Juan Carlos Fisher, experimentado director de teatro. (Foto: Vanessa Ferro).
Juan Carlos Fisher, experimentado director de teatro. (Foto: Vanessa Ferro).

Mientras marco el número telefónico de , los medios de comunicación informan que un hombre con cuernos y otro con una bandera supremacista han invadido el Capitolio en Estados Unidos, entre disparos, disturbios y muertos; ellos y otros miles se identifican como seguidores de Donald Trump. Cuando la ficción toma por asalto la realidad. “Eso lo cuentas en una serie, y dirían: ‘qué exagerados, eso no puede pasar’”, dice el hombre de teatro que ha dirigido unas 35 obras, entre ellas las taquilleras Mamma Mia! y Pantaleón y las visitadoras, que en palabras del nobel Mario Vargas Llosa es la mejor adaptación que ha visto de su novela.

El director y el actor –según Fisher, su “muso”– dialogan sobre lo esencial de contar historias. Lo hacen en el taller Versus que empezó el miércoles. La segunda edición va desde el 9 de febrero. Para todas las edades y públicos. Más detalles en o @versustheatro en Instagram.

Responde la llamada telefónica desde Ayacucho, adonde llegó de vacaciones. Días para intentar descansar del 2020, cuando se cancelaron todos sus proyectos, entre ellos cinco estrenos. Y quizás para olvidar que en junio tuvo , al igual que su madre de 64 años. “Todos hemos vivido todo”, dice sobre un 2020 que antes de la pandemia pintaba como el mejor. “Era demasiado bueno para ser real”, agrega.

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-¿Esta pandemia te ha transformado de alguna forma?

Es muy desconcertante. En el teatro estamos acostumbrados a planear con muchísima anticipación porque tenemos que comprar desde los derechos hasta separar las salas. Con algunos actores hay que separar sus tiempos con varios años. Una cosa así sacude completamente tu esencia. Casi he tenido que redefinir mi personalidad, porque sentía que mi personalidad estaba completamente ligada al director de teatro, pero me he tenido que dar cuenta que también está el lado donde no solo soy un director de teatro, sino también persona, amigo, hijo, sobrino (ríe). En los últimos 15 años he estado acostumbrado a vivir relacionándome con la gente, a estar en una sala de ensayos, en una sala con público. Entonces, esa conexión desapareció completamente, pero es algo que tenía que suceder.

-Para Versus mencionas que se abordará lo esencial del teatro. ¿Qué es lo esencial del teatro?

Uno, que te cuente una historia, sobre la cual quizás puedas sacar algo que te pueda servir; y dos, la relación entre los actores y el texto. Lo que buscamos es acercar al público a los conceptos básicos para entender el drama en el teatro, en el cine. Entender cómo se cuenta una historia. Nos provocaba que no sea solo una experiencia para conocedores. Con Rómulo Assereto hemos trabajado tanto juntos, que tenemos desde anécdotas personales hasta visiones diferentes.

-¿El peruano promedio está cerca del teatro o, más bien, alejado?

Es una pregunta bien compleja. En los últimos años el público se ha ido acercando al teatro, pero todavía no llega a ser una costumbre, como en ciudades cercanas, como México D.F. y Buenos Aires, donde el teatro es como una parte esencial de la vida de todos. El Perú es tan grande y complejo, que te podría decir que está más arraigado en los limeños y en algún tipo de limeño. Quisiera que antes de que me muera (ríe), en los próximos no sé... 50 años, se pueda ir descentralizando, que sea costumbre que el público asista. Poder venir acá a Ayacucho, ir a Iquitos, Huaraz, y que el público no le tenga miedo al teatro, que no piense que el teatro es un arte lejano.

-¿Se le tiene miedo al teatro?

Puede haber un prejuicio sobre el teatro. Obras como Toc Toc o Mamma Mia!, que he dirigido, mostraron lo opuesto, porque Toc Toc la vieron cerca de 300 mil personas, y había mucho público que iba por primera vez al teatro; después se quedan con la bonita experiencia. Lo que sucede en una función es único, no se repite nunca más.

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-¿Contra qué te ha enfrentado el teatro?

Depende del momento. A veces contra nuestra realidad política, a veces contra los mismos noticieros (risas). El Perú es tan convulso y cambia tanto... Nuestra realidad supera a las ficciones.

-El hombre almohada se queda chico ante la realidad.

Cualquier obra de las más radicales que he dirigido se queda en nada cuando la comparas con la realidad. La ficción se está quedando corta contra la realidad.

-¿Y contra qué te ha enfrentado personalmente el teatro?

He ido creciendo con el teatro. He empezado cuando tenía 15 años y comencé a dirigir a los 24. Siento que he ido formando mi visión del mundo y que el teatro me ha ido ayudando a responder preguntas.

-¿Te ha costado aceptarte como eres?

Sí, claro. Ser director de teatro es entrar al mundo de la incertidumbre. Era una puerta que no sabía a dónde me iba a llevar.

-¿Ser artista es como ser un kamikaze?

Comparo y veo cómo personas amigas mías que han seguido Derecho, Economía u otras carreras tienen una solidez familiar y económica que yo como director de teatro no necesariamente tengo. Ellos me pueden hablar de la AFP y yo no tengo ni idea (risas). Hay riesgos, pero al final es la felicidad de saber que lo que hago no lo cambiaría por nada.

-¿Por qué no cambiarías la incertidumbre y el riesgo?

Al final lo que me da el teatro es casi como mi oxígeno. Es un espacio donde me siento libre, feliz; y amo contar historias. Pero creo que soy director por esas heridas que he tenido, que tengo y que imagino seguiré teniendo.

-Hay una canción que dice “soy una herida andante”.

Exacto. Ese es el material con el que uno trabaja.

-¿Hoy no quisieras escapar de esta realidad?

No. Hoy me siento feliz.

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AUTOFICHA:

- “Me llamo Juan Carlos Fisher Soto. Nací en Lima, el 12 de julio del 81. Empecé a los 15 años y mi primer maestro fue Aristóteles Picho. De ahí fue Lucho Peirano y Chela de Ferrari. Mi madre fue bailarina y productora de danza, en los años 80 la acompañaba a sus clases”.

- “Poco a poco empecé a sentir curiosidad por este mundo, por la música. Gracias a las visitas a las clases de danza de mi madre, empiezo a tener curiosidad por la música para los espectáculos. Y mi padre canta Serrat, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés; era un trovero”.

- “He dirigido 35 obras. He sido asistente como de 26. Y Chela de Ferrari tiene la culpa de que alguna vez actué, fue una experiencia traumática (risas). Me encantaría hacer una película, una serie. Y estos meses me han servido para desarrollar algunos proyectos. Pero hay que tener paciencia”.

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