Miki González: “Todos mis temas son de dos a cuatro acordes, es un oficio” 

Miki González celebrará 25 años del popular disco Akundún en el Gran Teatro Nacional.

Mijail Palacios

Ya pisa los 66 años de edad y Akundún, una de sus obras cumbres, cumple 25 años. Tiempo suficiente para macerar 11 canciones y que hoy hablemos de uno de los discos más populares de la música peruana. Miki González celebrará el tiempo vivido este 21 de junio en el Gran Teatro Nacional y una semana después en el prestigioso Festival Selvámonos, en Oxapampa. Le estrechamos la mano y nos responde con timidez, sin mayores aspavientos, oculto en el negro de sus prendas. Pero encendemos la grabadora y el autor de “La pequeña” ilumina sus memorias y las canta una a una. Se va por las ramas, olvida las preguntas, vuelve a ellas, se sumerge en su historia.

¿Más allá de las típicas evocaciones, qué te viene a la memoria cuando piensas en Akundún?
Fue un momento de decisión. Un momento para cambiar de género musical. Fue un viraje radical, a pesar de que ya tenía la experiencia de haber vivido en El Carmen (Chincha). Revivir todo eso te produce nuevas emociones, pese a que ahora soy viejo. Aunque sigo activo en la música. Toco en mis conciertos, me desplazo en el escenario tranquilamente.

¿Fue difícil ese cambio?
Lo difícil fue hacer una propuesta exclusivamente de folclore afro. Ahí no hay rock. Akundún es un proyecto de música negra con influencia de la música de África que yo escuchaba, el pop africano. Fue un momento de decisión porque lo lógico hubiera sido que haga otro disco de rock.

¿En ese momento no hubo también la necesidad de hacer algo que pegue comercialmente más que los primeros tres discos?
Yo jamás he pensado en esos términos. Akundún se grabó en mi estudio, en ocho canales. Lo grabé con Luis ‘Wicho’ García (Narcosis y Mar de Copas). Jamás hemos hecho algo para tener éxito. Yo solo tenía la necesidad de grabar lo que quería expresar, no me importaba si iba a tener éxito o no.

El disco lo grabaste en los noventas. ¿Pero cuándo nace realmente?
La semilla estaba sembrada desde los setentas. Llegué a El Carmen en el 78. Mi primera composición vinculada a ese género fue para la película ‘Es Amador’, de Roberto Bonilla. En Berklee mis tareas las hacía sobre temas peruanos: zamacuecas, canciones de Chabuca Granda. Hacia finales de los ochenta me junté con Pochi Marambio para un proyecto que se llamó Magonba (Marambio, Gonzales y Filomeno Ballumbrosio). Era blues y festejo. Eso sembró una semilla importante. Siempre mi música ha sido experimental. Luego me invitaron a Corea del Norte, donde conocí delegaciones de África y empecé a hacer temas estilo africano con los ritmos de Perú. Hacia los 90, nació “La tutuma de Don Toto” y empezó a fortalecerse la relación con Don Amador Ballumbrosio y su familia.

¿Y cómo nace la canción “Akundún”?
En el año 91, el productor Ricardo Ghibellini, creador de Los Hijos del Sol, me dijo: “¿por qué no haces un rap criollo?”. No suelo hacer caso a la gente, pero pensé que era buena idea hacerlo. En esa época estaba de moda El General. Decidí hacer un rap criollo, pero con dancehall reggae, música que escuchaba mucho. En cuanto al coro, la versión original era “adundún”, un simple sonido onomatopéyico. Pero Don Amador cantaba “akundún”, una jerga de los mayores en El Carmen que hace referencia al acto sexual. Y quedó.

¿Qué pasa con las canciones que cuando nacen son calificadas peyorativamente como “simples”, y después de 25 años, hablamos de ellas como hitos de la música popular?
Mis canciones son súper simples. En la escuela de jazz estudié orquestación, pero decidí que iba a ser músico de pop porque saqué “Dímelo, dímelo”, que se podría decir que era un ‘insulto’ (así, entre comillas) porque se trata de un tema con cuatro acordes. Y todos mis temas han sido así. Pasa con “Lola” y “La Pequeña”. Es un oficio hacer una canción muy sencilla y que se sostenga durante más de tres minutos requiere de habilidad. Ese es mi talento personal: la facilidad para un coro como “Lola”. Akundún tiene dos acordes. En Berklee aprendí las herramientas para que se puedan sostener.

¿Y por qué elegiste el camino de las tres notas?
Todos los setentas no estaba interesado en el rock. En el 81, cuando volví de Berklee, vi a Devo, me gustaba The Pretenders, The Police. Devo me parecían los Frank Zappa de los ochenta…

¿Por qué no llegó el éxito internacional de Akundún?
Un venezolano me dijo: “yo conozco tu tema (sonó mucho porque tenía un contrato de la transnacional Polygram), pero se equivocaron de canción porque nadie en Venezuela está interesado en la historia de los negros en el Perú”. Y eso pasó en todos lados. El manager que teníamos lo había sido de José José durante 30 años, había hecho el rock en español, era el dueño del nombre de los Caifanes. Este tipo, Carlos Bustelo, consiguió el contrato con Polygram. Pero no funcionó por muchos motivos. Y punto.

¿Fue tu último gran disco?
No. El siguiente disco también salió con Polygram. Se llamó Miki González. Y luego necesitaba sacar algo y agarré “El mar” y “Hoja verde”. Con toda la banda nos íbamos a mudar a México. A quien entonces gerenciaba Polygram lo sacaron y al que lo reemplazó, que venía de Sony, le preguntaron por lo mío: “¿te gusta?”. “No”, respondió. Pese a que había una efervescencia por estos ritmos: estaban Juan Luis Guerra, Carlos Vives y yo. Entonces, saqué el Hatun Exitokuna, con esos dos singles, y fue disco de platino. Además, vetaron “Hoja verde” en MTV porque “hablaba de la (hoja de) coca”.

Transitaste por el new wave, jazz, afro, ska, blues, electrónica, música andina, rock, pop… ¿Qué más te falta hacer?
La música electrónica vinculada a la música peruana sigue siendo un reto.

¿Y las composiciones de rock, volver a tus inicios?
Sí tengo composiciones con letra y me encantaría hacer un disco. Matías Cella, productor de Jorge Drexler, me propuso hacer un álbum. Quisiera hacer un disco tipo Kanaku y El Tigre, me refiero a hacer una cosa acústica. Corte pop. Además, encontré una banda que me encantó: Mandolin Orange. Me falta hacer una cosa acústica. No tengo baladas, ni me interesan. Sería súper lindo. Tengo temas nuevos.

DATOS:
-El concierto del Gran Teatro será también un tributo a Amador Ballumbrosio. Se contará con la presencia de sus hijos y otros artistas afroperuanos.

- El Gran Teatro Nacional está en la Av. Javier Prado Este 2225, San Borja. El concierto comienza a las 8 p.m. Entradas en www.atrapalo.pe.

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