La casa que dejamos morir (USI)
La casa que dejamos morir (USI)

Esta casa vacía, la última novela de Marco García Falcón (Lima, 1970), es, a pesar de su trama aparentemente centrada en la historia de un zozobrante destino individual, un libro que pretende retratar, mediante sugerentes símbolos y alegorías, el devenir de una generación que afloró en medio de “una quietud bienhechora de la que también gozaba el país”. Es decir, la que surgió luego de la caída del fujimorismo y el advenimiento de la democracia y de una bonanza en la que depositó todas sus esperanzas para sumirse luego en un materialismo vacío y un tedio que todo lo devora. Esta es una apuesta que, hay que decirlo desde ya, García Falcón gana con rotundidad y su recompensa es el mejor libro que nos ha entregado hasta la fecha.

Si en su primera novela, la destacable El cielo de Capri (2007), había algunos momentos en los que su prosa sufría algunos innecesarios amaneramientos verbales, y si la interesante Un olvidado asombro (2014) padecía de ciertos pasajes morosos que herían el buen ritmo de la narración, aquí García Falcón alcanza una madurez tanto formal como argumental.

La casa que dejamos morir (USI)
La casa que dejamos morir (USI)

Logra sacudirse de los problemas del pasado y nos presenta, con eficacia y acierto, las tribulaciones de Giovanni Perleche, un escritor y profesor que, en medio de la construcción de una casa propia, de una paternidad llena de obstáculos y de un matrimonio asediado por su infidelidad, los problemas económicos y el consumo de drogas, emprende un camino al infierno para el que no parece haber retorno posible.Uno de los factores que contribuyen al éxito de esta ficción es que aquí se corona la meta que ya García Falcón se había planteado desde su novela anterior y sobre la que ha comentado en algunas entrevistas: la necesidad de aprehender “lo valioso y perdurable que no está entre las palabras, sino entre ellas” y sobreponer esa búsqueda a la del esplendor verbal. Y, efectivamente, aquí el lenguaje, sin perder la buena factura a la que el autor nos tiene acostumbrados, es fluido, natural, con páginas a veces luminosas y estremecedoras, sobre todo aquellas en las que el protagonista detalla, con la vívida angustia propia de los ataques de pánico, las consecuencias físicas y mentales de su inclemente autodestrucción. Todo esto es beneficiado por la sólida construcción de casi todos los personajes, en especial el suegro de Perleche, memorable en su complejidad y volcánica violencia.

Es también meritorio que García Falcón no haya abandonado, en la elaboración de este texto de innegable profundidad psicológica y vital, el manejo de los referentes artísticos que han potenciado sus libros desde el ya lejano París Personal, de 2002, y que estos siempre se engarcen al relato sin que resulten forzados o en offside. Versos y libros de Eielson, Belli o Pizarnik aparecen aquí como decisivos elementos de la narración, reflejando las reflexiones, los estados de ánimo o las aspiraciones de Perleche con un trazo seguro y a veces vibrante.

Es con todas las virtudes mencionadas que García Falcón edifica una metáfora generacional recreada a través de los desvalimientos y derrotas de Perleche, quien para superarlas recurre a paliativos perniciosos que lo deshumanizan y lo conducen a un espiral de dolor en el que acaba por arrastrar a su propio hijo, al que pierde, al igual que su casa, emblema de la seguridad y el futuro, por la que se ha jugado el todo por el todo. Y, sin embargo, a pesar del tono sombrío de la novela, hay resquicios de esperanza: uno se halla en esa hermosa escena en la que dos millennials se besan apasionadamente, ajenos al mustio y desesperado mundo adulto que los rodea; el otro se adivina en el final, tan pleno de interrogantes como de un prometedor velo de redención. Esta casa vacía no es solo uno de los libros del año, sino también una lección literaria que se agradece.

Valoración

Marco García Falcón
- 'Esta casa vacía' 
- Peisa, 2017. 139 pp.
- Relación con el autor: cordial
- Puntuación: 4 de cinco posibles.