Pocho Prieto: "Rio masificó el rock peruano"

Rio presenta ‘33’, su nuevo disco. Perú21 conversó con Pocho Prieto sobre los momentos que le ha tocado vivir a la banda.

Pocho Prieto

Pocho Prieto, cantante y guitarrista del grupo Rio. (Foto de Renzo Salazar).

Pocho Prieto, cantante y guitarrista del grupo Rio. (Foto de Renzo Salazar).

Renzo Salazar

Mijail Palacios

En una esquina estaban los narcos, en otra los terrucos y en la otra esquina los militares. Adelante, en el escenario, el grupo Rio, en medio de la Amazonía peruana. Eran tiempos de la violencia de fines del siglo pasado, pero siempre había tregua para la música, para escuchar el hit del momento: “Televidente”.

Eran los mismos veinteañeros de Pueblo Libre que en el 84, con sacos de colores, ingresaban a la discoteca del cine Túpac Amaru, en Comas, distrito donde debutaron en el estadio Jesús Obrero. Fueron confundidos con mexicanos y chilenos. “Se creía que si la música era buena o estabas bien vestido, eras de otro país”, recuerda Pocho Prieto, el guitarrista y cantante.

Luego de más de diez producciones, entre discos 45, LP, CD, casetes y digital, la banda presenta mañana ‘33’, su nuevo álbum. La cita es en la Concha Acústica del Campo de Marte. “Rio lo que hizo fue hacer canciones bonitas”, explica el artista sobre el sendero de un grupo que, pese a sus críticos, es un clásico del rock peruano.

El primer gran momento de Rio es cuando sale “Televidente” y todo lo que trajo el segundo disco. De ahí me parece que hay una ligera caída y vuelven a otro episodio importante con “Al norte de América”, tras lo cual dio la impresión de que entraron en un silencio de largo aliento hasta hace unos diez años que empiezan los grandes festivales y hoy Rio es infaltable en varios de ellos. ¿Están viviendo una suerte de tercer gran momento?
Es una buena percepción, aunque nosotros no lo vemos así. Hemos trabajado durante 34 años parejos y no hemos parado para nada. No somos una banda que se ha separado y se ha vuelto a unir. Nunca hemos dejado de tocar. Siempre ha habido trabajo. Hemos mantenido a nuestras familias en base a la música.

¿Y dónde está la magia para durar 34 años y sin descanso?
No tengo ni idea. Ha habido una conexión de la banda con el público. El silencio que haces referencia es radial y hasta conspirador para que cierto género sobresalga encima de otro.

¿Te refieres a la cumbia?
Me refiero a la cumbia. Hubo un silencio conspirador, tanto en eventos como en apariciones en televisión. Obviamente, la cumbia generó un movimiento económico tan fuerte que han aparecido empresarios que ahora son dueños de medios de comunicación radiales, escritos, televisivos, internet. Manejan artistas y ellos ponen a esos artistas en sus medios de comunicación, los promocionan, suenan, los hacen tocar en vivo y se llevan un porcentaje de eso.

¿Y está bien o está mal?
Es un negocio. Es como tener una fábrica de chocolates.

¿Por qué el rock no ha logrado eso?
No tuvo la oportunidad de hacerlo. Si yo tuviera dinero haría lo mismo con el rock. El Perú es uno de los países donde al artista nacional se le trata siempre como un segundón. En el Perú no existe una política musical nacional. A los artistas nos utilizan cuando hay una campaña electoral o cuando uno fallece.

¿Cómo conviven el arte y la necesidad económica del artista? Por ejemplo, cuando los invitan a tocar en una campaña electoral.
Es bien difícil, porque el tema es bien complejo.

Rio toca para campañas electorales.
Por supuesto, porque te contratan. La única condición que ponemos es que durante nuestro show no suba ningún candidato. Subimos, trabajamos y nos vamos. En la última campaña presidencial hemos cerrado tres mítines de campaña.

¿Y está bien o está mal?
Es un negocio. Nosotros tenemos que trabajar. Otra cosa es vender tu nombre y ponerte la camiseta de tal o cual candidato. También existe el extremo de que no comulguemos con el pensamiento de tal o cual candidato y por más que nos contraten, no vamos a ir. Es válido y también lo hemos hecho.

¿Por qué Rio pegó en su momento?
Si supiera cual es la fórmula, la vendería. La vida te va llevando y cambiando de posición de un momento a otro. La gente dice: ‘lo que pasa es que en los ochenta había apoyo a la música nacional’. Y no es cierto. Cuando salimos fue muy difícil.

