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Maki Miró Quesada: "Estamos en una especie de trampa que es la famosa corrección política"

Autora del libro 'Memorias de una transgresora' será columnista de Perú21 desde mañana, todos los domingos. Antes conversamos con ella.

Maki Miró Quesada

Maki Miró Quesada afirma que el Perú "está bien huérfano", que es un "país enfermo". (Fotos: Juan Ponce).

Maki Miró Quesada afirma que el Perú es un "país enfermo". (Fotos: Juan Ponce).

Juan Ponce

Mijail Palacios

La Patagonia abarca Chile y Argentina. Ella vive del lado argentino, al norte. Rodeada de bosques, ríos y lagos, su casa está a 20 minutos del pueblo, sobre una meseta, cerca de la cordillera, cerca del cielo. “Es bien salvaje”, me dice telefónicamente e imagino cómo se dibuja una sonrisa de satisfacción en su rostro.

Antes de que empezara a nevar en la Patagonia, Maki Miró Quesada cultivaba rosales por la mañana y escribía por la tarde. Hoy sigue haciendo lo segundo, concentrada en su cuarto libro y en las columnas dominicales que, desde mañana, publicará en Perú21, bajo el título After Party.

De niña vivió en Panamá, estudió en Suiza, se recibió como profesora en Francia; luego vinieron Ginebra, Nueva York y París. ¿En qué momento se encontró con el Perú? Asegura que su vínculo con el país que la vio nacer, en la avenida Arequipa, es afectivo. “Como con la gente que quieres, que puedes dejar de verla mucho tiempo, pero eso no cambia mi conexión ni el sentimiento”, explica la autora de Memorias de una transgresora (Melquíades, 2018), pero también afirma que el Perú es un país enfermo y por eso ella se hace la pregunta: ¿Y ahora qué?

¿En qué episodio te reconociste, por primera vez, como peruana?
Cuando regresé sufrí muchas decepciones, porque encontré una sociedad muy pacata, cerrada, encerrada. Me fui a los 11 y volví a los 21 años de edad. Eran los años 60. Yo venía de un mundo libre, donde podías decir lo que querías. Vivía en un pueblo de Suiza, viajaba a Francia para dar mis exámenes. Tomaba trenes, sola. Eso en el Perú no existía. Pero mi descubrimiento con el Perú viene a través de la política, con Fernando Belaunde y Acción Popular. Venía de una familia politizada, pero no encontraba cómo canalizar lo que quería. Entonces, me inscribí en el partido y participé activamente en campañas. Era mi escape a lo cotidiano.

¿Y alguna vez fantaseaste con la posibilidad de ser la primera presidenta del Perú?
Jamás, olvídate. El poder no me interesa, me interesa el servicio. Tengo una vocación de hacer algo en lo cual pueda contribuir a cambiar las cosas, aunque sea de una forma pequeña. Detesto las cosas mal hechas y en el Perú lo que veo es no solo un enorme desperdicio de recursos, sino también de tiempo, una falta de gestión brutal, que me molesta porque tengo una educación muy cartesiana. Es frustrante y al mismo tiempo es un reto. En el Perú hay mil cosas por hacer y me he abocado más a la parte cultural, a través de mi vínculo con el MALI.

¿Es cierto que de pequeña tus juguetes eran los libros?
(Risas). Leía todo, siempre fascinada con los libros. Yo estaba en una biblioteca medieval en Praga y entrabas ahí y era como ingresar a un templo. Es impresionante. Ahora estoy leyendo un libro que se llama Un oficial alemán en el París ocupado. Los diarios de guerra 1941-1945. Leo cosas sobre guerra, biografías, porque la realidad siempre supera a la ficción.

¿Hubieras querido ser parte de ese momento histórico?
Es la última gesta épica, había una amenaza mundial, llegaron los americanos al rescate. Algo muy épico que no lo veremos jamás. Murieron millones de personas, por eso el tema del Brexit me preocupó mucho. He vivido en Francia 13 años y recuerdo cuando iba hacia Holanda en tren y entendía que eso era ser europeo: ir de Francia a Holanda sin fronteras ni pasaporte. Esta gente ha logrado algo extraordinario, viven en paz varias décadas y tienen los euros acuñados en distintos países. Es algo de lo que los movimientos separatistas no se dan cuenta.

¿En Latinoamérica cuán lejos estamos de ello?
En el Perú no nos podemos entender ni con los chilenos, pese a tener tanto en común. Estoy sumamente frustrada y mi primera columna en Perú21 trata sobre eso. El Perú es un país donde hemos perdido cinco presidentes al hilo. Es una catástrofe, es una sociedad fallida. Estamos enfermos. Nos hemos equivocado con todos, todos han sido un desastre. Creo que el Perú está bien huérfano, lo del Perú es bien grave.

¿Qué nos va a salvar?
Los culpables somos todos. En el Perú si hay una luz roja y no hay nadie que esté viendo, te la pasas.

Ahí empieza todo.
Ahí se jodió el Perú. Todo viene de la educación y los valores. ¿Quién nos queda como referente moral? ¿Quién habla sin agenda?

