Conversamos con la cantante, empresaria y escritora Pamela Rodríguez. (Perú21/ César Campos)
Conversamos con la cantante, empresaria y escritora Pamela Rodríguez. (Perú21/ César Campos)

Era una pesadilla constante. Subía para dar un concierto, veía a la gente, las luces la iluminaban. Todo estaba listo, menos su voz, que nunca salía. Pero se volvió realidad. Lo sufrió hace unas semanas. En la alucinación se avergonzaba y angustiaba. En el escenario real el público la entendió e, incluso, se convirtió en un episodio reparador. ¿Es tan grave como estar frente a una hoja en blanco y no saber cómo comenzar la historia? “Son diferentes abismos”, responde la autora de Desmadre (Planeta, 2019), libro que parte de la realidad para alojarse en la autoficción, donde delinea una historia de amor y maternidad, donde empieza jugando y termina amando. Una historia en tiempos de Tinder.

No se considera escritora. “Para nada”, subraya. “Es tener la oportunidad de abordar un nuevo oficio, y lo hago con mucho respeto”, remarca. Es su primer libro y es tan emocionante como cuando publicó su álbum debut. Canta desde los 14 y hoy tiene 36. Sí se asume como música y ya se empieza a sentir empresaria, luego de seis años al frente de La Sanahoria, cadena peruana de bio-markets. Asegura que los oficios se construyen a través del tiempo. Pamela Rodríguez ya echa las bases de su segundo libro.

(Planeta)
(Planeta)

Eres madre por segunda vez, tu pesadilla de perder la voz se hizo realidad y acabas de publicar tu primer libro. ¿A qué le tienes miedo ahora?

Todas las noches, más o menos a las 8, empiezo a tener mucho miedo, porque no sé si podré dormir. Tengo una bebe de año y medio. Le he agarrado fobia a las noches. Tener una vida de mamá es desgastante. Por eso me encanta hablar de la maternidad como un pedal de distorsión de una guitarra eléctrica.

¿Eres una distorsión de metal o de pop rock?

De trash metal al mango (risas). Son las noches de maternidad, la crianza y el trabajo.

¿Escribir Desmadre ha sido como una liberación?

Ha sido muy liberador. Amas a tus hijas, pero de pronto estás muy cansada y no sé, tienes ganas de irte lejos y sola (risas). Es esa dualidad de la maternidad que son puntos de tensión.

Hace cinco años te entrevisté y me dijiste que estabas cansada de ti.

Ya no (risas). Tuve un momento de pleito conmigo misma.

¿Tener una hija te libera de ti misma?

Sí, siempre. Es parte de las cosas que más me gusta de ser mamá.

Pero escribir el libro ha sido como volver a ti.

¿Hasta qué punto es volver a ti sacar todo de ti? No sé.

¿No tuviste reparos en contarlo todo?

Es autoficción. El hecho de que todo pueda ser o no ser, también hace que pueda abordar la verdad. Lo chévere es dejar a la imaginación de cada quien qué es ficción y qué no.

En el libro te rebelas contra cierta normalidad.

Es un libro muy rebelde y muy lúdico. Moriré rebelde. Así nací, es mi esencia.

En un pasaje de Desmadre escribes sobre lo incómodo que puede ser para una mujer dar de lactar y tener que esconder el pecho cuando lo hace. Lo leí y me acordé de las reacciones que provocó Mon Laferte cuando mostró sus senos en los Grammy. La criticaron por hacerlo.

Es maravillosa. No sé por qué nos espantan tanto las tetas. Hay una sexualización de todo, que no comparto ni entiendo. Que el pecho del hombre sea aceptado y no el de la mujer, habla de esa condición patriarcal. Los peruanos aún estamos asustados de nuestro sentido de libertad.

¿Te preocupa o no ser políticamente correcta?

Para nada. Estoy podrida de lo políticamente correcto, me aburre soberanamente.

¿Qué te aburre?

La hipocresía. Lima no es conservadora, es hipócrita. No hay nada más liberador que la honestidad. La vida es un desmadre absoluto. ¡Por favor! Nuestras emociones y percepciones son caóticas. Todo habita en un constante caos, entre lo resuelto e irresuelto.

En el libro la protagonista primero tiene una hija y luego se enamora del padre. Un poco al revés de lo que dice lo políticamente correcto.

Conozco mucha gente que ha tenido hijos, está durmiendo en la misma cama hace 40 años y nunca se enamoraron.

¿Y eso es peor?

No sé. Hay algo romántico en la resignación. La resignación también puede ser liberadora. He visto pasar de todo, no sé qué es una zona segura. He conocido gente que ha quedado embarazada al primer día de conocer a alguien y 14 años después tiene un matrimonio feliz; he conocido gente que se conoce 10 años, tiene la súper boda y se divorcia en la luna de miel.

¿Contra qué te rebelas hoy?

No me gusta la frivolidad. Mi propia frivolidad es un tema que he ajustado.

¿Tinder (red social para citas) no es una frivolidad?

¡No, estás loco! Es un terreno al que entré jugando e ilusionada, y en el libro lo cuento y me río de mí misma. En el fondo idealizaba a la pareja. Tinder terminó siendo una metáfora de este espacio donde metemos nuestros sueños. Yo estaba buscando el amor.

¿Te atreves a definir el amor?

Es cuando cierras los ojos y sientes que algo brilla adentro. Ese es el amor propio.

También está la abnegación: el amar a otros antes que a uno. Aquel famoso ‘amor de madre’.

La madre tiene que quererse a sí misma y estar bien consigo misma. Hay que reformular la sicología del arquetipo de la madre.

Hace cinco años, cuando te entrevisté, me dijiste que eras una mujer del 2050. ¿Hoy a qué tiempo perteneces?

Soy una mujer del 3200, de la base 9 de Marte (risas).

AUTOFICHA:

- “Soy Pamela Rodríguez-Arnaiz Amianto, pero me rebelé al apellido compuesto. Los apellidos compuestos son un afán de distinción que a mí no me importa. Tengo 36 años. Acabé la secundaria contra todo pronóstico, pero no acabé la universidad, estudiaba Etnomusicología”.

- “Soy una emprendedora, estudio todo el tiempo. No necesito institucionalizar mi aprendizaje. Como cantante, tengo cinco discos: Perú blue, En la orilla, Reconocer, Una herida hecha luz y FFAA. Tengo una nueva banda que se llama The Adús, a partir de ahí voy a componer”.

- “Ahora alisto otro libro. Quiero escribir sobre la hipocresía. Hablar de hasta qué punto uno está dispuesto a traicionarse a sí mismo para aparentar una vida perfecta. Estará bien divertido. Y obviamente la historia estará basada en una experiencia real. Tengo varias cosas que contar. La hipocresía me inspira (ríe)”.