Malú Privat, artista trujillana de apellido francés que se ha enfrentado a la muerte en distintas formas.
Malú Privat, artista trujillana de apellido francés que se ha enfrentado a la muerte en distintas formas.

Privat luce y suena como un apellido confeccionado exclusivamente para una marca de moda. Es de origen francés, pero ha echado raíces en Trujillo. Y llegó a las pasarelas bajo los nombres de Gerardo y Malú, hijos de un ingeniero pesquero. Su hermano falleció hace tres años y ella hoy lidera el apellido en la moda.

Primero aprendió a tejer con palitos, cuando era estudiante de segundo grado de primaria. Su primera pieza fue una chalina para su padre. El siguiente paso fue aprender a usar la máquina de coser. El arte en sus manos solo se interrumpió cuando decidió estudiar Psicología. Pero volvió. Hoy no solo es diseñadora de modas. Ha incursionado en el como directora de arte. Fue parte del filme Mundo gordo y acaba de empezar el rodaje de la película Prohibido salir. Ambos junto a su pareja, el cineasta Sandro Ventura.

Cada vez que nace un sobrino, le teje una colcha. Todos sus sobrinos tienen una del mismo modelo pero diferente color. Le pregunto si ya teje una para su futuro hijo o hija. Ríe y me responde que aún no; mientras tanto, lo intenta.

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-A casi un año de que nos confinaron por la pandemia, ¿cómo llegas: agotada, optimista, enojada, deprimida?

(Ríe). Creo que como todos, un poco confundida y con bastante incertidumbre. A pesar de que han levantado la cuarentena, estamos golpeados. Por ejemplo, en moda, el hecho de que no haya eventos ni celebraciones o reuniones, nos ha afectado bastante y directamente a todas las empresas que tienen que ver con textiles. Creo que las empresas pequeñas como la mía llevan muchos años de esfuerzo y sacrificio, y de la noche a la mañana cerrar no es justo. Nos la hemos ingeniado para mantenernos a flote.

-Entonces, ¿estás enojada o eres optimista?

Tengo líneas alternativas a lo que normalmente se conoce como Privat. Por ejemplo, tengo una línea dirigida a empresas, en la que diseño y fabrico uniformes. También hemos manejado el tema de mascarillas. Estoy tan acostumbrada a no recibir ayudas del Estado y a resolver las cosas sola que fue algo normal buscar la solución en pandemia.

-Cuando tu hermano falleció, tu esposo estaba grave y finalmente partió, ¿se aprende a lidiar con la muerte?

Entre el año 2015 y 2018, falleció también mi abuela, quien fue la que me crio; luego falleció mi esposo y de ahí mi hermano. La palabra resiliencia funciona muy bien en este caso. En el caso de mi esposo, sabía que iba a llegar y que tal vez era lo mejor porque él no la estaba pasando bien. Por eso hay que decirles a nuestras familias lo que sentimos, vivir el día a día, disfrutar. Eso de que “después lo hacemos” o “después nos vemos” definitivamente no va. Y hay que tener cerca a las personas que sumen, que te hagan bien.

-A veces somos soberbios con la muerte.

Sí y la verdad que está más cerca de lo que creemos. Creo que esta pandemia nos ha hecho reaccionar: no hay dinero que valga ni conocimiento que valga; cuando te toca, te toca.

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-¿Pensar en moda es importante en medio de una pandemia?

La moda está muy relacionada a lo frívolo. Pero la moda tiene que ver, incluso, con la salud mental. Mi trabajo influye mucho en las personas para que puedan estar con un mejor ánimo. La ropa es como un arma que llevamos a la guerra; eso definirá cómo nos ven, cómo nos tratan, cómo nos vamos a sentir. La moda en sí no es vestidos y pasarelas; la moda está en todo. Y hay que tener en cuenta a las personas que están detrás, porque es una industria bastante grande de la cual dependen muchas familias.

-Una de las críticas hacia la moda es que no incluye, por ejemplo, a personas con exceso de peso.

Tengo piezas que van de la XS hasta la doble XL; y en algunos casos, dependiendo de las clientas, hago las prendas a medida. Se trata de encontrar qué es lo mejor para cada persona.

-Sin embargo, vemos catálogos solo con modelos espigadas, que refuerzan un estereotipo.

Ya no tanto, en realidad. Ahora en mi marca manejo tallas más grandes. Se trata de diseñar para todos los cuerpos.

-¿Ya se ha erradicado el pensamiento de que la moda es solo para mujeres?

Acá en Perú, en realidad, todavía los hombres no están acostumbrados a cambiar e invertir en ello.

-¿Al hombre peruano le cuesta ser atrevido en su vestir?

A partir de los 40, 45 todavía están acostumbrados a que la esposa les busque la ropa. Pero las nuevas generaciones se preocupan más en el vestir, en invertir en ropa.

-¿Para estar a la moda hay que tener dinero?

Se trata de tener cosas básicas, conocimientos básicos y listo. Puedes tener seis cosas en el clóset, pero solo hay que saberlas combinar y haces que parezca que tienes 30 cosas. Hoy hay muchísimas opciones. No tiene que ver con la billetera que uno tenga. A pesar de estar en este mundo de la moda, es más importante cómo te haga sentir alguien o algo que te pones a cómo me ve el resto. De nada sirve que te pongan una ropa de un modelo o color si no te gusta, porque lo que proyectarás es que estás incómodo e inseguro.

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-Me cuentas que tejes una colcha para cada sobrino que nace. ¿En qué momento te tocará hacerlo para ti?

Estamos en el intento (ríe). Tenemos más de dos años y medio de relación con Sandro. Estaba embarazada y en agosto del año pasado tuve una pérdida, casi me muero. Y encima, tuve COVID. Una locura. Entré a la sala de operaciones con 8 de hemoglobina. Pero ahora Sandro dirige una película y yo hago la dirección de arte. Estamos empezando a reactivarnos.

-Entonces, vuelvo a la pregunta del comienzo: ¿cómo llegas a este tramo de la pandemia?

Con experiencia. No cambiaría nada de lo que me pasó; ha hecho que aprenda a reaccionar, a tener paciencia, ser consecuente y a disfrutar cada momento y a las personas que tienes al lado.

AUTOFICHA:

- “Mi nombre es María Lucía Privat Dextre, pero me dicen Malú desde muy chica. Casi no volteo cuando me llaman María Lucía. Nací en Trujillo, el 1 de noviembre del 86, tengo 34 años. Acabé el colegio y estudié Psicología. Luego llevé cursos vinculados a la moda”.

- “Gerardo y yo empezamos juntos, solo que yo no era la figura pública. Siempre me encargué del taller, de las finanzas, de todo lo que tenía que ver con producción. Ese era el acuerdo interno. Yo estaba en el taller, hacía los vestidos, estaba en tienda. Así fue”.

- “La colección de invierno ya la tengo bastante avanzada. Será una colección completamente bordada. La vengo trabajando desde el año pasado; felizmente, tengo un equipo lindo. Y también tengo un programa en YouTube, que se llama El taller de Malú, incluso fue comprado para cable en México”.

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