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Jedidiah Thurner, vicepresidente de Un Solo Perú: "El éxito es unir mi pasión y habilidad para ayudar"

“Puedo estar equivocado, pero creo que los peruanos han perdido la habilidad de confiar en los otros. Creen que el otro siempre está aprovechándose. Y no hablo de los políticos ni de los empresarios. los peruanos han dejado de confiar en los peruanos”, reflexiona.

Mijail Palacios

El Perú es un antes y un después para Jedidiah Thurner . “Me dedicaba a hacer dinero”, me dice un poco en broma, un poco en serio. Tenía una compañía de consultoría y otra de bienes raíces. Pero lo dejó todo y ganó más: un propósito en la vida. “Lo peor que puede suceder es tener todo lo que el mundo ofrece y aun así estar vacío. Las personas más vacías son las que llegan a la cima de la montaña y están, allá arriba, solas”, reflexiona el vicepresidente de Un Solo Perú, una cruzada que empieza este jueves y va hasta el 29 de junio en diez ciudades del país.

Nació en Seattle, Estados Unidos. En un viaje al Perú en 2011, llegó a la selva y durmió en hamacas por siete días, conoció a los delfines rosados y anduvo por ríos, donde encontró la naturaleza y esencia de la vida: lograr que todos podamos ser mejores. Y hoy es uno de los más de 10 mil voluntarios de 43 países que llegarán para realizar acciones de apoyo comunitario, como ferias médicas, donaciones y construcción de pozos de agua en Iquitos, Huancayo, Chimbote y más. Además de conferencias en escuelas, universidades y comunidades, así como actividades culturales.
Era un hombre de negocios. Hoy es esposo, padre, trata de hacer bien las cosas, piensa en los demás y un peruano de corazón.

¿Este camino se elige o, de pronto, aparece?
El Perú es muy especial para mí. El primer viaje que hice fue con una de las 150 organizaciones que están viniendo ahora con Un Solo Perú. Tenía 28 años. Estuve una semana en Lima y otra semana en Amazonas. Cientos de personas se acercaban y les dábamos tratamiento médico. Todo cambió para mí, porque vi lo vacía que estaba la humanidad, la necesidad en las personas. La gente había perdido la capacidad de expresar la alegría. Aunque les estés dando ayuda, no podían sonreír por las circunstancias severas en las que vivían.

¿Hasta antes de eso, qué conocías del Perú?
Nada. Nunca había estado aquí. Era un empresario viviendo en California. Pero algunos de mis amigos habían trabajado en Perú por muchos años y me dijeron que tenía que venir para ver lo que iban a hacer. En ese viaje fuimos 70 internacionales los que llegamos. Esta misión de ayudar a la gente me escogió a mí. Es difícil entenderlo, porque muchos me preguntan: ¿y qué ganas?

¿Y qué ganas?
Esa no es la motivación. Ya hay 150 organizaciones en estos momentos que son parte de la iniciativa de Un Solo Perú. Son de 43 países que vienen por una semana con miles de voluntarios, entre doctores, dentistas, empresarios, autores, músicos. Todos han entregado su tiempo y nadie está siendo pagado. Ellos dejan de trabajar para venir aquí, pero nadie quiere crédito. Los organizadores somos las 150 asociaciones, que hemos decidido quitar nuestros logos de en medio. No queremos que una organización se lleve el crédito, sino la gente del Perú. La gente que venga del extranjero no es la esperanza del Perú. La esperanza del Perú siempre han sido las personas de este país. Y hay miles de peruanos que lo están haciendo posible.

Insisto, ¿por qué lo haces?
Porque creo en lo mejor del Perú. Hay divisiones políticas, reportes de corrupción, reportes de anemia, todos los días una mujer es golpeada hasta morir. Este es un momento muy importante en la historia de esta nación, en el cual, en lugar de pelear por las cosas que nos dividen, podemos ponernos de pie por las cosas que nos unen. Si le quitas la selva, Perú no es el mismo; si le quitas la montaña, Perú no es el mismo. Igual con la costa. Amar y servir al Perú es más importante que cualquier otra cosa. Hay que ser parte de la solución. El cambio siempre comienza en la mente y el corazón.

¿Qué tiene el Perú que los peruanos no vemos?
Como hay tanta negatividad que está siendo comunicada, no están viendo el bien que está sucediendo. Puedo estar equivocado, pero creo que los peruanos han perdido la habilidad de confiar en los otros. Creen que el otro siempre está aprovechándose. Y no hablo de los políticos ni de los empresarios. El problema es que los peruanos han dejado de confiar en los peruanos. Por eso, muchas personas me preguntan por qué hago esto. Si pudiéramos tomarnos el riesgo de confiar de nuevo, habría mucho poder en la unidad. Somos mejores cuando estamos juntos.

¿Dirías que la naturaleza de las herramientas del mundo de los negocios es realmente ayudar a los demás?
Cada humano tiene la obligación de contribuir a la sociedad. Cada uno tiene que decidir cómo usar el don que tiene: para dañar o ayudar a la sociedad. Cada persona tiene la habilidad para solucionar un problema y cada uno tiene que decidir cómo puede ayudar. Si eres bueno administrando la habilidad que tienes, podrás crear un ingreso, una reputación, influencia y crear algo que ayudará no solo a mi futuro, sino al futuro de todos.

¿Dónde queda el éxito?
Consiste en cumplir el propósito de tu vida. Es cuando encuentras el lugar perfecto de lo que fuiste dotado para hacer y lo que tienes pasión para hacer. El éxito es el encuentro de tu pasión y tu potencial. Para mí, no es ni la reputación ni el dinero en las cuentas de banco ni propiedades. El éxito es donde mi pasión y mi habilidad se unen para ayudar a los demás.

¿Ya te sientes peruano?
(Risas). Siempre digo “nuestra nación”, y en conversaciones repito “como peruanos”. Tengo mucho más que experimentar en el Perú. Cuando la gente ve un problema, yo veo un potencial; cuando se ve oposición, yo veo oportunidad; la gente ve retos, yo veo cambio: la gente ve algo quebrado y yo veo algo hermoso.

Si antes te definías como un hombre de negocios, ¿hoy cómo te defines?
No sé. Solo intento dar lo mejor. Pueden considerar que soy humanista o filantrópico, pero soy un esposo, padre de familia y simplemente soy alguien que está intentando hacer mejor lo que pueda.

AUTOFICHA

- “Tengo 36 años. Estudié Comunicaciones. También jugué fútbol americano en California y fui becado; en esa época, tenía 25 kilos más. En casa crecimos con necesidad y de joven mi sueño era tener más. Mi sueño fue poder ser capaz de ayudar a mi familia, comprarle a mis papás una casa. Pero eso se redefinió”.

- “Hay que preguntarse: ¿si tu sueño se cumpliese, solo haría tu vida mejor o haría el mundo mejor? Mi primer sueño era hacer mi vida mejor; ahora es hacer que la vida de todos sea mejor. Y la familia es lo primero. Jamás le daré al mundo lo que no le doy a mi familia”.

- “Nací en Seattle, pero crecí en Hawái​. Y he vivido por todo el mundo. No sé cuándo me mude al Perú (risas); aunque siempre traigo a toda la familia y ya siento que vivo acá. No hay mejor idioma que el español. Los proyectos que se vienen son un secreto, pero siempre trabajo en múltiples iniciativas”.

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