Jean Pierre Magnet: "Cuando estoy en el escenario, me siento como Guerrero"

"En el equipo peruano se nota que hay un espíritu de unión, de amistad, es asombroso. Para salir a la cancha de fútbol o del teatro, hay que hacerlo con la autoestima muy alta", dice el saxofonista limeño .

Jean Pierre Magnet es músico, coordinador y empresario. (Anthony Niño de Guzmán)

Jean Pierre Magnet: "Cuando estoy en el escenario,  me siento como Guerrero".

Mijail Palacios

Con una mano abre la puerta y con la otra, sostiene una bandeja con su desayuno. Así nos recibe Jean Pierre Magnet , mientras mastica la quinua y el trigo matutinos, en su departamento miraflorino, ubicado a pocos metros del borde del acantilado que mira a la playa. 

Mientras nos pregunta de qué se trata la entrevista, bebe un preparado que se llama El Secreto del Inca. Viste una camiseta deportiva de color azul de la marca Quechua, comprada en Francia, que no hace juego con sus pantuflas rojas. El prestigioso artista, acostumbrado a dibujar los paisajes andinos con su música, esta vez baja del escenario y entra a la cancha para revelarnos su debut y despedida en el deporte rey, cuando fue arquero y le metieron once goles.

¿Qué tienen en común la música y el fútbol?
El entrenador de fútbol es equivalente al director de la orquesta, quien más allá del escenario da las pautas de cómo puede llegar a sonar la sección de zampoñas, percusión, etc. y lograr el máximo de efectividad.

Entonces, usted es como un Gareca o Guerrero en escena.
Me siento un Gareca, porque Guerrero son todos los músicos.

Pero usted también toca y está adelante.
Tengo la ventaja de disfrutar de las dos facetas. Escribo la música para también meter gol. Pero sí es importantísima la dirección antes del concierto. Los conceptos que le das a los jugadores y a los músicos hacen la gran diferencia en el resultado, que se convierten en goles. Porque en la música también se meten goles, lo que pasa cuando el público se pone de pie.

¿Qué otros paralelos hay?
En el equipo peruano se nota que hay un espíritu de unión, de amistad; es asombroso. Esa relación también tiene que darse en la música. Porque cuando un músico le cae mal al otro, no tocan juntos y eso se siente. Pero lo más importante está antes de salir al campo/escenario: el discurso previo a la hora de la verdad. 

Primero les agradezco de corazón, casi siempre con los ojos húmedos, les pido disculpas, si en algún momento perdí los papeles, y los felicito por su talento. Para salir a la cancha de fútbol o del teatro hay que hacerlo con la autoestima muy alta. A los músicos con los que trabajo les digo que todos somos protagonistas.

¿La disciplina?
Si pudiera concentrar como los equipos de fútbol, ahorita estaríamos en 9, del 1 al 10. Pero estoy en 5.

Me refería a cómo enfrentar la popularidad.
El futbolista es más popular y son más jóvenes. El diablo está ahí.

En los conciertos también.
Depende del estilo de música. Gracias a Dios no he tenido el ritmo fuerte de, por ejemplo, una orquesta de salsa.

¿Y por qué gracias a Dios?
Porque no estaría en el estado físico que tengo ahora, pese a que voy a cumplir 70 años. Estaría más deteriorado. No he sido un santo, pero mi cuerpo siempre ha sido importante para mí, porque si no tengo físico para soplar, no suena mi saxofón.

¿Realiza un entrenamiento especial?
Sí. Hago natación, gimnasio, camino. Le dedico dos horas y media diarias a mi cuerpo. Y vivo solo, entonces no me alimentan como a los casados (risas).

¿Cuando está soleando en el escenario, no se siente más como un Guerrero?
Soy Guerrero. Totalmente. Cuando estoy de solista, adelante, me siento como Guerrero. Es una sensación incomparable.
iquito, en la radio. El Perú es un privilegio.

¿Y cuál es su conexión con el fútbol?
Mi padre era vasco-francés. Nunca jugó fútbol. Él murió cuando yo tenía 13 años y me adoptaron mis tíos en Cañete, donde todos jugaban en la chacra. Hasta que un día me dicen: “vamos a la playa Hawái”. Yo iba a ver, no jugaba nada. Hacía tenis y nadaba (risas). Me dijeron que faltaba arquero, todos voltearon a mirarme porque era el más alto. “Tú mismo eres”, me señalaron. Tuve que tapar. Hermano, nos metieron 11 goles y una patada en los huevos (risas). Esa fue mi carrera futbolística. Nunca más volví a un campo de juego. Pero sí aprecio el fútbol.

¿Sigue a algún equipo?
Bueno, mi padre era francés, o sea que mi segundo equipo favorito es Francia.

¿Cómo hará con Perú-Francia?
Estaré con Perú. Y podemos ganar, porque en el fútbol todo es posible. Hay jugadores extraordinarios. Un Messi es equiparable a un John Coltrane. Un ‘Pele’ es un Miles Davis.

¿Maradona?
Es un Jimi Hendrix.

¿Guerrero?
El trompetista Wynton Marsalis. Es un capo, limpio, sin ningún roche, un tipo fuera de serie.

¿Qué se viene para Jean Pierre Magnet?
El próximo año voy a celebrar mis setenta años en el Gran Teatro Nacional . Reuniré a La Gran Banda, Perú Jazz… Aún lo estoy armando. Este año, el 11 de setiembre, que es mi cumpleaños, tocaré en el Jazz Zone con una ‘ensalada mixta’. El 20 de octubre ahí mismo lanzaré un disco con un cuarteto rockero. 

Porque he sido rockero y moriré rockero. Haremos mis temas pero sonarán como Led Zepellin. El grupo es con Glenny en la guitarra, Hugo Ortiz, de Libido, en la batería; y Eduardo Freire en el bajo, quien ha tocado con Miki González. Se llama Explozzion. Y mi amigo Adolfo Menacho, director de Camagüey, me ha invitado a tocar con ellos por sus 75 años. Haremos “Isla azul”, canción que compuse en el año 1976.

Después de haberle cantado tanto al Perú, ¿qué representan esas cuatro letras?
Es un tesoro de misterios musicales. El Perú me hace crear constantemente.

¿Y lo andino de dónde le sale?
Del alma, porque lo he escuchado desde chiquito, en la radio. El Perú es un privilegio.

Tags Relacionados:

Jean Pierre Magnet

Leer comentarios ( )

Ir a portada