Mauro Rodríguez es uno de los ganadores del Concurso Nacional Plata del Perú 2022.
Mauro Rodríguez es uno de los ganadores del Concurso Nacional Plata del Perú 2022.

Llegó en tren. Viajó solo, tenía 8 años. Hijo único de padres separados.

Lo subieron al ferrocarril, le explicaron cómo tenía que hacer al llegar a la capital y partió. En la estación de lo iba a recibir su padre. Bajó, eran las 4 de la tarde y nadie lo esperaba. No sabía qué hacer hasta que eligió el sitio donde dormiría esa noche en la estación: en una banca. Pero llegó el hermano de su padre. Para recompensar la demora, le invitó a comer. “Comí hasta reventar”, recuerda y ríe sobre la primera vez que vino a Lima.

Volvió a su natal San Jerónimo de Tunan, en Huancayo, pero ya se había acostumbrado a la capital. Se asentó en Chosica, donde desde los 35 años se dedica al trabajo de crear arte con la plata. “Tengo mucho orgullo de que la gran mayoría de los que son ahora artesanos han pasado por mi taller”, me dice Mauro Rodríguez, quien con 78 años de edad ganó el primer lugar en la categoría orfebrería del 2022, organizado por el Patronato Plata del Perú e Interbank.

Prende la cámara de su celular y nos saludamos. Está en su casa, donde también funciona el taller. “A las 4, 5 de la mañana ya estoy sentado trabajando”, me dice y su voz es interrumpida por el paso del tren, a pocos metros está la línea férrea, aquella vía que lo trajo por primera vez a Chosica.

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-¿Empezar a los 35 a trabajar con la plata fue un buen momento o, más bien, piensa que lo hizo un poco tarde?

No diría que fue tarde. Uno lo toma con mayor énfasis, es una buena decisión para seguir trabajando. Mis padres también fueron orfebres. Pero antes yo trabajaba en construcción civil. Cuando me casé y nació mi primer hijo, tuve que retirarme de la construcción porque verdaderamente no paraba en casa y yo quería vivir el nacimiento de mi hijo, estar con mi familia.

-¿Su esposa qué papel cumplió en esa decisión?

En realidad, más fue decisión de mi esposa. Los de construcción civil tenemos la fama de que no llevamos el dinero completo a la casa (sonríe). Yo le agradezco a mi esposa que me lo dijo.

-¿En construcción civil qué labor hacía?

Llegué a ser como un maestro general de obra. Trabajé en la hidroeléctrica de Huinco, en el Mantaro también, el último trabajo fue en Huarangal, donde hicimos el centro nuclear y ahí fue que ya me retiré. Comencé trabajando cosas pequeñas, una cadenita y poco a poco se fue activando mi taller. En el camino encontré personas que querían trabajar conmigo, como las señoras Ester Ventura o Teresa Ortiz de Zevallos.

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-¿Pero, cuando usted decide dedicarse a la orfebrería, ya sabía de ese trabajo?

Ya tenía conocimiento, veía cómo se trabajaba, pero tenía poca práctica. Me hice la idea de que yo sabía y podía trabajar. Me salió bastante bien y me ha llenado de muchas satisfacciones, como haber enseñado a muchos jóvenes que hoy son muy buenos.

-¿Usted empezó donde vive ahora?

Sí. Me casé y comencé a vivir en esta casa, que era la vivienda de mi esposa, de sus padres. Ellos ya habían fallecido y con mi esposa nos quedamos hasta ahorita. Va a ser más de un mes y medio de que falleciera mi esposa y sigo con mis hijos acá.

-¿De qué falleció?

Sufría de diabetes. Se me fue, me llena de mucha tristeza (se quiebra su voz).

-¿Ella lo ayudaba en el taller?

Ella hacía repostería, pero claro que me ayudaba, porque me exigía: “Tienes que hacer este trabajo, tienes que cumplir”.

-Era la jefa, Mauro.

(Ríe). Sí. Gané el premio gracias a ella. Hubo un momento en que me dijo “¿cómo no vas a participar?”. Yo no quería participar.

-¿Por qué?

Me sentía cansado. Ella me retó e insistió que presente un trabajo. Terminé un trabajo que lo había arrinconado, lo presenté y fíjate, ganamos.

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-Su esposa ha sido visionaria. Primero le pidió que cambie de trabajo y ahora logró que usted se presente al concurso que ganó.

Para mí, tiene mucho valor su exigencia.

-¿Cómo la conoció?

Yo estaba gestionando para ir a Venezuela a trabajar, en los 80. Mandé a sacar mi pasaporte con unos tramitadores y nos estafaron, y no sé por qué nos encerraron en la comisaría. El hermano de mi esposa era mi amigo y con él estábamos presos. Ella logró sacar a su hermano y él abogó por mí, y también me dieron libertad. Y así nos conocimos más.

-¿Se fue a Venezuela?

Me fui solo. Llegando a la frontera en San Antonio del Táchira, vi que eran tantísimos peruanos. Bajamos del bus y había peruanos que estaban sin comer. Al otro día me regresé. Era para sufrir ahí; mejor sufro en mi país. Cuando llegué, la volví a ver a ella y entablamos una amistad más cercana. Y nos casamos a los tres meses.

-Después de todo lo vivido y realizado, ¿usted se siente artesano o artista?

Un artista, no reconocido, pero me siento un artista, porque sé que he logrado (cosas) prácticamente de la nada; de los conocimientos paupérrimos que he tenido, he salido adelante. Yo siempre he buscado sacar modelos nuevos, hay que crear.

-¿Hoy qué tiene en mente?

El conocimiento sigue bien. Seguiré hasta el día que no pueda mover una herramienta. Yo sigo trabajando para las personas que confían en mí.

-¿Su esposa lo trató de convencer de que usted tenía talento para la plata?

Ella siempre me decía: “Tú puedes”. Ahora me hace mucha falta, pero en memoria a ella yo tengo que seguir hasta el final.

AUTOFICHA:

- “Soy Mauro Rubel Rodríguez Inga. Nací en San Jerónimo de Tunan, en Huancayo, Junín. Mi padre trabajaba en construcción civil, él trabajó en la hidroeléctrica de Huampaní cuando yo tenía un promedio de 8 años. Por eso nos trajo a Lima. Estudié en Chaclacayo”.

- “Pero regresamos a San Jerónimo, y yo ya no quería estar ahí; entonces, mi padre buscó un lugar donde vivir en Chosica y ahí nos instalamos. Soy hijo único de padre y madre. Salí del colegio y he trabajado en restaurantes lavando platos, en limpieza en una casa y más”.

- “Tengo tres hijos y gracias a este arte he podido darles profesión a ellos. El primero es médico, la segunda estudió para chef y la última es egresada como médica veterinaria. Mis hijos no se dedicaron a la plata. Gracias a Interbank, que tantísimos años está apoyando al Patronato Plata del Perú”.

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Romy Chang

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