Gianfranco Hereña, director de El Buen Librero: “Toda cuestión coyuntural es muy probable que ya haya ocurrido en la literatura”  (Hugo Pérez/GEC)
Gianfranco Hereña, director de El Buen Librero: “Toda cuestión coyuntural es muy probable que ya haya ocurrido en la literatura” (Hugo Pérez/GEC)

Arturo Hereña siempre fue un gran narrador. Sus ojos brillaban y se hacían enormes al contar historias clásicas y sus manos se desenvolvían ansiosas al ritmo de sus relatos. Su nieto Gianfranco era su más fiel oyente. Escucharlo le significaba el momento más feliz del día. El pequeño conocería a través de sus narraciones a Robinson Crusoe, a Paco Yunque o al Caballero Carmelo. Viajaría a reinos lejanos, la sierra peruana o islas con tesoros escondidos. Sin embargo, a medida que Gianfranco crecía, su curiosidad aumentaba. Tanto así que un día decidió él mismo ir a contrastar las historias que había escuchado desde siempre. Se sumergió entonces en la biblioteca casera. Así pudo confirmar que su abuelo no solo le contaba al detalle cada aventura, sino que aquello apenas era el principio. Que había más libros que descubrir.

Muchos años después, Gianfranco Hereña fundaría , una plataforma para hablar de literatura y difundirla. Pero no desde un atrio lejano e intocable, sino de la forma más familiar posible. Tal como lo haría el abuelo Arturo. Hoy El buen librero se encuentra en cinco plataformas digitales sumando miles de seguidores. Gianfranco ya tiene 31 años, pero sigue siendo ese niño que pide y pide más historias.


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-¿De niño eras un buen lector?

Me consideraba curioso. Creo que un punto de ruptura para empezar a leer por vocación fue cuando me dieron a leer Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, en el colegio. La idea del tipo que naufraga y se hace dueño de toda una isla y conquista todo con sus propias manos e inteligencia… Me generé una especie de empatía e identificación con Robinson. Yo quería ser el tipo que ve a la civilización a la distancia. Estaba solo, mis padres trabajaban todo el día. Me quedaba solo leer para enfrentar esa soledad.


-Te refugiaste en los libros.

Comencé a leer lecturas que me acompañaran en este proceso. Me iba a la biblioteca del colegio, descubrí a Jaime Bayly, a Fernando Ampuero, Alonso Cueto. Narradores que se caracterizaban por narrar desde el yo, lo íntimo. Tuve la suerte de que algunos profesores notaron que conforme iba leyendo mejoraba mi escritura. Gané cinco años consecutivos los juegos florales de mi colegio.

-Ya seducido por la literatura, ¿por qué eliges el periodismo?

Había leído que Fernando Ampuero era periodista. Vargas Llosa, García Márquez, también. Mi idea idílica era ser periodista como ellos, escribir crónicas en páginas centrales. Sin embargo, cuando entro al periodismo deportivo y luego al digital me doy cuenta de que todo era escribir en pocos caracteres. Me apenó que se hayan perdido esos espacios de largo aliento. Al final terminé haciendo El buen librero que es como hacer periodismo a mi manera. Como periodista, pero también como recomendador.


-¿En qué momento decides lanzar El buen librero?

En la universidad formaba parte de un taller de narrativa. Lo dirigía Jorge Eslava, mi maestro y mi mentor. Había una constelación de otros jóvenes que me hacían ver chiquitito. Yo presentaba mis textos y me vapuleaban. Dentro de ese grupo, el que no me vapuleaba era mi amigo y compinche Ernesto Sánchez. Con él recorrí mucho las librerías de Quilca. Entendí que el oficio de librero no era solamente leer, sino contar un poco la historia de los libros, volver a lo que hacía mi abuelo. Ernesto murió el 2011 y sentí que tenía una deuda con él. Cuando terminó mis prácticas decidí hacer mi propio proyecto periodístico relacionado a libros. Le puse El buen librero en honor a mi amigo que tanto bien me hizo.


-Iniciaste usando Facebook y YouTube.

Empezó como una bitácora de lectura personal y poco a poco el espacio fue ganando una identidad. Lo concebí siempre como un proyecto multiplataforma, que también se adapte a las redes sociales. Que la experiencia del recomendador sea amigable y no tanto académica. Que no se ponga en una torre de marfil para decir que si no lees esto o lo otro está mal.


-¿Es difícil difundir la lectura en el Perú?

Es difícil dedicarse a difundir todo lo relacionado a la cultura. Por ejemplo, cuando vas a pedir becas para estudios culturales no te la dan, no hay. La mayoría están dirigidas a las ciencias o informática. Además, es difícil dedicarse a un ámbito que está muy elitizado. Se relaciona a la cultura y la literatura a un grupo social. También con cualquier otro tema encuentras auspiciadores mucho más rápido.

-¿Qué busca El buen librero?

Hacer que la gente se interese por los libros a partir de los estímulos que voy generando. En ese camino ha habido siempre una reinvención porque las audiencias se renuevan. Por ejemplo, no es mi misma audiencia en Instagram la de ahora que la del 2014. Más que solo generar contenido, lo que busco es que eso motive la interacción. Y no me refiero a comentarios o likes sino que la gente haga algo más.


-La difusión de contenido literario a través de memes o parodias ha sido fundamental.

Se considera que quien difunde contenido en redes de literatura tiene que ser un señor con pipa y tirantes, todo formal. No necesariamente tiene que ser así. De hecho, las redes son informales. El tema es cómo nosotros trasladamos eso al público masivo. Ahí está el reto. ¿Para qué me vas a hablar de Melissa Paredes y de Mauro Icardi si esto de la infidelidad ya se trató en Madame Bovary o Ana Karenina y en otras tantas novelas clásicas? De algún modo, si uno lee literatura, lee la historia de vida de la humanidad. Toda cuestión coyuntural es muy probable que ya haya ocurrido en la literatura. Hay que tener la perspicacia para trasladar eso a clave de humor. Todos nos hemos sentido en algún momento París, embravecidos por tratar de meternos en una relación ajena, pero terminamos siendo Héctor en Troya, víctimas de nuestro propio ego. La clave está en saber leer la coyuntura y relacionarla con los libros que hemos leído. La literatura no está aislada de la realidad, es una parodia de la realidad. Y qué mejor que reírnos de nosotros mismos.


AUTOFICHA

- “Soy Gianfranco Hereña Rodriguez, director del proyecto literario El buen librero. Nací en Lima y tengo 31 años. Soy Licenciado en Comunicación por la U. de Lima y tengo un Mágister en Docencia Universitaria por la PUCP”. Nos pueden encontrar en Facebook, TikTok y más”.

- “También soy docente de Comunicación en un colegio secundario y enseño cursos de periodismo digital en la Universidad Jaime Bausate y Meza. Me casé en 2015. Mi esposa, Lisbeth Linares, es diseñadora de interiores y dirige Chamaquita Style Pet Boutique, una tienda de ropa para mascotas”.

- “Mi especialidad es generar contenido en literatura y entender qué es lo que le gusta a la gente para encontrar un punto medio de lo que les puedo ofrecer y lo que necesitan. Soy un constante aprendiz. Más allá de ser docente siempre estoy en busca de nuevas cosas”.

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