Lautaro Arrau: La soledad del arte al límite de la cordura

El artista presenta este miércoles su primera muestra individual de pintura y video 'F-20, solitario como un esquizofrénico' en el Centro Cultural Ricardo Palma. Exposición va hasta el 28 de febrero. 

Para combatir sus crisis, Lautaro Arrau (Lima, 1961) ha recibido medicamentos que posteriormente fueron prohibidos por causar daño neuronal irreversible. El Haldol es el más fuerte que recuerda, porque le hacía ver insectos en su cabeza. Diagnosticado de esquizofrenia paranoide a los 21 años, es sobreviviente de una generación de pacientes que recibieron electroshocks y fármacos de graves efectos secundarios. Este miércoles inaugura su primera muestra individual de pintura y video, 'F-20, solitario como un esquizofrénico', en el Centro Cultural Ricardo Palma.

Arrau dice encontrarse actualmente en reconstrucción. Hace más de 21 años no ha experimentado las crisis que lo habían llevado a deambular sin ropa por las calles, por las que fue internado numerosas veces en el Larco Herrera. Su muestra reúne casi 100 piezas en témpera, óleo y óleo al pastel. Se trata de una selección de los 150 cuadros que ha pintado entre 2016 y 2017.

Su trazo enérgico muestra su gusto por lo ingenuo, por la impronta infantil. Le interesa lo lúdico, reformular los episodios de su vida y los paisajes urbanos y costeros de Lima. Experimentó su primer cuadro de esquizofrenia tras la muerte de su madre a causa del cáncer. Antes de ello, era un joven despreocupado que fumaba marihuana y corría tabla en la Costa Verde. “Si mi mamá hubiera vivido, no habría tenido este problema”, dice.

Su marca son los tonos fuertes, provocativos. Fue alumno libre en Bellas Artes y aprendió el manejo del color de manos del singular Víctor Humareda, a quien llevó a su taller en 1982. A cambio, le ofreció su colección de música clásica y revistas Playboy. Se perdió un cuadro que pintaron juntos.

Su enfermedad ha limitado su labor artística. Sus estudios fueron interrumpidos por periodos de internamiento y, al regresar, los fármacos le dejaban temblores en las manos. Además, su obra creada entre los 20 y 50 años está desperdigada. Hoy se mantiene estable con Olanzapina, antipsicótico que le permite trabajar in situ con resultados rápidos. Ha llegado a pintar un cuadro por día.

Lautaro Arrau

Lautaro Arrau es sobreviviente de una generación de pacientes de esquizofrenia que recibió electroshocks y fármacos de graves efectos secundarios (Luis Centurión).

Arrau en su habitación del local de El Agustino de la Iglesia Evangélica Peruana, donde vive. Es un cuarto sin ventanas (Luis Centurión).

Luis Centurión

ARTE Y MARGINACIÓN
Su soledad ha adoptado distintas formas. Fue abandonado por su esposa en 1999, quien se llevó a sus hijos a España cuando eran niños. Además, no puede tener cuenta de ahorro ni mover sumas elevadas pues su DNI lo presenta como discapacitado mental. Vive en un pequeño cuarto sin ventanas de una iglesia evangélica en El Agustino. No ve televisión hace ocho años y su radio a pilas no capta la emisora de música clásica que solía escuchar.

Con 11 certificados de estudios religiosos, debería ser nombrado anciano en su iglesia y recibir ingresos, pero también se topó ahí con la marginación. “Tomas pastillas porque no tienes fe”, le han dicho.

Se sostiene con obras por encargo. Trabaja ahora en un retrato de Velasco Alvarado, cuyo rostro piensa pintar de amarillo o rosado. Aun en esas piezas, señala, puede impregnar su sello, su subjetividad.

Tras morir su padre, perdió la cobertura de su seguro y no podía costear uno propio. Ahora está en el SIS y, opina, la situación de los discapacitados mentales es precaria en el Perú.

Es así que su arte se nutre de su experiencia vital. A principios de 2017, lanzó al Rímac el álbum de fotos de su familia. En un grupo de cuadros reformuló el momento: al río cae una botella con el mensaje “Sálvenme”, que llega hasta la Costa Verde. Es la serie 'La Botella'.

Siempre cerca del arte, a sus 25 años cantaba en una banda de dark-rock que nunca tocó en público. El baterista murió por sobredosis de heroína y el guitarrista de un paro cardiaco a causa de la cocaína. Él probó las drogas, no como búsqueda, sino por autodestrucción.

Quiso suicidarse en el 87, perdido en un círculo vicioso entre la lucidez y la inconsciencia. Asimismo, vio a compañeros embrutecerse con las terapias de electroshock en el Larco Herrera. Sin embargo, opina que su vida no ha sido ni más ni menos trágica que la de cualquier discapacitado mental.

Cesadas las alucinaciones, quiere escuchar las voces de sus hijos, aunque sea un sueño lejano. “Quiero recibir una invitación de ellos para ir a verlos. Aparte, no sé si el psiquiatra me dé permiso. ¿Y si me da pánico en el avión? Es un largo viaje, nada es seguro”, expresa.

Datos:
- La curaduría de la muestra está a cargo de Jorge Villacorta. Presenta distintas series, como 'La Herradura', 'Gladys' (referente a su primera experiencia sexual, antes de su primera crisis), 'La Botella'.

Resalta la serie 'El Rey David'. En ella, Arrau reinterpreta la vida del personaje bíblico. Usa óleo pastel para lo figurativo y témpera para lo abstracto.

- Su padre fue el dramaturgo Sergio Arrau (1928-2017). Su tío fue el pianista Claudio Arrau (1903-1991), famoso por sus interpretaciones de Beethoven.

- Arrau ha podido tener su primera cita psiquiátrica con el SIS. Sin embargo, considera que la situación de los discapacitados mentales es precaria en el Perú.

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