. Pero, ojo, el hombre andino original, no el que ha ido a la universidad a superarse; ese en vez de superarse ha ido a destruirse, esa la realidad; ha vuelto para abusar de su propia gente.

Sin embargo, ¿por qué crees que Alborada tuvo gran aceptación en Lima?
Todos tenemos dormida nuestra tradición. Con Alborada muchos han sacado el orgullo que tenían adentro. A nuestros hijos no les damos alternativa para elegir género musical. En todas las radios solo hay cumbia, bachata, reggaetón y balada, pero nuestra tradición se pasa en Radio Nacional, a las 5 de la mañana (risas). Somos marginados en nuestra propia casa.

Alborada no tuvo miedo de hacer las cosas a lo grande.
Alemania nos había levantado la autoestima. Volvimos con todo. Hoy Alborada es como una yunza. Nosotros cuidamos el tronco y en las ramas está todo lo que fusionamos.

¿Cómo definir Alborada?
Somos un puente de la modernidad a la tradición.

¿Y cómo definir a Sixto Ayvar?
Un obrero de nuestra cultura y apasionado de su gente. Un soñador para que este mundo camine bonito y vivamos como hermanos.

AUTOFICHA:
- “Nací el 6 de agosto del año 1964, en la ciudad de Ocobamba, provincia de Chincheros, en Apurímac. Ocobamba es un valle chiquito, lo llamamos sede del cielo, porque encuentras de todo. Tenemos puna, valle, quebrada. Incluso, hacemos café. Somos casi ceja de selva, pero hay varios microclimas increíbles”.

- “Chuslly Raymi (Fiesta de sentimientos) será el disco número 22 de Alborada, que saldrá en mayo. Trae 13 canciones. Radico en Colonia. Tengo tres hijos, nacieron en Alemania, pero se sienten peruanos. Su mamá es boliviana. Están enamorados de nuestra cultura”.

- “Este año parece que con Alborada nos quedaremos más tiempo en Latinoamérica, pues se están abriendo más puertas en Bolivia, Ecuador y Argentina; también en Cusco, Arequipa, Huancayo y Cajamarca. Deduzco que recién en setiembre volveremos a Alemania. Quizá en un par de años tenga que retirarme”.

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