Shuar Velásquez. Filósofo awajún (Mario Zapata)
Shuar Velásquez. Filósofo awajún (Mario Zapata)

Aún recuerda el rugir fuerte y agudo de los mirages y helicópteros tucanes que sobrevolaban Santa María de Nieva, la ciudad que lo vio nacer, ubicada a media hora por carretera de la base principal de las Fuerzas Armadas que combatieron en el conflicto con Ecuador, en el siglo pasado. Entonces tenía 8 años de edad. De 10 hermanos, Shuar Velásquez es el único que dejó su tierra natal para buscar en la filosofía una forma de entendimiento del mundo y de sí mismo. Miembro de las comunidades y wampís, hoy es el presidente de la Cámara de Comercio de los Pueblos Indígenas del Perú y en esta entrevista reflexiona sobre el pasado y presente, a 20 años de haberse firmado el acuerdo de paz entre el Perú y Ecuador. Y también vuelve a su raíz, a su esencia.

A más de 20 años del conflicto en la frontera, ¿qué recuerdas?
El temor ante el enfrentamiento de dos grupos humanos, la muerte. Además, porque había muchos hermanos indígenas militares, awajún y wampís, que fueron a la guerra y sucumbieron. Eso nos tenía asustados.

¿Por qué dejas Santa María de Nieva?
En el Perú existen un promedio de 48 pueblos amazónicos. Son un poco más de 300 mil nativos. La realidad social y cultural de nuestros pueblos es dramática. Entonces, opté por salir para formarme más allá de lo que había recibido en el colegio y con la idea de cómo ayudar a mi comunidad. Siempre he tenido una vocación de no quedarme, impulsado por la realidad, por ejemplo, los altos índices de desnutrición, la mayoría de estudiantes no tiene futuro más allá de los colegios de Condorcanqui.

¿Tus padres se quedaron?
Sí y siguen viviendo ahí.

Deben haber vivido no solo el conflicto del Cenepa sino también del Alto Paquisha.
Sí, pero no les tocó ir a la guerra. En mi casa somos 10 hermanos, y soy el único que salió; y de mi comunidad soy, posiblemente, el único que ha estudiado Filosofía.

¿Por qué elegiste la Filosofía?
Había este impulso y deseo de ir más allá de los límites, de la realidad misma de nuestro pueblo. Era motivo para ayudar a pensar a mi pueblo.

Cuando vuelves a Santa María de Nieva, ¿qué te dicen?
Hace dos semanas estuve ahí. La gente mira con muchas esperanzas a sus jóvenes profesionales, sobre todo porque vivimos una crisis como pueblo indígena respecto a los líderes tradicionales.

¿Cómo fue la experiencia del migrante en la ciudad?
Espantosa. Sufrí dos años para acondicionarme a una realidad ambiental y social muy difícil. Me costó entender la forma de pensamiento de la gente de Lima, por ejemplo el individualismo, la soledad, la falta de interés hacia el indigente. En mis pueblos no existe mucha indiferencia ni individualismo. Hay la noción y la práctica de la comunidad, del preocuparse por el otro. Todo eso me afectó, pero era parte de un proceso adaptativo y pedagógico.

¿Qué aprendiste?
Que somos un país complejo, diverso y, sobre todo, con un futuro prometedor.

¿Qué es ser awajún?
Tener una identidad que hace que seas como eres, en el sentido de trabajar y vivir tus valores. Yo siempre hablo de las cuatro erres de la indigeneidad global: responsabilidad, reciprocidad, redistribución y relación. Es vivir esos valores en un mundo en crisis.

Hoy, 20 años después del tratado de paz con Ecuador, ¿cómo está Condorcanqui?
En una situación calamitosa. Hay un abandono a una provincia histórica. En salud, hay epidemia de VIH-Sida; en infraestructura, no existen carreteras adecuadas; la corrupción es terrible; más del 90% de comunidades no tienen agua potable, se termina consumiendo agua de los ríos; también está la pérdida creciente de la identidad indígena, lo que se puede rescatar viendo la posibilidad de transformar a la UGEL de Condorcanqui en una dependencia de educación intercultural bilingüe.

¿Por qué es importante insistir con que la identidad de los pueblos no se debe perder?
Vivimos una situación difícil a nivel global. El 20% de los territorios indígenas son bosques, esas zonas son ricas en biodiversidad. El hecho de ser indígena te habla de la importancia de ser una persona diferente. A nivel mundial hay cerca de cinco mil pueblos indígenas, donde la relación es horizontal entre el hombre y el medio ambiente. La idea es ser diferentes entre comunidades, pero iguales como personas.

¿Dónde está lo maravilloso de los pueblos awajún y wampís?
Está en la visión del mundo. Los pueblos indígenas no somos una sociedad del tener sino el ser.

¿A qué te refieres con “sociedad del tener”?
Basa sus relaciones en la acumulación. En la sociedad del ser, es la visión de la relación, del compartir. En el mundo occidental se cree que quien tiene más es mejor. En el mundo indígena no es así: es mejor el que es mejor como persona, en la medida que ayuda a los demás, respetuosa con su entorno y es un ejemplo de vida. A esa persona se le llama ‘waymaku’, los que han tenido la visión y conocen el camino, y guían a su pueblo en el ser.

¿El saber ancestral qué nos diría en estos tiempos de crisis política?
Que no es una crisis técnica sino ética. La visión del hombre occidental ya no tiene futuro, porque es vertical, de dominio. Una persona no es objeto ni cosa sino un ser con sentido, libre. Hay que volver a lo que es uno como persona, y a partir de ahí entender que la vida política es una actividad para el bien común. Hemos llegado a un punto de quiebre, en que el sistema político peruano necesita una metamorfosis.

¿Qué le diría al presidente Martín Vizcarra?
Que declare a Condorcanqui provincia heroica y luego tome medidas para ayudar a que se desarrolle. Y a nivel político, le diría que sea fuerte y tome decisiones con miras al interés nacional.

AUTOFICHA

- “Tengo 33 años. Nací en Santa María de Nieva, Condorcanqui, Amazonas. Estudié Filosofía, que me enseñó a reconocerme como ser humano, a tener un pensamiento crítico y a ayudar a mi pueblo. Soy máster en Gobierno de Organizaciones, tengo un diplomado internacional de embajador indígena en EE.UU.”.

- “Soy fundador y presidente de la Cámara de Comercio de los Pueblos Indígenas del Perú, cuya finalidad es dar asistencia técnica y académica a los pueblos indígenas del Perú en materia de negocios y emprendimientos, pero entendiendo quiénes somos”.

- “Los awajún son poco más de 100 mil habitantes. Es el tercer pueblo amazónico más numeroso después de los asháninkas y shipibos. Los awajún y wampís son como el español y el portugués: de la misma raíz lingüística, aunque diferentes. Territorialmente están separados, pero socialmente están muy unidos”.