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Juan Medrano Cotito: “Solo queremos escuchar lo antiguo y no vemos lo que pasa con los nuevos grupos”

“Ganamos premios, pero, ¿escuchas si algo de lo nuevo está en la radio? Nuestra música se desarrolla en espacios reducidos”, señala el percusionista y compositor.

Mijail Palacios

Cotito podría ser el sonido agudo del viento. Cotito podría ser el ritmo alegre de una canción. Cotito podría ser el nombre de un instrumento de percusión. Cotito es el apellido materno de Juan Medrano, la voz del cajón.

De padre chofer “de una familia importante” y madre lavandera y poeta, Cotito narra sus alegrías y tristezas desde la percusión. Y ahora nos habla en Hechicero, su nueva producción, en la que le saca brillo a su faceta como compositor. Álbum que es parte de la colección ‘Perspectivas de la música afroperuana’, producida por el prestigioso músico Manongo Mujica y el sello Buh Records.

Tocó con Susana Baca durante 25 años, lleva 15 años con Novalima y dos décadas con su proyecto personal; nos recibe en su casa de Surquillo. En el medio de la fachada, una reja y, a un lado, un colorido mural de sus padres. “Juan, te buscan”, le gritan desde la vereda y aparece sonriente. Cotito, un pintor de acuarelas sonoras, una máquina de hacer música.

-¿Cómo ha sido la relación con tu madre?
Mi madre es una persona fuerte, muy trabajadora, ha escrito dos libros de poesía. Se llama Margarita Cotito Ciudad, tiene 89 años. Ella escribía siempre, recitaba en el parque Kennedy, tenía un grupo de poesía y conoció a Victoria Santa Cruz, aunque no tuvieron una relación cercana.

-Cuando veías a tu madre escribir, ¿cómo imaginabas tu futuro?
Siempre he estado definido por la música. Ser músico fue la primera opción y el periodismo vino por mi madre. En primaria tocaba el bombo en la banda del colegio.

-Eras el más alto, me imagino.
¡Sí! La característica era esa: el más alto y era negro (lanza una carcajada). Y yo feliz en el bombo, porque me dio textura para después agarrar el cajón.

-¿Y tu madre fue cómplice en la música?
Ella no quería que yo sea músico. Estudié Ciencias de la Comunicación para complacerla. Lo hice hasta el octavo ciclo, cuando empezaron los viajes con Susana Baca y seguí mi pasión. Pero después mi madre se convirtió en mi causa, mi hincha. A los veintitantos años salí a mi primera gira con Susana, a Brasil, y hasta el último no creían que me iba. Me tomé por primera vez un ron con mi papá. Él ya falleció. Y mi mamá me dijo: “Ya, tanto que te vas, te voy a dar un dólar para tu pasaje” (risas). No gasté ese dólar.

-¿Y cómo llega el cajón a tu vida?
En las vacaciones del colegio iba a visitar a mis abuelos a San José, Chincha. Ellos cultivaban el cajón, la danza y la comida, pero de una forma natural, espontánea. Ese fue un primer encuentro y donde fijé mi vocación fue en Surquillo. Yo vivía en Dante, en un callejón y tenía de vecinos a la familia Hurtado, que era una familia musical, jaranera, adonde llegaban personajes de la música criolla. Y el cajón me eligió a mí; lo escuchaba y sentía que me llamaba.

Cotito

Cotito: "La simpleza es la grandeza del cajon". (Marcos Ramón/GEC)

Cotito: "La simpleza es la grandeza del cajon". (Marcos Ramón/GEC)

-¿Qué te decía el cajón?
Que vaya a su encuentro, que lo toque. Cuando conozco a los maestros de la vida en los centros musicales, aprendí.

