Luis Jochamowitz: "Los youtubers tienen una escala que ningún autor de alta cultura va a tener"

Conversamos con el autor de 'Ciudadano Fujimori', a raíz de la publicación de su último libro de relatos 'Papeles fantasma' (Planeta). 

Luis Jochamowitz

Luis Jochamowitz acaba de publicar 'Papeles fantasma' (Planeta), libro de relatos. (Perú21)

Luis Jochamowitz acaba de publicar 'Papeles fantasma' (Planeta), libro de relatos. (Perú21)

Mijail Palacios

El autor de 'Ciudadano Fujimori' vive entre Mala y Lima. La mitad de la semana la pasa en su chacra y la otra mitad en su casa de Chorrillos. En Mala siembra huarangos, escribe y lee en medio del silencio. En Lima, da entrevistas. 

Estamos en una habitación alumbrada por dos focos débiles y la luz de una mañana gris que ingresa por una enorme ventana. Son las 9 a.m., pero parece que estamos en el umbral de las 6 de la tarde. 

En la mesa de centro, tan vieja como las paredes y las puertas, reposa la cajetilla de cigarros Inca, sin filtro, que Luis Jochamowitz consumirá sin descanso. Pero también una grabadora y los papeles con las preguntas para esta entrevista. Nos recibe así en su casa, donde parece vivir en el pasado, pero donde hablamos también del presente.

Papeles fantasma

Papeles fantasma

Papeles fantasma

Operas entre la ficción y la no ficción, entre la coyuntura y la historia. ¿Es posible estar en todos esos territorios a la vez o solo eres un periodista que hace literatura?
O un escritor que hace periodismo. En un principio, mis intereses de ficción y no ficción no tenían solución. Eran dos lenguajes, dos ánimos, dos actitudes al escribir. Y eso no me gustaba. Creo que con el tiempo he encontrado un tono, he unificado eso. Quizá aún no del todo y seguirá este tránsito hacia una sola escritura.

¿Se puede ser literario en la forma y periodista en el fondo?
Se puede hacer siempre.

¿Eso es Luis Jochamowitz?
Depende de lo que escribas. Esa descomposición de fondo y forma es útil, pero es como la derecha y la izquierda: existe, es real, pero hay muchos pasos transversales.

¿Papeles fantasma (Planeta, 2018), tu último libro de relatos, es como una liberación?
Es un acercamiento muy lento a un fondo personal, que demuestra mi lentitud. Es una evolución hacia el fin del conflicto entre escritura de no ficción y ficción.

Para un autor que ha escrito sobre crímenes, ¿cómo lees los casos de feminicidio?
La explicación habría que buscarla no en la literatura, sino en la psicología, psiquiatría, economía, antropología. Ahora, sobre los crímenes, el presente o la actualidad no me estimulan literariamente. Los crímenes actuales me parecen sórdidos, vulgares, miserables, no literarios.

¿Cómo es un crimen literario?
Que exprese su tiempo. Cada década tiene un tono, un matiz. Cuando un crimen recuerda los años 20 o hasta el 60, puedo llegar (a interesarme). Porque después comienza a ser actual, pues se mezcla con mis recuerdos. No le encuentro mucha satisfacción a esa literatura que ocurre en el presente, realista, que es el 80% de lo que se escribe. Pero eso es lo que la gente quiere leer, porque busca en la literatura claves de sí misma. Cada vez estoy más convencido de que Papeles fantasma no va a tener ese eco en el lector. Y esta es una reflexión luego de ir a la Feria del Libro.

¿Qué viste en la FIL?
El año pasado no fui y ahora he ido siete veces. Estaba entrando y, de pronto, hubo un movimiento de cabezas y comenzaron a venir como una estampida. Ciertamente, no era por mí. Eran chiquillos. Averigüé que era por un youtuber, un booktuber o influencer. ¡Eso es tan nuevo! Antes eran los poetas las estrellas, ahora ni los invitan. Hoy los youtubers tienen una escala que ningún autor de alta cultura va a tener. Aparecen nuevos tipos de autores, desde la autoayuda hasta la no ficción. Los periodistas están en alza. Los gustos van cambiando. Me temo que en cinco años los cuentistas van a desaparecer, los novelistas estarán al final de la cola. Y adelante estarán muy claramente los youtubers, la feria será para ellos.

Te propongo analizar a tres ‘figuras’ de la actualidad. Empecemos por el alcalde de La Victoria, Elías Cuba, quien cayó con toda su pandilla.
(Risas). En 50 años podría ser un personaje interesantísimo. Creo que es la primera vez que están cayendo antes de las elecciones municipales. Es asombroso.

Otro personaje es el magistrado César Hinostroza.
Transmite una sensación de dureza, astucia. No entiendo esta mirada estrábica ante los audios sobre si hay delito o no. Eso se lo dejas al fiscal. Lo interesante de los audios es la cultura, el lenguaje, las actitudes, los pensamientos. Los audios han causado efecto no porque se vea el delito, sino porque vemos cómo actúan.

Y se llega al éxtasis cuando ves a Hinostroza que sigue dando entrevistas y, al mismo tiempo, continúan saliendo audios de él. Es una locura.
(Risas). Es indestructible, es una cucaracha. Y ahora casi podemos anticipar el próximo audio. Es una cultura en la que convivimos.

¿Es signo de que nos estamos acostumbrando?
No es exacto, hay reacción. Ahora, quizá esa reacción no sea por las mejores razones. En el fondo tal vez quisieran ser ellos los que recojan todos esos premios. Sienten una especie de envidia: ‘A mí no me toca eso’.

Y el otro personaje ‘curioso’ es Oviedo. Ha logrado el éxito que todo el país ha esperado durante 36 años y ahora es mencionado en los audios.
Es el adalid de lo que se llama “el emprendedor”. Esos mitos de pacotilla, pero muy poderosos, en donde se incineran las multitudes. Hay millones de personas que creen en eso y hacen enormes sacrificios. Quizá habrá cinco o diez que lo logren. Pero la mayoría se va a incinerar. Lo va a ver muchos años después. Le va a suceder lo mismo que a los emprendedores literarios.

¿A los 65 años de edad ya se hacen balances de lo hecho?
Tienes más claros los siguientes pasos, quizá. No soy un autor de sentarse a escribir con horario ni que está en una trayectoria.

¿Alguna vez te interesó la trayectoria?
Debe ser, porque vivo en el mundo. Pero no tengo ningún interés en el futuro. Los mejores años son cuando eres menos consciente de ti mismo.

AUTOFICHA:
“Nací en Lima, en Miraflores. Estudié en La Inmaculada, con los jesuitas, que no deja de ser importante en la formación. Pero soy agnóstico. Estudié Letras en la Católica, luego me pasé a San Marcos. No terminé nada. Pretendí estudiar Historia. Y fui muy mal alumno en el colegio, el último”.

“Empecé en La Crónica en un suplemento cultural y de ahí pasé a Caretas. Y casi no hay más que decir. Cuando empecé a escribir libros, encontré que era una alternativa económica factible. Hoy tengo varios libros que debería hacer y que, incluso, ya están investigados”.

“(Para un libro) hay un personaje del siglo XIX que se llama Fernando Casós, el político corrupto. Y otro libro sobre Zoila Aurora Cáceres, feminista. No haría la segunda parte de Ciudadano Fujimori. Lo tiene que hacer un joven. Pero me hubiera gustado escribir sobre Cipriani, pero hubo muchas resistencias”.

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