¿Cómo lo logró Rio?
Como se hacía en esa época. Llevamos nuestro disco a la radio y si al programador le gustaba, lo ponía. Fuimos a Radio 1160 y llevamos nuestro primer disco en cinta. No conocíamos a nadie. Tocamos la puerta y tuvimos la suerte de que Tito Lui, el programador, nos reciba. Nos dio cinco minutos y escuchó “Televidente” treinta segundos. Paró, llamó a Mario Jiménez, el programador de AM, lo sentó y lo hizo escuchar. Ninguno dijo nada. Terminaron de oír la canción, hablaron entre ellos y nos dijeron: “bueno, muchachos, déjenme su disco, pero en calidad de exclusividad para 1160. Lo vamos a poner cada dos horas”.

¿Qué música estaba de moda?
Música en inglés y en español estaban Charly García y Miguel Ríos. Los grupos peruanos no sonaban muchos, a excepción de Miki González. Frágil ya se había separado. Lo bueno es que habíamos grabado la canción en un estudio muy bueno, en el de Elías Ponce. Teníamos el sonido.

¿Es cierta la historia de que en esa radio les dijeron que no iban a decir que eran peruanos?
Así es. Ni el nombre del grupo. Y la gente empezó a llamar inmediatamente. La gente creía que éramos mexicanos, españoles, chilenos o colombianos. Eso generó expectativa.

¿Hasta ese episodio ya venían tocando?
Sí, empezamos tocando en Comas, donde nadie quería ir a tocar. Nuestro debut fue en el estadio Jesús Obrero. Luego tocamos en una discoteca en donde era el cine Túpac Amaru. El dueño de esa discoteca solía ir a discos El Virrey a llevarse música nueva para ponerla. Para eso ya habíamos lanzado con esa disquera “Son Colegialas”, nuestro primer disco 45.Puso esa canción y nos llevó a tocar en vivo, y la discoteca reventó. Nos propuso ser nuestro manager, cuando justo estábamos por grabar “Televidente”. Rio lo que hizo fue hacer canciones bonitas.

¿Dirías que Rio fue uno de los artífices del surgimiento del denominado ‘rock en español’ en el Perú?
Lo que hizo Rio fue masificar el rock. El rock en español estaba ubicado en determinadas zonas en Lima, como Barranco y un par de puntos muy pequeños. “Televidente” se llegó a escuchar en cualquier parte del país. Hemos tocado en sitios en donde para llegar tenías que ir en peque peque, cinco horas desde Juanjuí. Llegabas y era prácticamente un campamento vietnamita. No había nada. Nos escuchaban en unas radios portátiles a pilas. Dormíamos encima de los parlantes. Yo he dormido encima del estuche de mi guitarra. A las 8 de la mañana, te daban tu inguiri, que es una delicia. Llegaba el peque pegue y a volver.

Ustedes han tocado en plena época del terrorismo. Ahí tienen mucho que contar.
Estábamos bañándonos en el río con toda la gente y de pronto, todos se salían. Algo había ocurrido. Y al rato pasaba un muerto flotando. Después que pasó, volvíamos al río (risas). Veíamos cómo el ejército intervenía en el monte con helicópteros, misma película de Rambo. Nos invitaban a almorzar al cuartel, donde nos enseñaban los cuadernos que incautaban en las escuelas populares de Sendero Luminoso. En la parte de atrás del cuaderno, en vez de los típicos corazones de alguien que te gustaban o de algún artista que eras fan, había corazones donde ponían que amaban al ‘Presidente Gonzalo’.

¿Se han topado cara a cara con terroristas?
Muchísimas veces. Hemos tocado en unos 200 shows en las zonas de Uchiza, Aucayacu, Tocache, etc. En esas fiestas, en una esquina estaban los narcos, en otras esquina los terrucos y en otra esquina los militares. El día del show era tregua. El animador mandaba saludos a personajes como ‘El Colocho’ Carlos y su químico Andrés. Y nosotros nos mirábamos. Tocábamos cinco horas. Nos pedían tomarnos tragos con el capitán, con los terrucos y con los narcos.

¿Los llegaron a amenazar?
Sí, porque sacamos una canción que se llamó “Revolución”, que hablaba sobre los terrucos. Entonces, un día nos dijeron que estábamos en observación y que en el concierto de esa noche no toquemos esa canción. Eso fue en Uchiza. Hemos estado en zonas donde los militares en la madrugada hacían salir a todo el pueblo a la Plaza de Armas. Tres delatores, con capucha negra, iban señalando quien era terruco o colaborador. Podrían haber dicho sí por fregarte y te llevaban sabe Dios adónde.