Nos quedan los cocineros.
(Risas). Sí, son buenos referentes, lamentablemente sus compromisos, que son excelentes, están por otra parte.

Maki Miró Quesada

Maki Miró Quesada

"La mujer tiene que ser mucho mejor que el hombre para poder entrar a la carrera", señala Maki.

Juan Ponce

A propósito de formación, preferiste irte a un internado en Suiza que quedarte con tus padres en Panamá. ¿Contra qué más te rebelaste?
Contra el rol que le asignan a la mujer en América Latina, que todavía es patético, lamentable. La mujer tiene que ser mucho mejor que el hombre para poder entrar a la carrera.

¿Te has preocupado por ser la mejor?
Me he preocupado por hacer lo mejor posible en cualquier tarea, desde lo más sencillo, buscando la excelencia.

¿Qué dirías que hiciste mal?
Me tardé mucho en liberarme de un montón de cosas, que no afirmé mi vocación lo suficiente cuando tenía 17 años.

Me comentabas que tu hermana te hizo recordar la eventual dureza de tus palabras. ¿Dirías que así como es una virtud, a veces se escapa de los manos y nos saca la vuelta?
O lo pueden hacer las redes sociales antes de que tú mismo lo hagas. Hoy estamos en una especie de atrapa tontos, una especie de trampa que es la famosa corrección política y nos hemos metido en una camisa de fuerza todos, porque hay mucho miedo a decir lo que uno piensa realmente. Como me dijo un amigo, la irreverencia es la forma más perfecta del respeto.

¿La columna que publicaste en El Comercio ‘Las cosas como son (y como fueron)’ pretendía ser irreverente? Fue señalada, incluso, como discriminadora.
Se buscó hacerme daño y bajarme de la embajada argentina. Esa columna fue citada fuera de contexto. Si sacas una frase solamente, te sacan de contexto. Me dijeron pituca, racista, que no merecía vivir. Yo nunca me he sentido superior a nadie.

¿Apellidarse Miró Quesada y tener comodidad económica también son como piedras pesadas que cargar?
No. Para nada. La única piedra pesada que cargué con mi apellido fue cuando regresé al Perú con 21 años y me enteré que había todo un sector del país que nos odiaba. Yo no tenía ni idea. Cuando decía mi nombre, o había una reacción muy complaciente para agradarme o una reacción muy dura. Y yo no había hecho nada. No me gustó cargar con la mochila de una historia que no era la mía, yo quería mi propia historia.

¿En Memorias de una transgresora te has encontrado?
He encontrado que en el Perú la gente se ha acercado a mí de una forma muy distinta, con mucho respeto y cariño, como me gustaría ser tratada, de igual a igual, pero con cierta deferencia, que no es fruto de un apellido sino porque sienten que me conocen más o que descubren que no soy como pensaban que era.

Vargas Llosa te llamó colega.
Me sentí muy bien. Y mira que ha sido un libro que salió contra viento y marea en el Perú. Nadie lo quería tocar, porque no querían líos con los Miró Quesada.

Así como Astrid Martineau, en tu segundo libro Social Climbing, ¿lograste tener todo lo imaginado o qué te falta?
Uy no, qué va. Estoy casi 13 años en Patagonia y lista para una nueva aventura. Acaricio el sueño de pasar un tiempo en alguna capital del mundo donde no haya vivido nunca, que me ofrezca galerías, cines, librerías. Me falta un poco la ciudad. Y ciudades grandes en el mundo hay tres: París, Londres y Nueva York, que te ofrecen diversidad racial y étnica.

¿Te sientes más ciudadana del mundo que peruana?
No. Me pones en Singapur y seré la mujer más desgraciada de la tierra. No tengo ninguna curiosidad por China. Soy ciudadana de ciertos países donde tengo preferencias culturales.

¿Ya comprendiste al Perú?
(Risas). No. Mira, hay un Perú que me encantaría conocer, que no conoceré nunca. El Perú que se muestra en Retablo, peliculón. Ese mundo andino, conmovedor, impresionante, precioso. Nunca lo conoceré y nunca será mío.

AUTOFICHA:
“Soy María del Carmen Miró Quesada Arias. Y no me provoca decirte mi edad (risas). Nací en la avenida Arequipa, soy bien limeña. Estudié para ser profesora, pero fui pésima, malísima. Yo quería ser escritora, pero no se me ocurría cómo llegar ahí. Mis 20 años en Luces de El Comercio me dieron oficio para escribir”.

“Espero que cada columna que publique en Perú21, además de cierta dureza e irreverencia, encierre un mensaje de una aspiración de ser mejores, marcar un derrotero, que se puede hacer las cosas bien. Yo creo que el Perú es mejor que su realidad política y la corrupción”.

“He empezado a escribir un libro, que se sitúa en el Perú, al sur de Lima, por Cañete, Chincha, en una hacienda algodonera, por la época de la Reforma Agraria y cómo eso cambió la vida de quienes ahí vivían. Es un relato bien íntimo con tres personajes en este contexto gris y cómo se desmorona esta familia”.

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