Último libro de Ricardo Sumalavia propone las diferentes formas de regresar a la tierra natal.
Último libro de Ricardo Sumalavia propone las diferentes formas de regresar a la tierra natal.

'No somos nosotros' es el nuevo libro de (Lima, 1968). En su primera página promete de manera interesante tratar el dilema entre volver y llegar. Lo primero como una condición más profunda y lo segundo relacionado al desplazamiento físico. Pero al terminar de leer el libro, uno se queda con la sensación de la promesa incumplida. Termina siendo una colección de relatos, una suerte de diario, sobre su estancia en Europa.

¿Qué propone No somos nosotros?El libro se plantea como una expresión de las diferentes formas de volver, de una preparación para hacerlo. Es una sucesión de historias, de reflexiones, de entradas de diario, que por sumatoria vayan generando esa estrategia del retorno. En ese sentido, me he visto influido por la literatura del retorno de la narrativa coreana, que es volver a la tierra natal. Esa estrategia implica que, mientras el personaje vuelve, paralelamente se van insertando recuerdos y reflexiones de una manera natural. El viaje no solo es físico, sino intelectual, sentimental, íntimo. Si nos ceñimos a la forma de leer novelas en el Perú, hay gran porcentaje de lectores que espera la novela vargasllosiana.

Usted también es profesor. ¿Diría que el lector joven, de este tiempo, tiene una lectura vargasllosiana? Hay de los dos. Y me da gusto. No se trata de que un modelo de lectura cancele a otro. Ahora, la lectura vargasllosiana no corresponde con mi manera de ser, sentir y mi visión de la literatura. Me encantan las novelas de Vargas Llosa, pero me siento más afín a Sergio Pitol, Jorge Eduardo Eielson. Vivimos una renovación de la narrativa peruana y hay autores que publican novelas fuera de esos modelos, como Jack Martínez, Juan Manuel Robles, Katia Adaui. Y yo me sumo a ese gran bloque desde mi primer libro, en el 1993, cuando la crítica no sabía cómo ver mi libro.

¿Comulga con la idea de que hay ciertas obras literarias que pierden vigencia?Yo creo que lo que ha escrito Santiago Roncagliolo sobre Cien años de soledad (que cumple 50 años de ser publicada), de Gabriel García Márquez, ha sido malinterpretado y manipulado, y ha ido en contra de él mismo. En realidad, creo que él se refería más a influencia. Nadie ahora escribe ni pretende escribir como García Márquez, no recibe esa influencia de ese escritor. Pero sí es un libro vigente. Es decir, se va a seguir leyendo, es un clásico. Y lo dice Santiago en su artículo (en la revista colombiana Semana). Creo que él debió decir que ya no tiene influencia directa. En Colombia y América Latina, últimamente no he visto a un escritor que plantee sus novelas al estilo de García Márquez.

Volviendo al libro, este también reflexiona sobre, por ejemplo, el uso dinámico de la palabra.Más allá de toda regla o convención que puede ser arbitraria, busco reconciliar al autor con su lenguaje. Sobre la plasticidad de las palabras, hasta qué punto es maleable. Otro elemento importante para entender mi libro es aceptar que hay una literatura que le gusta andar en la frontera. No me ciño a los cánones, a las formas. Me siento cómodo estableciendo tensiones con el lenguaje y con la literatura misma.

Otra reflexión es la descripción. Por ejemplo, cómo describir el mar de una manera sencilla o de una forma ostentosa. En este punto, parece que usted busca justificar su apuesta literaria.En mi caso, lo simple viene por una influencia oriental. Leo mucha poesía japonesa, los haikus. Y de alguna manera este libro podría entenderse como una sumatoria de haikus en prosa. Busco hasta armonizar contrarios, sin necesariamente secuencialidad o linealidad. Esa estrategia está en este libro en cada texto. Es posible que por esa razón algunos críticos no hayan sabido leerlo.

José Carlos Yrigoyen, el crítico literario de este diario, ha escrito que su libro se queda en un plano inofensivo, que rara vez produce una reflexión luminosa y que usted es un forastero extraviado. ¿Qué diría en su defensa?Está proponiendo su lectura. Que él no haya podido ver esa iluminación que yo propongo es un tema de él. En el mundo oriental, no todos los monjes budistas acceden a la iluminación al mismo tiempo. Y no es que tenga que haber una única iluminación. Y llegará cuando te encuentres preparado. No me pretendo un monje budista ni pretendo que él lo sea, pero cada uno se ilumina en el momento que le toca. Yo creo que a él, con mi libro, aún no le toca.

¿Cómo afronta la crítica?Acepto que se pueda tener una lectura distinta. Otra cosa es cuando ven algo que el libro no plantea, cuando hay lecturas que no necesariamente están en el propio libro. No estoy de acuerdo con que Yrigoyen trate de justificar su lectura a partir de lo que dice la contratapa.

¿Le exige una profundidad que quizá no sea necesaria que tenga?Se busca la novela canónica, redonda. Quien en determinado momento maneja los medios o tiene cierto poder mediático es el que de alguna manera quiere dirigir el canon, el cómo leer y qué leer. Pero siempre habrá otras literaturas contrarias.

Regresemos a la premisa del libro para dejar esta entrevista: llegar no es volver. ¿Usted ha vuelto al Perú o sigue en Europa? ¿En algún momento Ricardo Sumalavia partió, dejó Lima? Nunca la he dejado.

DATOSAdemás de No somos nosotros (Seix Barral), Sumalavia ha escrito los libros de microrrelatos Enciclopedia mínima (2004) y Enciclopedia plástica (2016).

También son de su autoría las novelas Que la tierra te sea leve (2008) y Mientras huya el cuerpo (2012). Y los libros de cuentos Habitaciones (1993) y Retratos familiares (2001).