¿Los narcos los han contratado?
Hemos tocado en sitios donde había narcos. Hemos tocado para un narco muy famoso en una discoteca de Ciudad Constitución. No recuerdo los nombres. Y al día siguiente tuvimos un show en Ica y casi se cae la avioneta.

Antes de armar la banda ya eran amigos. ¿Por qué crean el grupo?
Veíamos a la música como una forma de divertirnos. Así estuvimos unos años. Hasta que un amigo de la época nos dijo que había firmado con Iempsa. Nos sacó cachita. Tenía una banda que se llamaba Stone Apple. A raíz de ello, nos reprochamos que también teníamos que grabar un disco. La disquera más importante era El Virrey y fuimos, pero nos chotearon durante un año y medio. No nos querían grabar. Era el 84. Yo estudiaba arquitectura y justo en el año que terminé la carrera salió “Televidente”. Tuve que decidir entre mi profesión y la música. Los tres tomamos la decisión de dedicarnos a la música. Felizmente nuestros padres nos apoyaron. Solo nos pedían hacerlo bien. Sin embargo, ejercí la arquitectura. He diseñado y construido mi casa y la oficina donde trabajo (el edificio de Soniem).

¿Y qué tal has diseñado tu vida?
Complicado, para eso sí no soy bueno. La vida no la aprendes en la universidad, te golpea duro y con los golpes aprendes. Pero es importante experimentar el dolor, porque así valoras lo bueno. Las cosas fáciles no se disfrutan.

El nuevo disco tiene dos invitados muy diferentes entre sí: Leslie Shaw y Daniel F. ¿Por qué la elección?
Con Leslie grabamos una de las primeras canciones del disco, cuando ella aún hacía rock. Y lo de Daniel F fue interesante porque venía de Leusemia, un grupo de los llamados ‘anticomerciales’.

Y un grupo crítico de Rio.
Claro. Nos divertíamos mucho porque nos atacaban ya que éramos parte de los grupos comerciales, cuando en realidad ellos eran más comerciales que nosotros, porque sacaban sus discos envueltos en bolsas de plástico, con un polo, póster. Comercializaban su nombre mucho mejor que nosotros. En su época los críticos nos golpeaban con todo lo que tenían. Decían que nuestra música era fácil y respondíamos: si es fácil, entonces hazla.

Pero hasta ahora son señalados como “pacharacos, música fácil, comerciales”.
Siempre va a ocurrir. Pero luego de años nos hicimos amigos de Daniel F. Es más, creo que mañana estará en la presentación del disco.

¿Por qué ‘33’?
Lo íbamos a lanzar el año pasado, que cumplimos 33 años. Además, somos un trío y es un número cabalístico para mí. Toda mi vida me he cruzado con ese número. Incluso, hemos grabado LP de 33.

¿También se viene un box set?
Para el próximo año quiero hacerlo. Vendrán todos los formatos en los que Rio ha grabado, con fotos y las caricaturas que nos solemos hacer en cada gira. Nos reímos mucho para mantener la paz espiritual.

¿Qué balance se hace 34 años después?
Es positivo, aunque no estamos volando en dinero. Es positivo en el cariño que hemos logrado con el público. Y rescato que Rio es una banda que no ha dejado de tocar y no sé cómo ha ocurrido. Sea cual fuere el escenario, subimos y todos se saben las canciones. Por otro lado, siento que el rock está en una olla a presión, a punto de reventar. No sé si reventará en 2019, 2020 o 2021, pero estoy 100% seguro de que va a ocurrir. En unos años, Perú será el origen de un movimiento de músicos a nivel regional.

AUTOFICHA:

“Nací en Pueblo Libre, en el año 56. Voy a cumplir 62 años. Estudié en el colegio Santa María de Fátima, luego en el Salesiano y Nazareno. En la Universidad Federico Villarreal estudié poco más de media carrera de Contabilidad. Hice mi traslado a Arquitectura, que sí la terminé. También hice audiovisuales”.

“Además de músico, soy el presidente de la Sociedad Nacional de Intérpretes y Ejecutantes de la Música (Soniem), que vela y gestiona los derechos de propiedad intelectual de los artistas musicales, no solo del Perú sino de decenas de países de Iberoamérica”.

“La música y la arquitectura tienen mucho en común. Las dos funcionan en base a elementos de diseño, de armonías y, sobre todo, matemática pura. La arquitectura es la carrera más maravillosa y la música es mi vida. Siempre vuelvo a Paul McCartney, Carpenters, Frank Sinatra, Sandro, Los Iracundos”.

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