El padre Jimmy Tello, capellán de la Marina de Guerra, reflexiona sobre la preparación espiritual que se necesita en medio de la pendemia por el coronavirus. (Foto: Manuel Melgar)
El padre Jimmy Tello, capellán de la Marina de Guerra, reflexiona sobre la preparación espiritual que se necesita en medio de la pendemia por el coronavirus. (Foto: Manuel Melgar)

¿Cuán difícil es para un policía o un militar arriesgar su vida en el combate contra el ? ¿Cómo se prepara alguien para eso? Solo ellos lo saben. Pero quienes los ayudan a lidiar espiritualmente con esos peligros son los capellanes de cada institución. El padre Jimmy Tello es uno de ellos, quien forma parte del Obispado Castrense.

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Antes de ordenarse como sacerdote, Tello vivía en Chiclayo y desde el colegio estuvo muy cerca de la Iglesia católica y quería ser un religioso, pero sus padres le pidieron que primero estudie una carrera universitaria pues sabían que algunas de las personas que ingresan al seminario no siempre terminan.

Pero no fue el caso del padre Jimmy, pues él iba cursando el tercer año de la universidad, tenía una enamorada y le iba bien en la vida, pero sentía que le faltaba algo más importante. Era el llamado de Dios que persistía en su corazón para que sirva a la ciudadanía como sacerdote.

Cuando terminó la carrera, a los 22 años, empezó a prepararse para recibir el sacramento y se fue a Argentina con la orden de los agustinos durante un tiempo. Sin embargo, él quiso volver al Perú. Para ese entonces, él ya había hecho sus votos y, mientras se formalizaba su separación de la orden en Argentina, lo albergó el Obispado Castrense del Perú. Así fue como se quedó trabajando con los militares y ahora es uno de los nueve capellanes de la Marina de Guerra, cuyos miembros ahora tienen la tarea de patrullar las calles para hacer cumplir las disposiciones del Gobierno en esta emergencia.

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¿Qué lo llevó a querer ser parte del Obispado Castrense?

Yo fui el secretario personal de monseñor Guillermo Inca. Gracias a él conozco el Obispado Castrense porque lo acompañaba a todos lados. Fue ahí donde fui puliendo la vocación para servir a la necesidad espiritual de los militares, el acompañamiento y el trato con las familias y sus hijos, pues hay una entrega total de los militares, entregan la vida misma, como Jesús.

¿Cuáles son esas necesidades espirituales de un militar?

La primera necesidad es la escucha, porque recuerda que un militar para salvaguardar la patria pasa por muchas cosas. Les toca enfrentar situaciones muy delicadas y eso no lo dialogan. Pasan por un psicólogo de la institución, pero no terminan de liberarse y es ahí donde el sacerdote los escucha, no los juzga, los comprende, lloramos juntos, les sacamos el peso, el dolor y el sufrimiento de encima. Los militares tienen carácter, pero no son de fierro.

Para el sacerdote Jimmy Tello, la necesidad espiritual de los militares es el de la escucha por los momentos difíciles que deben pasar, como ahora por el COVID-19. (Foto: Manuel Melgar)
Para el sacerdote Jimmy Tello, la necesidad espiritual de los militares es el de la escucha por los momentos difíciles que deben pasar, como ahora por el COVID-19. (Foto: Manuel Melgar)

¿Cómo acompaña a las familias en ese proceso?

La vida militar es entregada, los cambian de ciudad o tienen misiones y los mandan a navegar por meses o años y se separan de la familia. La esposa se queda sola, los hijos también y es ahí donde acompañamos a la familia para que traten de mantenerse unidos. Estoy para escuchar sus reclamos, para apagar fuegos porque a veces no se entienden.

¿Cómo prepara a alguien ante la posibilidad de perder la vida, como ahora con el coronavirus?

Lo primero es tener claro el objetivo para el cual entraron a la institución: salvar vidas. Eso es lo que siempre resalto. Quien nos dio la vida es Dios, eso significa que hay que encomendarnos, Él es nuestra luz, guía, protección y también tiene que ser nuestra inteligencia para que las decisiones que uno tome para defender la vida sean las correctas. Para eso hacemos misas de envío, bendecimos a los militares, a sus familias y hasta hemos bendecido sus armas para que las utilicen cuando se deban utilizar.

