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Karen Luy de Aliaga: “Salir del clóset es una tarea de todos los días”

“Quise estudiar literatura y me dijeron que estudiara algo que dé plata, y ‘luego lo que quieras’", cuenta la escritora.

Mijail Palacios

De niña escribió un primer poema a la paz. Y hoy, a los 40 años de edad, escribe contra la violencia. Compórtense como señoritas (Narrar, 2019) es un libro versátil: puede ser uno de relatos casi personales, un manual de cómo salir del clóset, una novela breve, un manifiesto o un escudo contra la homofobia. Y Karen Luy de Aliaga, la autora de esas historias alojadas en una discoteca, en la calle, con los amigos, en la familia y hasta en una sala de emergencias de un hospital.

Es el mes del Orgullo LGTB y otra razón para conversar con Karen. Su autorretrato dice que es una “leca que escribe y experta kamikaze”. También se siente chalaca, es publicista aunque no ejerce y sus drogas permanentes son el vino, los perros, el café, la poesía, caminar con los amigos, el teatro. No sabe nadar, pero extraña el mar. Radica en Buenos Aires, hacia donde la llamo telefónicamente para tratar de encontrar alguna respuesta a esta pregunta: ¿qué es peor en el Perú, decir que eres lesbiana o que serás escritora?

Actualmente está tratando de ponerse en los zapatos de un homofóbico. Quiere dibujar esa anatomía y saber de dónde nace todo ese odio. Recordando al escritor chileno Pedro Lemebel, ella habla por su diferencia. Compórtense.

-En el libro escribes que prefieres comportarte como persona que como una señorita.
Desde chica te repiten que debes comportarte como señorita. Y yo nunca he querido encasillarme en nada y, así como va la vida, es más importante mantener tus valores como persona.

-¿Qué es comportarse como señorita?
Desde el hecho de usar obligatoriamente falda en el colegio, que felizmente está cambiando, hasta el maquillaje. También está lo que debe estudiar una chica o a qué debe jugar. A los 40 años, la sociedad me exige completar mi vida con los hijos, con una familia. En el lonche familiar siempre te van a preguntar dónde está el novio, para cuándo los niños, como si fueran nuestras misiones de vida.

-¿Y qué sería comportarse como persona?
Vivir una vida digna y verdadera. Para mí, significa estar fuera del clóset y ser quien soy. Y también estar del lado correcto de la historia con todos estos temas políticos y morales.

-¿Aún cuesta decir quién eres?
Es de toda la vida. Vas descubriendo quién eres, nunca terminas. Es como una constante evolución. Está a muchos niveles: quién eres como persona, como hija, novia, escritora. Es un descubrimiento del día a día. Salir del clóset es una tarea de todos los días. Primeros sales del clóset contigo, luego con tu familia, con la sociedad y cuando cambias de espacio, tienes que volver a salir del clóset. Uno se está conociendo siempre y escribir es parte de eso.

-¿Estás en el lado correcto de la historia?
A veces sí y puede ser que otras no. Al apoyar a toda la comunidad LGTBI, siento que hago lo correcto. No discriminar ni hacer bullying y tratar de visibilizar estas situaciones son lo correcto.

karen

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-¿Qué llegó primero: reconocer tu identidad o el placer por la lectura y la escritura?
Siempre he estado del lado del arte: concursando en pintura, escultura, escritura y mi madre ha guardado todas esas cosas; entonces, cuando he vuelto a leerlas, noté señales de que me gustaban más las chicas que los chicos. Creo que ese arte reflejaba muchas cosas que yo sentía, pero no podía comunicarlas.

-“Una grapa en el parietal izquierdo. 18 puntos de sutura” son las primeras líneas del libro y grafican las consecuencias de la violencia. Pero también hay cicatrices del desamor.
Cuando lo empecé, pensé que estaba haciendo 15 historias cortas distintas y después, vimos de unirlas para que fuera como una mininovela de la vida de esta chica de los 90. Como escritora no hubiera querido que sea un manifiesto, pero al final el último capítulo sí es como un manifiesto. Pero estoy contenta de que sea así; me pareció que necesitaba dar un mensaje potente por esta oleada de homofobia.

-Radicas en Argentina. ¿Cómo ves a la Lima homofóbica?
En Buenos Aires estoy en 2050 en cuestión de derechos y de cómo vivir tu vida en paz como lesbiana. Si caminas en Miraflores, el que se supone uno de los lugares más open mind de Lima, siempre vas a recibir miradas de desagrado. Pero estamos avanzando, las marchas gay son más numerosas y no solo van personas LGTBI.

-¿Qué es peor en el Perú: decir que eres lesbiana o que serás escritora?
(Suelta una carcajada). Con cualquiera de las dos, vas a sufrir. Yo quise estudiar Literatura y me dijeron que mejor estudiara algo que dé plata, y “luego estudia lo que quieras”. Y cuando dije que era lesbiana, me dijeron que no iba a llevar a nadie a la casa y que cuando acabe la carrera, estudie lo que quiera y gane mi plata, podría hacer lo que me dé la gana.

-¿Así como en el libro, fue cierta la distancia con tu padre?
Sí, todos la pasamos mal cuando salimos del clóset. Pero visibilizar sirvió mucho para que mi familia entendiera que las lesbianas no somos de otro mundo, sirvió para que mi familia cambiara, que ahora es súper unida.

-Compórtense como señoritas cierra con un texto sobre aceptar la vida bailando. ¿Cómo se baila pese a todo?
Hay una frase que me gusta de Valdelomar: “Yo no me eduqué con libros, sino me eduqué con crepúsculos”. Es donde yo más pude refugiarme: cuando sales del clóset, la pasas mal y tienes a tus amigos, que es tu familia escogida. Te refugias con tus amigos y te vas a espacios seguros, que son las discotecas, los bares, el teatro, el cine, las bibliotecas. Compartir con alguien que no te va a juzgar, hablar de todo. Eso es vivir bailando.

-O como canta Café Tacvba: “El amor es bailar”.
En las calles sientes las miradas, a la gente encima tuyo, la homofobia y la violencia, pasas la puerta de la discoteca y es otro mundo: abres los brazos y te sueltas las trenzas. Eres tú por unas horas.

AUTOFICHA

-“Soy Karen Luy de Aliaga. Tengo un segundo nombre, pero no te voy a decir (risas). Con las justas me identifico con el primero. Tengo 40 años, nací en San Isidro, pero viví toda mi vida en el Callao, donde veo las olas gigantescas y me cuesta un montón meterme, pero me encanta que sea difícil el mar”.

-“Estudié y me licencié en Publicidad en la UPC, pero no la ejerzo. Luego estuve en el taller de escritura creativa de la Universidad Católica con Iván Thays y Alonso Cueto. Y ahora estudio, en Argentina, la maestría en Escritura Creativa, desde agosto del año pasado”.

-“También me gusta mucho la poesía (ha publicado los libros de poesía Mudanza y 2472 kilómetros al norte) y estoy tratando de retomar de manera personal ese camino, aunque formalmente seguiré por la ruta de la narrativa y ahora estoy tratando de entender la anatomía de los homofóbicos (para un libro)”.

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