Tomar fotos de una tragedia parece ser una experiencia representativa de la época contemporánea. Porque la violencia es espectáculo, porque estamos más expuestos a ella que nunca. Así sucede en uno de los cuentos de 'Todo es demasiado' (Emecé), el último libro de Cristhian Briceño.

Se trata de “Los hangares vacíos”, en el que la pareja del protagonista es arrollada por un bus que transporta a turistas japoneses, los cuales se dedican a fotografiar el cuerpo decapitado. Esta es una característica que atraviesa las once narraciones del libro: los personajes se mantienen imperturbables ante la violencia.

Algo parecido sucedió el 31 de marzo, en la tragedia de Fiori. Algunas personas grababan con sus teléfonos el bus que se quemaba con pasajeros en su interior. ¿Estas conductas caben dentro de su universo narrativo?, preguntamos.

'Todo es demasiado'. (Emecé:Lima)
'Todo es demasiado'. (Emecé:Lima)

“Sí, la insensibilidad está presente en los cuentos para que uno le encuentre el sentido. Es como presentar el negativo para sacar el positivo de la fotografía”, responde.

Efectivamente, los personajes están despojados de emociones, pero aun así son reales. Es así que estas narraciones insólitas, grotescas, absurdas funcionan como espejos de la realidad.

“Cuando atropellan a alguien o hay un suicidio, la gente se agolpa en los extremos de la Vía Expresa para ver. Hay una fascinación con eso”, agrega.
Asimismo, en los cuentos hay algo desolador. Están atravesados por una violencia radical y cotidiana. Una mujer permanece en la casa de su esposo después de muerta. En una cena con carne humana se evita discutir un embarazo. Un sujeto trabaja en una empresa rompiendo espaldas. Se juzga un feminicidio con la presencia de fantasmas.

Las narraciones no plantean explicaciones, sino que se proponen como retratos distorsionados de la vida actual. Tienen una lógica propia. Sin referencias a coordenadas espaciales o temporales específicas, son cuentos bizarros en los que convive lo salvaje con lo civilizado, la condición primitiva del ser humano y un contexto contemporáneo.

FICCIONES VISCERALES
Posteriormente, trazamos paralelos entre la propuesta del libro y el cine. “No solo Lynch. También Solondz y los hermanos Coen sorprenden en sus películas, por la poca capacidad de sorpresa de los personajes ante lo atroz que pasa, como si asumieran que la violencia es la norma”, dice.

¿Y qué busca en el lector? La contemplación de lo grotesco puede ser un acto estético. El lector es como los turistas japoneses: se acerca a la ficción sabiendo que nada le toca directamente. Un asesinato es bello si se narra de una determinada forma, acota Briceño.

Guiados por la intuición narrativa, los cuentos quiebran el esquema canónico de presentación, desarrollo y cierre. Se detienen abruptamente, porque la realidad es bruta e inexplicable.

Preguntamos por qué en el cuento final coloca una cita apartada de la narración, como un paréntesis. “Lo que me guía es el lenguaje”, anota sobre esta decisión estética. Los cuentos no son realistas, pero son reveladores, actuales, ficciones que, con la palabra, escarban en el subconsciente.

DATOS

- Briceño ha publicado el poemario 'Breve historia de la lírica inglesa' y el conjunto de prosas 'La trama invisible'. Ha sido reeditado su primer libro de cuentos 'La literatura en Alaska'.

- En 2012 obtuvo el primer lugar en El Cuento de las 1000 Palabras con el relato “Fiebre”. Ganó en 2013 el Copé de Plata de la XVI Bienal de Poesía con 'La comedia inmóvil'.