Rember Yahuarcani, el pintor uitoto.
Rember Yahuarcani, el pintor uitoto.

Su padre está echado en el suelo. Al lado, un nieto y un sobrino. Todos sobre el piso de madera. Les entrega lápices y hojas en blanco. Ellos pintan, él los observa. “Tu dibujo puede ser feo. Lo interesante es tu historia”, les dice. En breves minutos esta escena reúne sabiduría, arte e historia: cómo enseñar, de qué forma expresar y qué contar. Toma que es parte de la película El canto de las mariposas, de Núria Frigola, exhibida recientemente en el Festival de Cine de Lima. Filme en que se narra la historia familiar del pintor uitoto .

“Tú vas en mi lugar”, le dijo su padre. Rember tenía 17 años, había acabado el colegio y no quería ir a . Pero así sucedió: llegó por primera vez para reemplazar a su padre en una exhibición. “Lima, una ciudad deprimente y violenta. Pero la gente que conozco ha hecho que la llegue a considerar como parte mía”, agrega. Así estableció su taller en una oficina que mira a la Plaza San Martín, aunque hasta ahora no ha decidido quedarse. Mientras tanto, su obra, hecha de fantasía y movimiento, cruza continentes.

Se fue a Pebas por tres días y lleva viviendo allá casi seis meses. La lo tiene confinado en medio de la selva peruana, a unas 15 horas en lancha de Iquitos. Vive rodeado por una laguna, chacras, palmeras y aguajes; escuchando el canto del gallo y el sonido de la serpiente al deslizarse; acompañado por su familia, la raíz de todo lo que representa.

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-¿Cómo afecta la pandemia a la región donde vives?

Muchísimo. Hay muertos en las comunidades indígenas uitotos, boras, ocainas. El virus ha llegado hasta los lugares que uno no pensaba que iba a llegar. En el último mes no han sido tan frecuentes las muertes, pero hace dos meses había fallecidos casi todos los días. Pero nos preparamos con medicina natural para tener el cuerpo fuerte.

-La abuela Martha –cuya voz suena en el documental– los está cuidando.

Mi abuela no tenía miedo y tenía mucha calma frente a los problemas. El miedo en el mundo indígena casi no existe. Vivir con miedo es más un estado de Occidente.

-¿Cómo se expresa la fragilidad en el mundo indígena?

Te paraliza, te enferma. Eso he visto ahora en las personas mayores, de 40, 50 años, por no poder hacer frente a algo que no conocen.

-¿Las mariposas qué cantan en este tiempo de pandemia?

Están en silencio. Si bien es cierto que ha habido una suerte de retorno a la selva, al interior, al origen, con la pandemia lo que ha habido es un silenciamiento a la memoria. Las personas están afectadas por el miedo a perder la vida. La pandemia ha callado a los espíritus.

El canto de las mariposas, de Núria Frigola.
El canto de las mariposas, de Núria Frigola.

-Seis meses después, ¿extrañas la ciudad?

No. Definitivamente, no.

-Ya radicabas en Lima.

Sí, tengo el taller en Lima; una parte de mi vida está allá. Pero ahora estamos toda la familia reunida.

-¿La familia qué representa?

Los momentos de felicidad del mundo indígena están asociados con las reuniones familiares y con la comida, por más que los tiempos hayan sido catastróficos.

-¿La tragedia por el caucho aún está en la memoria?

Continúa muy viva. Es algo que el uitoto va a llevar durante muchas generaciones. Mi papá, cuando pinta, mis sobrinos le preguntan y ahí hay una respuesta sobre el caucho. Cuando construyes una casa, se cuenta la historia de la casa quemada en la época del caucho. Cuando nace un bebé, se habla de los cientos de niños que mataron.

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-¿De qué tronco viene tu arte: de la abuela narradora, del padre pintor o de la madre que hace máscaras?

De todos. De mi abuela recibí los cuentos, del abuelo la buena gana de ver el mundo –no recuerdo haberlo visto enojado–, de mi mamá, la mujer que mantiene unida a la familia. Todo eso influye en el arte. Si bien es cierto que mi pintura está enfocada en la mitología e historia del pueblo al que pertenezco, eso se nutre de las vivencias y personas que influyen en mí todos los días.

-Leíste Don Quijote de la Mancha en tu infancia y te impactó. ¿Has vuelto a leerlo?

Sí. Es un libro que me ha cambiado mucho. Yo venía escuchando mitos de mi abuelo cuando íbamos a la chacra. Lo relacioné con los cuentos que contaba mi abuelo. Entonces, dije: si este libro es el más importante de la lengua española y casi tiene tantas historias como tenemos nosotros, ¿por qué nosotros no somos considerados iguales frente a otros grupos? Me hizo cuestionarme muchas cosas.

-¿Cuál era la lucha de tu abuela Martha?

Que no se perdiera su voz. Que esa voz y conocimiento se transmitiera y llegara a otras personas, sean indígenas o no. Y no me he sentido tan orgulloso de ser indígena como me siento ahora.

Nereida López (madre), Santiago Yahuarcani (padre) y Rember (hijo).
Nereida López (madre), Santiago Yahuarcani (padre) y Rember (hijo).

-La historia de tu familia ha llegado al cine. ¿Cuál es tu lucha ahora?

Mostrar a la gente las posibilidades que tiene el mundo indígena para salir adelante, que haya más apertura al conocimiento indígena. Se ha hablado muchas veces que el indígena no puede pensar. El arte ha dado a muchas familias indígenas la posibilidad de sobrevivir y recobrar un poco de dignidad, esa dignidad que nos han quitado muchísimo.

-Hoy eres una suerte de embajador del arte Yahuarcani.

Sin querer me he convertido en embajador de las naciones indígenas. Un día descubrí que en Perú decir “soy indígena” implica que representas a un grupo de personas que han estado excluidas más de 100 años. Y es una responsabilidad muy grande.

-¿Cómo se dice en uitoto 'esta enfermedad va a pasar, después estaremos bien?

Vie duico jaite. Ie mei ñue ka+ illena.

-¿Qué dice la sabiduría uitoto para este tiempo?

Que mientras tengamos nuestro territorio y nuestra tierra donde recurrir ante una emergencia, vamos a estar bien.

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AUTOFICHA:

- “Me llamo Santiago Nazareno Rember Yahuarcani López. Tengo 34 años. Nací en La Colonia, una comunidad muy adentro, que pertenece a Pebas, en Loreto. Acabé el colegio y la primera opción que tenía fue la pintura, y me dediqué por completo cuando ya estuve en Lima”.

- “He leído muchísimo, vi mucho arte y el aprendizaje ha sido así. No he ido a un taller de artistas hasta ahora ni he tomado un curso. He visto obras de pintores como El Bosco, Goya, Dalí. Me he dedicado a leer y a ver sus pinturas. Con mi pintura he llegado hasta China”.

- “Por la pandemia se pospuso viajes a Shanghái, Pekín, Canadá, México y Londres. Pero no lo veo mal: estoy en la casa, pinto y estoy en la chacra. Por ahora la chacra es mi maestro. Yo creo que el sembrío tiene mucho que ver con la pintura: es técnica, paciencia, hay que dedicarle mucho tiempo”.

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