(Renzo Salazar/perú21)
(Renzo Salazar/perú21)

En su primera clase de surf, Jesús Verano (20) se preguntaba si sería más peligroso ser futbolista que ser surfer. Tenía 13 años y, hasta ese momento, su sueño había sido ser jugador de fútbol. En el barrio chorrillano de Alto Perú, conocido en ese entonces por la peligrosidad de sus calles, todos le decían que él sería futbolista y el joven quedaba convencido de ello. Su primera clase concluyó con una revelación, el surf era una pasión escondida en la mente de Jesús Verano, cuyo único acercamiento con el surf, hasta ese entonces, era su apellido premonitorio.

Verano vive en el jirón Ica en Alto Perú, frente al mar, a las faldas del Morro Solar, y pertenece al proyecto del mismo nombre, al que llegó a los 13 años para aprender a surfear. Hoy Jesús enseña este deporte a los niños de su barrio.

Conversando con el director del proyecto, Verano se enteró de que iban a abrir una escuela de tabla gratuita para los chicos. Era algo que muchos chicos del barrio deseaban. Era extraño vivir frente al mar y no poder hacer algo con él. "Teníamos las olas cerca de nuestras casas y no corríamos tabla, era ilógico", dice Jesús Verano. Todos los chicos pusieron atención a la noticia, aunque pocos se animaron a ir a la primera clase. Poco a poco la gente empezó a unirse al proyecto Alto Perú. Hoy, el núcleo del proyecto se compone de más de 40 personas, entre alumnos y profesores.

APRENDER Y ENSEÑARHoy Jesús Verano trabaja dando clases en otras escuelas y ha convertido el deporte que aprendió a los 13 años en una profesión. Piensa en poner una escuela de tabla más adelante y seguir trabajando en lo que más le gusta. Verano ya no piensa en el peligro de jugar a la pelota.

Él también forma parte del staff del festival que se organiza cada año entre abril y mayo y que tiene como protagonista al barrio, que se transforma en uno aún más pintoresco, con arte en las calles y música en vivo. Los planes a futuro de Alto Perú apuntan a que los chicos que están terminando su aprendizaje empiecen a enseñar, para que la cadena no se corte. En Alto Perú eso parece ser una forma de vida, uno aprende para enseñar y después enseña a enseñar. Así es cómo la unión entre las personas se vuelve inmortal. El proyecto Alto Perú nunca terminará.

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