José Carlos Yrigoyen: Contención marítima, desborde sicodélico.
José Carlos Yrigoyen: Contención marítima, desborde sicodélico.

En 1985, la pequeña editorial Antares publicó, en una delicada edición artesanal, Prueba de galera, el primer libro de Rossella di Paolo (Lima, 1960). El título tiene una doble connotación: alude tanto a las correcciones de texto cuando este navega en la incertidumbre de su definición final como al navío impulsado por curtidos galeotes. Fue una buena elección, pues resume muy bien las motivaciones, circunstancias y temas del libro. Uno lee estos poemas, treinta años después, en esta afortunada reedición de Paracaídas, y siente una escritura fresca, meditada, serena, en pos de la precisión de la palabra y de la imagen. Percibimos en ellos la sutileza que tiene todo trazo hecho con emoción contenida. Y nos topamos desde la primera página con el mar, siempre presente, soberbio y cambiante según secretos designios, como eje central de esta breve pero sólida colección.

Prueba de galera se abre con un epígrafe de Odysseas Elytis, y esto no es casual, pues el imaginario del gran poeta griego, compuesto por océanos imponentes, orillas repletas de guijarros milenarios y esenciales, capitanes ebrios y arena tibia, es muy parecido al que Di Paolo construye en su libro.

Los de la primera parte, ‘Mare pacificum’, tienen la brevedad y la imagen furtiva propias del haiku: “El día / apenas te roza / Se enciende de pájaros / Árbol”; “Pájaro: / deseo de pulsar / la transparencia”, mientras que las dos siguientes, ‘Insulae’ y ‘Terra del fogo’, están constituidas por composiciones de más largo aliento donde lo soleado cede a un mundo donde reina el extravío, el desuso y una incomunicación que deja crecer espesos muros o edifica distancias ante los que la poeta canta y nombra lo que se ha perdido irremisiblemente.Por su parte Paul Forsyth (Lima, 1979) ha publicado su séptimo libro, El sendero del irivenir. De él ya había leído El oscuro pasajero (2012) y Anatomía de Terpsícore (2014) y la impresión que me habían dado ha sido similar a la de esta última entrega: conjuntos hechos con oficio, ambición conceptual y estructuras complejas, pero muy retóricos, innecesariamente densos, sostenidos por un tenue e impersonal discurso que casi siempre sucumbe ante aparatosos excesos verbales.

El libro está integrado por cuatro largas series compuestas a la vez por cuatro poemas, todos ellos conformados por distintos planteamientos formales. Cuando lo leemos, solo nos encontramos, una vez más, con los mismos comodines de sus poemarios anteriores, eslabonados por medio de una escritura automática de aliento sicotrópico bastante desangelada, que lejos de producir epifanías o hallazgos expresivos, solo genera obviedades y perlas del lugar común como esta: “De modo que esto es el desierto: descomunal recinto de arena & silencio lleno de candente precipitación”. Pero es cierto que en otros momentos uno debe reconocer el talento de Forsyth para elaborar algunas imágenes llamativas e inquietantes. El problema es que su incapacidad para organizarlas, su terquedad por dejarse llevar ciegamente por el arbitrario torrente de sus visiones, le impide articular núcleos más concentrados y con alguna dirección más o menos discernible.

Estos poemas, gaseosos y amorfos a pesar de su disforzada ingeniería, parecen detenerse solo por el agotamiento del flujo imaginativo; en la mayoría de los casos es el lector el que se cansa primero y deja al poeta solo en su ruta a través de la nada, en una loca carrera sin rumbo ni meta. Cuando encuentre la orientación necesaria, Paul Forsyth quizá pueda sorprendernos.

Valoración:

Rossella di Paolo: Prueba de galera.
Paracaídas, 2017. 63 pp.
Relación con la autora: conocidos.
Puntuación: 3.5 estrellas de 5 posibles.

Paul Forsyth: El sendero del irivenir.
Celacanto, 2017. 64 pp.
Relación con el autor: ninguna.
Puntuación: 2 estrellas de 5 posibles.

No se pierda la próxima Columna Vertebral sobre La hora final, de Carlos Paredes.

TAGS RELACIONADOS