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José Casas Carrión: “Perder una pierna no me limitó a perder mis sueños”

“Hoy cumplo muchos sueños que quizás jamás hubiera logrado en la vida militar. Llegué a una paraolimpiada y les demostré a las personas que una discapacidad no limita”, señala el militar en retiro que perdió una pierna luego de una emboscada en el VRAEM.

Mijail Palacios

Era su segunda entrada al Vraem. Los relojes marcaban las 3:30 de la tarde, de hace siete años. Se había liberado a los rehenes de Camisea, tras lo cual entró la patrulla del mayor José Casas Carrión. El sonido de la zona agreste fue interrumpido por un estruendo que hizo volar a 11 de los 19 militares que se desplazaban en el área. Habían pisado minas artesanales, que no eran otra cosa que botellas de plástico de dos litros con clavos, excremento y anfo.

Dos compañeros perdieron una pierna, otro perdió las dos piernas, uno se quedó sin visión y Casas con una seria lesión en la pierna izquierda que, tiempo después, fue amputada. Pudo haber sido el fin.

El hoy militar en retiro es bisnieto de Pedro José Carrión Serpa, quien peleó al lado de Andrés Avelino Cáceres en la Guerra del Pacífico. No se considera un héroe, pero lo es, porque no se rindió y corrió hasta convertirse en un atleta de alta competencia. José es uno de los 14 deportistas de paraatletismo que nos representarán en los Juegos Parapanamericanos, que empiezan el 23 de agosto. Su especialidad son las pruebas de velocidad: correrá 100 y 200 metros planos por el oro.

Llegamos al Centro de Alto Rendimiento de la Escuela Militar de Chorrillos, donde se prepara a tiempo completo. Tiene tres piernas: la natural y dos ortopédicas, una para caminar y otra para correr. Esta última en forma de arco, que en la planta lleva incrustados los clavos para la pista de tartán. “Di todo por el Perú”, me dice y replico: incluso una pierna.

-Luego de ver los triunfos y derrotas de nuestros deportistas en los Panamericanos, ¿cómo están los ánimos?
Ya empezó la fiesta más grande de todo el continente americano y el tercer evento más importante a nivel mundial. Estoy muy motivado al ver que estamos ganando bastantes medallas. Considero que el deporte debe ser una inversión. Se puede hacer más con políticas de Estado enfocadas en el deporte desde la etapa escolar y, a nivel regional, tener más centros de alto rendimiento.

-¿Hay algún momento que te haya tocado de manera especial en Lima 2019?
Lo de Gladys Tejeda y Cristhian Pacheco es muy motivador. Se ve el esfuerzo de ellos. Su imagen se me ha quedado grabada.

José Casas Carrión

"Perder una pierna no me limitó a perder mis sueños". (Fernando Sangama/GEC)

"Yo soy un héroe para mi hijo y mi familia, nada más". (Fernando Sangama/GEC)

-¿Cuando se está corriendo, se piensa en algo?
Pasan por mi cabeza mi familia y todo el esfuerzo que hice para llegar a una competencia oficial o para vestir el uniforme de la patria. Di todo por el país, hasta donde más pude.

-Diste una pierna por el país.
Lo hice, pero no me considero un héroe. Yo soy un héroe para mi hijo y mi familia, nada más.

-¿Aún recuerdas con nitidez la escena de la emboscada?
Sí, porque perdí compañeros. Es duro y difícil. El Ejército me puso un psicólogo de cabecera para el estrés postraumático. Pero también es una motivación para poder salir, para no dejarme caer.

-¿Te costó mucho superar esa etapa?
Sí. Viví en Estados Unidos casi dos años, viví alejado. También me divorcié. El Ejército no estaba preparado para personas con discapacidad, el país no está preparado para personas con discapacidad. Lima no es una ciudad accesible para personas con discapacidad. No pensamos en los más de tres millones de personas con algún tipo de discapacidad.

-¿Por qué no te quedaste en Estados Unidos?
Me ofrecieron quedarme. Inclusive, me pusieron como asilado. Me dijeron: “Si te quedas, debes estar cinco años consecutivos sin regresar al Perú”. Dije que no. Yo amo mi país, todo estaba acá, tenía la esperanza de continuar en el Ejército, pero cuando volví, ya no pude seguir. Era empezar de nuevo. Me dijeron que no podía volver a correr. Pero quería darle la contra a todo y volví a correr.

-Perdiste una pierna, ¿pero qué ganaste?
Gané mucho más. El perder una pierna no me limitó a perder mis sueños. Hoy cumplo muchos sueños que quizás jamás hubiera logrado en la vida militar. Llegué a una paraolimpiada y les demostré a las personas que una discapacidad no limita. Soy presidente del Centro Paradeportivo Sin Límites. Antes el deporte para personas con discapacidad era recreativo; hoy en día, al que saca medalla en Lima 2019 le dan su departamento y premios. Eso es igualdad.

-Tu bisabuelo estuvo en la Guerra del Pacífico. ¿Fue la razón para decidir ser militar?
Mi bisabuelo peleó con Cáceres en toda la Campaña de la Breña, en Tarapacá y, cuando lo declararon héroe nacional, él fue quien inspiró a mi hermano y a mí. Hoy sus restos están en la Cripta de los Héroes. También fue senador.

-Además, decides ingresar a la vida militar en un tiempo complejo para el país.
Ingresé en el año 98. El conflicto con Ecuador fue en el 95 y se firma la paz en el 98. En el 97 fue Chavín de Huántar. El terrorismo estaba fuerte todavía.

-¿Esos antecedentes no te desanimaban?
No. Me motivaban muchísimo. Yo quería ser comando, similar a los rangers de Estados Unidos.

-Aún existe el prejuicio de que el militar es una persona parametrada e, incluso, alguien a quien se le mira por encima del hombro cuando se le dice: “Eres un cachaco”. Sin embargo, hay militares escritores como Carlos Freyre y deportistas como tú. ¿Has sentido el peso de esos prejuicios hacia el militar?
Claro, al reinsertarme en 2015, luego de salir de baja. Me costó muchísimo. Empecé haciendo taxi, porque no había nada. Luego di clases y, después de la Paraolimpiada, me empezaron a llamar, y comencé a trabajar en municipalidades. El estereotipo que tenemos del ‘cachaco’ no aplica para todos.

-¿Qué pensaría tu bisabuelo de lo que estás haciendo?
Estaría orgulloso. Competir en los juegos ya es una ganancia, una victoria. Hasta el día en que mis piernas me digan que no puedo correr, seguiré corriendo.

AUTOFICHA

-“Nací en Lima, tengo 38 años. Estudié en el colegio José Santos Chocano, de Pueblo Libre. Soy egresado de la Escuela Militar de Chorrillos y de la Escuela de Comandos del Ejército. Llegué a ser subgerente de Fiscalización, luego subgerente de Seguridad Ciudadana y hoy estoy en la Municipalidad de Surco”.

-“Si quiero ir a las Olimpiadas de Tokio 2020, tengo que, después de los Parapanamericanos, acceder a una marca mínima. Para clasificar a Tokio te piden menos de 12 segundos y ahorita estoy en 12.2. De ahí entras a un ranking mundial y tienes que seguir bajando tu marca”.

“He estado en las últimas Olimpiadas de Río 2016. Estuvimos cinco de paraatletismo. Ya hay peruanos medallistas en paraolimpiadas. Internacionalmente, debo haber ganado unas 15 medallas. También he obtenido reconocimientos del Ejército, como la medalla Andrés Avelino Cáceres”.

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