María Teresa Bomboí es vicepresidenta de la Fundación Pachacútec y científica.
María Teresa Bomboí es vicepresidenta de la Fundación Pachacútec y científica.

Soltera, no se ha casado, no ha tenido hijos. Así describe su independencia, su a los 66 años recién cumplidos.

Fallecieron sus padres, y la libertad tomó otro vuelo: devolver lo que había recibido en la vida, ayudar al prójimo. Era investigadora científica, primero sobre contaminación de agua y durante largo tiempo dedicada a la contaminación atmosférica. En sus vacaciones, que trataba que sean las más largas, viajaba a otros países para unirse a acciones de voluntariado. Pero no era suficiente. India, Etiopía, Tanzania, Líbano sellaron ese compromiso. La próxima parada sería el Perú de 2018. Meses después, ya en 2019, formalizó su permanencia y asumió la vicepresidencia de la , organización que ayuda a niños y jóvenes desde hace 19 años.

El padre fue gestor, emprendedor. La madre diseñadora de ropa. A los 18 años, la hija, María Teresa Bomboí se fue de casa. Dejó Valencia y partió a . Otra vez la determinación y la libertad de buscar su destino. O estudiaba Química o estudiaba Farmacia. Eligió lo segundo, pero dedicada a la parte de química. Finalmente, la ciencia y el sentido de ayuda. Finalmente, Lima, La Punta, donde vive y desde donde recuerda Valencia, otra ciudad frente al mar. “Soy feliz aquí”, asegura y ríe.

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-¿Por qué venir al Perú?

Yo tenía familiares, había estado otras veces. En la última semana de febrero de 2019 estaba a punto de regresar a España –y mi idea era luego irme a otros países como Polonia, Albania– y conocí la Fundación Pachacútec, la vicepresidenta iba a dejarla. Surgió una conversación... “¿Por qué no?”. Tengo fe y sentí que Dios me decía: “Tú”. Me fui a España dos meses, organicé todo y me vine desde mayo de 2019, que asumí la vicepresidencia de la fundación.

-Sin embargo, el mundo vive un momento crucial para los científicos. ¿No se arrepiente de su decisión?

Yo sentía que Dios me pedía estar al lado de las personas para que puedan experimentar que alguien les quiere y que Dios también les quiere porque hay una persona que les puede ayudar, les puede hacer reír, dar de comer. Llegó un momento en que sentí que tenía que dejar la ciencia.

-Usted tiene muy presente a Dios. Pero se cree que la ciencia y Dios están divorciados.

En lo absoluto. He sido científica toda la vida y tengo fe desde muy joven. Es verdad que a veces he tenido crisis de fe, pero pienso que Dios quiere la vida muchísimo y los científicos están para defender la vida, la ciencia y el medio ambiente.

-¿El que cree en la ciencia puede creer en Dios?

La mayor parte de las veces, los científicos no pueden entender cómo se dan todos los procesos. Hay cosas que no se entienden científicamente y eso te lleva a pensar en Dios. Tantísimos científicos que eran ateos, con las investigaciones han dicho: “Tiene que haber un ser superior que haya dado lugar a esto”.

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-¿Es posible aplicar su formación científica al momento de dirigir una organización como Pachacútec?

Se trata de intentar ayudar a la población de Pachacútec, de 400 mil personas. Gracias a sacerdotes, empresarios, misioneros y con el apoyo del obispo del Callao se consiguieron unos terrenos que dio el gobierno.

-¿Ha sido complejo desarrollar el trabajo de la fundación en pandemia?

Entre mayo y junio estuvimos a punto de cerrar. Con la ayuda de Dios hemos terminado el año. Y aparte de la docencia, hemos hecho mucha actividad social. Todos los días hemos elaborado 200 canastas de 16 kilos de alimentos no perecederos. Hemos entregado 12,500 canastas. Y luego hemos elaborado, con la ayuda de Gastón Acurio y sus profesionales, 8,400 almuerzos durante cinco semanas para el Hospital Carrión del Callao. Y a partir de junio, como nos quedaba donación, abrimos las instalaciones del comedor y hemos cocinado hasta el 19 de diciembre a razón de 300 almuerzos diarios. He ido todas las semanas a Pachacútec y ver la necesidad de las familias y la ayuda que hacíamos valía la pena.

-Pero podría estar más cómoda en España siendo investigadora científica.

No. Doy gracias a Dios porque me tiene aquí.

-¿Y, a nivel docente, qué han podido desarrollar?

Tenemos un colegio con inicial, primaria y secundaria. Luego tenemos un centro de formación profesional con estudios de peluquería, bartender, etc. Y luego tenemos un instituto, que en 2020 conseguimos el licenciamiento por el Minedu con carreras superiores por tres años y medio.

-¿Para este año tienen asegurada la permanencia o hay el riesgo de que cierren?

Hemos cerrado bien el 2020. Ahora estamos haciendo un curso de formación previa y pensamos que, de momento, podemos arrancar. Las empresas están para apoyarnos. Nuestra idea es arrancar en marzo. Los niños, niñas y jóvenes vienen de una realidad a veces muy dura, porque a lo mejor no tienen familia, no tienen mamá ni papá, tienen que trabajar. Y muchas veces no saben ni estudiar. Por eso tenemos un equipo de tutores, psicólogos, sacerdotes. El lema de la fundación es “Cambiamos vidas”. Tenemos el 90% de inserción laboral. Y me ha cambiado la vida, porque me ha hecho persona.

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-¿Su trabajo como científica y ahora en la fundación tienen algo en común?

La ciencia siempre está para ayudar. Un país, cuanto más científicos tiene y más apoya a la ciencia, más riqueza tiene. Y eso es lo que tienen que hacer los políticos: invertir en investigación, desarrollo e innovación.

-¿El Perú la ha tratado bien?

Me gusta todo. La gente del Perú es muy acogedora, muy cariñosa, muy agradecida. Tienen valores que en Europa se han perdido mucho. En Europa hay más frialdad. Todo lo demás es subsanable. En la vida lo más importante son las personas y la vida, lo demás es accesorio.

AUTOFICHA:

- “Me llamo María Teresa Bomboí Mingarro. Tengo 66 años recién cumplidos. Nací en una ciudad que se llama Burriana, en la zona de Valencia, España. Luego me trasladé a vivir a Madrid porque tenía que estudiar y allá me he quedado. Estudié Farmacia”.

- “El doctorado lo hice con un proyecto sobre contaminación de una escuela de ingenieros de caminos de la politécnica. Era un proyecto entre ellos y una universidad de Inglaterra. He trabajado en países con zonas muy pobres y te das cuenta de que lo importante son las personas”.

- “Un científico decía que la pandemia nos ha ayudado porque nos ha hecho más humildes y estoy de acuerdo. Y pienso que nos ha ayudado a saber que al lado tenemos a otras personas, a nuestras familias. Valorar el día a día y lo que tenemos. Pienso que de aquí vamos a sacar muchas cosas positivas”.

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