-En ese diálogo con el cajón, ¿qué te ha enseñado?
Su voz, su sonido. Su forma de expresarse. El cajón empezó siendo un instrumento que los percusionistas solo lo usaban para acompañar el festejo y la marinera. El cajón esperaba todo el show, para ser tocado al final. Pero fue evolucionando. Estamos hablando de los años 50. Cuando el maestro Óscar Avilés introduce discográficamente al cajón, este instrumento se escuchó tanto en el Perú como en el mundo.

-¿Cuál es el potencial del cajón?
Es inmenso. Es un instrumento que no solo se usa para la música afroperuana. Se usa en el jazz, el rock y diferentes fusiones. Su simpleza es la grandeza del cajón.

-Hace poco lo escuché en un bossa nova y parecía una batería con plumilla.
Tiene un rango increíble para hacer cualquier expresión musical. A los africanos que llegaron como esclavos les quitaron los tambores, que eran un sistema de comunicación. Pero la creatividad y necesidad del afroperuano de hacer música convirtió la cajita, que era para los diezmos, en instrumento. El cajón era un objeto para embalaje y fue desarrollándose. El checo era la medida de arroz.

-Es el Mes de la Cultura Afroperuana. ¿Qué toca reflexionar?
Que tenemos mucho que hacer, tanto en el sentido del respeto y la identificación, que sepamos que esta música es de todos los peruanos y no solo de los negros.

-¿Todavía no valoramos lo afroperuano?
Estamos en proceso. Ganamos premios, pero, ¿escuchas si algo de lo nuevo está en la radio? Nuestra música se desarrolla en espacios reducidos. Solo queremos escuchar lo antiguo y no vemos lo que pasa con los nuevos grupos de calidad extraordinaria.

-Y ahora nos traes Hechicero. ¿El cajón también embruja?
En ese disco está plasmada la percusión afroperuana en general. Hemos logrado reunir hasta 10 cajones en una canción, hay homenajes a Julio ‘Chocolate’ Algendones, Manuel Vásquez ‘Mangué’ y Eusebio Sirio ‘Pititi’. El cajón brilla, está en su esplendor.

-Manongo Mujica dice que son como acuarelas de Pancho Fierro.
Sí. Hay una zamacueca dedicada, casualmente, a Pancho Fierro.

-¿Cómo se expresa la fuerza en el cajón?
Está en lo ancestral.

-¿Y la sutileza?
Cuando el músico ejecuta.

-¿Cotito es un brujo?
Si usted lo dice, yo le creo (suelta una carcajada que sostiene varios segundos). Yo soy un hombre que solo trata que la voz del cajón sea más fuerte y visible.

¿Estás en tu mejor momento?
Diría que sí. Es que siento que no hay tiempo y lo tengo que hacer todo. Mi cabeza no para de componer, de producir.

Yo soy un hombre que solo trata que la voz del cajón sea más fuerte y visible.

"Yo soy un hombre que solo trata que la voz del cajón sea más fuerte y visible". (Marco Ramón/GEC)

"Yo soy un hombre que solo trata que la voz del cajón sea más fuerte y visible". (Marco Ramón/GEC)

AUTOFICHA

-“Soy Juan Omar Medrano Cotito. Tengo 58 años de edad. Nací en la Maternidad de Lima. Me crié en Surquillo y Chincha. Soy un autodidacta de la música. Sigo aprendiendo. La teoría musical la he aprendido con profesores como Jorge Madueño y de todos los maestros, como ‘Chocolate’ Algendones”.

-“Lo que más he hecho en mi vida es grabar. Con Susana Baca tengo una treintena de discos, con Novalima otro tanto importante también, con mi proyecto personal están La conexión y Hechicero. He grabado con músicos del mundo. Y siempre escribo composiciones”.

-“Compongo todos los días de mi vida, casi como almorzar y cenar. Alisto muchos proyectos, como grabar mis composiciones instrumentalizadas en sinfónico. Otro proyecto es una producción con todas las percusiones que he tocado en el mundo, con los árabes, americanos, música celta, que ya está en camino”.

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