¿Cómo se concilia la palabra de Dios con los actos bélicos de la actividad militar?

La Iglesia defiende la vida, es portadora de paz y esperanza, y actúa en presencia de Dios; por otro lado, la vida militar tiene situaciones extremas. Por ejemplo, salen al Vraem y hay un oficial a cargo de un pelotón que pueden ser 20, 30 o 50 subalternos. Aplicamos la doctrina en cuanto los oficiales defienden la vida de los que están a su cargo. A veces tienen que disparar, pero me dicen: “Padre, yo no sé a quién disparo. Yo solamente lo hago y no sé si hiero o no hiero, solo sé que tengo que liberar el camino para mi gente que viene conmigo”. Recuerda que es o tu vida o la vida de ellos.

Debe ser una experiencia muy difícil.

Nosotros los acompañamos y les decimos: “Has tomado la decisión bien”. Si tienen que disparar, primero tienen que limitar las extremidades; en un caso muy extremo, para defender a los suyos, deben disparar a aniquilar. Pero es allí donde la Iglesia dice que quienes tienen el poder político de decidir eviten las guerras, que muchas veces se dan por el mal uso del poder. Es un tema muy complejo.

El padre Jimmy Tello explica que cuando un miembro de las fuerzas armadas o policiales dispara es para salvaguardar la vida de sus subalternos y en bien del país. (Foto: Manuel Melgar)
El padre Jimmy Tello explica que cuando un miembro de las fuerzas armadas o policiales dispara es para salvaguardar la vida de sus subalternos y en bien del país. (Foto: Manuel Melgar)

¿En dónde pueden encontrar consuelo los familiares de las víctimas mortales del COVID-19?

Hay que reconocer que somos hijos de Dios y llevamos la luz, esperanza y alegría. Es decir, sabemos que existe vida eterna. Sabemos que la muerte es un proceso para llegar a aquello que Dios nos ha prometido, donde todo es diferente. Sabemos que Dios existe y que aquella persona que se ha adelantado a la casa del Padre, a través de la muerte, va a encontrar el amor verdadero. No nos dejemos llevar por los miedos o la tristeza, que cuando uno pierde la fe, todo se viene abajo. Debemos recordar que no estamos solos, Dios nos acompaña. Nuestros familiares estarán presentes para siempre, caminarán contigo, te ayudarán a tener ese cielo prometido. Es difícil perder a un ser querido, pero uno tiene que ver la muerte como una puerta hacia Dios, que no te abandona, pase lo que pase.

¿Cómo aliviar el dolor de no poder despedirse físicamente de un ser querido?

Es una limitación muy dolorosa, pero debemos presentarnos ante Dios a través de la oración y decirle: “Señor, esto es lo que tengo, estoy sufriendo. Por favor, te pido que recibas en tus brazos a tu hijo que ha partido de la Tierra”. Quienes creemos en Dios sabemos cuánto ayuda orar a la persona que ha fallecido.

El sacerdote  Jimmy Tello reflexiona y dice que la muerte es la puerta hacia Dios. Los deudos deben rezar por el alma de sus familiares que han sido víctimas mortales del coronavirus. (Foto: Manuel Melgar)
El sacerdote Jimmy Tello reflexiona y dice que la muerte es la puerta hacia Dios. Los deudos deben rezar por el alma de sus familiares que han sido víctimas mortales del coronavirus. (Foto: Manuel Melgar)

AUTOFICHA

- “Soy Jimmy Tello, nací en Lambayeque. Este año he cumplido cuatro años de sacerdote, me ordenaron el 24 de abril de 2016. Estudié Administración de Empresas en la Universidad Católica de Santo Toribio. Tengo dos hermanas médicas. Mi papá tiene 71 años y mi mamá 70”.

- “El Obispado Castrense está desde el año 1985, tiene un obispo propio, que actualmente es monseñor Juan Carlos Vera Plasencia. Anteriormente, los sacerdotes que servían a las Fuerzas Armadas tenían el grado militar y el uniforme, pero ya no”.

- “Mi hermana está casada con un miembro de la FAP. Por eso yo tenía más diálogo con la Fuerza Aérea. Pero en ese entonces, el monseñor Guillermo Inca me dijo si podía ayudar en la Marina y yo acepté como una ayuda pastoral. Dios fue involucrándome en la Marina y terminé como capellán”.

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