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Veinte pizarras registran la utopía y catástrofe económica de fines de los ochenta. El ocaso –literal– de Aeroperú y de la moneda inti en el firmamento de una transnacional; la leche Enci y el pan popular son inexpugnables piezas de museo. Todo esto forma parte de Media cajetilla de cigarrillos y una de fósforos, exposición de Miguel Aguirre (Lima, 1973) en la sala Luis Miró Quesada Garland.

El crítico de arte Max Hernández Calvo escribió: "Aguirre activa así una memoria política, económica, social, estética y afectiva marcada por rituales (…), por modelos de desarrollo (…), por ciclos económicos (…) y por períodos de gobierno".

El tiempo es cíclico y por eso el periodista Mijail Palacios Yábar escribió: "Una exposición ad hoc en el inicio de la coyuntura electoral para los comicios presidenciales (…)"; además, la implicación es inmediata, como me dijo la pediatra Vilma Zegarra en la puerta de la sala: "Tengo una caja llena de intis, los venderé por kilos".

Aguirre es un artista admirable y esta exposición es una aguda ironía sobre la crisis.

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