Leonardo Salazar (32) aprendió a caminar por segunda vez a los 24 años. Se rompió el tobillo y tres dedos del pie izquierdo saltando en una rampa con su skate y desde ese momento se demoró seis meses para volver a caminar y ocho para volver al skate.

Salazar empezó a montar skate a los 12 años en su barrio de Los Olivos cuando los skateparks no existían en Lima. A esa edad, él ya sentía la necesidad de salir de Los Olivos montando el skate para buscar lugares donde se pueda hacer trucos con él. Iba desde Lima Norte hacia los distritos del sur y volvía con nuevos trucos para probar. En su adolescencia, Salazar se reunía con sus amigos en un espacio al lado de la municipalidad de Los Olivos y planeaban su visita a 'La Cachina' para comprar tubos y maderas para fabricar sus propias rampas y obstáculos. Unos años más tarde abrirían el primer skatepark moderno de Lima en el malecón del distrito de San Miguel. Desde donde se mire se estaba convirtiendo en un propulsor del skateboarding en la capital.

Miembro de una familia de futbolistas, Leonardo Salazar tuvo al fútbol como el deporte madre desde pequeño. Su padre y hermano, este último ex jugador de la selección peruana, le planteaban un futuro como futbolista profesional.

LA VOCACIÓNA los 19 años, Salazar partió a Santiago de Chile para su primer campeonato profesional. Ya había ganado muchos otros amateurs y era hora de ir por lo grande. Quedó en el puesto 24 de más de 100 competidores de todo el continente. Se especializa en la modalidad mejor truco o best trick tal vez por el largo entrenamiento que en su adolescencia tuvo buscando todos los días lugares donde los obstáculos le representen un problema. Salazar encontró en los torneos de best trick un obstáculo que lo divertía. Leonardo Salazar tiene pensado hacer su propia marca para skaters. Quiere encontrar gente tan apasionada como él en el skate y es tal vez por esa razón que, al recuperase de la caída que lo hizo estar fuera de los skateparks ocho meses, regresó más entusiasta. "Volví con más fuerza, pensé que me iba a dar miedo, pero entré con todas las ganas", dice Salazar con la emoción de quien ha encontrado una solución a un gran problema.

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