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Domingo Tamariz: "Antes, el periodista era más culto y entretenido"

“(En el periodismo) Encontré todo lo bello. En ese entonces (hacia finales del 40) era un oficio y lo considero así hasta ahora. El periodismo es cada día distinto. Un día puedes estar en Palacio y otro día en una choza”, señala el autor de 91 años de edad.

Mijail Palacios

No había caminos para la selva. Viajó cuatro días en camión. Y se quedó cuatro meses en Tingo María, que estaba de aniversario; tenía un motivo, había una noticia. Sacó un semanario y publicaba dos mil ejemplares. Así es Domingo Tamariz Lúcar, apasionado y siempre pensando en su próximo proyecto. Así es el periodista que iba a ser médico y que quiso ser futbolista.
Ha trabajado en ocho diarios, fue jefe de redacción de tres medios, dirigió unas diez revistas, publicó más de cinco mil artículos y ocho libros y se dedicó a la docencia. Hoy, con 91 años de edad, está alejado de las redacciones, pero refugiado en su oficina donde escribe cuatro libros a la vez y uno de ellos de siete tomos. “Estoy de vacaciones eternas. Jubilado, soy dueño de mis tiempos”, me dice con voz pausada pero firme.

Es periodista del linotipo, del offset y la computadora, pero a veces la memoria lo traiciona, se le escapa de sus manos, la recupera y la afronta con su sonrisa amable, mientras me enseña orgulloso, como trofeos, sus artículos sobre el asesinato de Francisco Graña, las células madre o acerca de los ocho hijos de Bolognesi.

Tiene vocación por la historia y la vena del escritor. Aunque él solo se considera periodista. Rodeado de libros y el aroma del papel, está frente a su computadora y en la pantalla se lee: “Capítulo XIX. Otra vez el civilismo”. Alista la reedición de Historia del poder y el cuarto tomo de Memorias de una pasión. La prensa peruana y sus protagonistas, dos de sus obras cumbres. Y ya piensa en su próximo proyecto. Otra vez el entrañable Domingo.

-¿Extraña el periodismo?
Algunas veces, porque ha sido mi vida.

-¿Cómo era el periodismo hacia finales del 40?
No solo trabajaba en la redacción sino también en la imprenta. Estaba en el semanario político Pregón, que dirigía Amadeo Grados Penalillo, quien era de lo más entretenido por el juego de palabras que hacía, era el vivo retrato del periodista de antes: elegante.

-¿Cómo era el periodista de esos años?
Era más culto y entretenido que ahora. Leía mucho. No había periodista que no leyera dos a tres horas diarias, que estaba al día con las nuevas publicaciones, sean novelas o ensayos. En la generación del 50 había verdaderas catedrales del periodismo.

-Usted llegó casi por accidente al periodismo.
Nunca pensé ser periodista, jamás. Pero llegué porque era preferible seguir Periodismo que estar pateando latas. Un amigo me pasó la voz para matricularme en la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica. Era la única. En lugar de estar de ocioso, me matriculé. Antiguamente, los padres eran quienes decidían la carrera de sus hijos. Mi padre quería que yo fuera médico. Pero yo no tenía en mente nada.

Domingo Tamariz: "Antes el periodista era más culto y entretenido". (José Rojas(GEC)

Domingo Tamariz: "Antes el periodista era más culto y entretenido". (José Rojas(GEC)

Domingo Tamariz: "Antes el periodista era más culto y entretenido". (José Rojas(GEC)

-¿Para qué era bueno?
Para el fútbol. Jugué mi pelota. Estuve en la selección de mi colegio Salesiano, salí campeón, y luego en la Católica. En ese equipo estuvieron jugadores que luego integraron la selección nacional. Pero en una lesión terminó mi sueño.

-¿Qué encontró en el periodismo que lo atrapó?
Encontré todo lo bello. En ese entonces era un oficio y lo considero así hasta ahora. El periodismo es cada día distinto. Un día puedes estar en Palacio y otro día en una choza. Desde entonces, el año 49, ha sido mi vida, mi pasión y no he hecho otra cosa que periodismo. Yo no sé ni hervir agua. Nací para periodista sin saberlo y no me quejo, me fue muy bien. He hecho de todo en el periodismo.

-Hasta ha tomado fotos.
Donde crecía mi ego porque salían bonitas las fotos. También he diagramado. Y he sido jefe de redacción de tres diarios, director de varias revistas y redactor en varios medios.

-¿El periodista es también un escritor?
Se ha dado cualquier cantidad de casos. Los grandes escritores han sido antes periodistas. Sin ir muy lejos, Gabriel García Márquez. Pero yo no he llegado a ser escritor.

-Sin embargo, Alfonso Grados Bertorini escribe en el prólogo de Memorias de una pasión que usted con esa publicación se graduó con honores como escritor.
Eso lo dicen mis amigos, pues (risas). No me siento escritor. Soy ante todo y fundamentalmente periodista. Aunque el periodista es un mar de conocimientos de cinco centímetros. Pero de algunas cosas sé bastante.

-¿De qué sabe más?
De periodismo (risas). Y ahora un poco de medicina. Hace unos 12 años llegué a sacar una revista sobre medicina.

-¿El periodismo es una medicina o una droga?
Una droga podría ser. Muchas noches no conciliaba el sueño hasta ver qué podía hacer de nuevo al día siguiente. Siempre trataba de hacer algo distinto. Tomaba un café y pensaba en qué iba a hacer. Cuando estaba en Caretas, a las reuniones no llevaba una o dos ideas, sino hasta diez.

-¿Qué distingue a un buen periodista?
Su pasión y las ganas de hacer buen periodismo. Eso se nota cuando todo el tiempo estás pensando qué de nuevo hacer en el periodismo, es algo que no te deja tranquilo.

-¿Cómo le gustaría ser recordado, Domingo?
(Me pide que le repita la pregunta). Como un buen periodista, que he dejado libros, que espero que permanezcan en el tiempo, sobre todo Historia del poder, que es la historia del Perú republicano, que pocos han escrito después de Basadre. Y el libro que algún día quisiera escribir es sobre el Perú antes de la proclamación de la Independencia.

-También es un historiador.
Me habría gustado estudiar Historia. Pero usted mismo está escribiendo la historia del país con entrevistas a grandes personajes.

-A personajes ilustres como usted.
Nooo, me resisto.

AUTOFICHA

“Nací en el Cercado de Lima, a dos cuadras de la plaza Dos de Mayo, en una calle perdida, ahora Huarochirí, que da a la avenida Colonial. Ahí viví hasta los cuatro años. Me mudé al jirón Tarma, también en el Centro, a una cuadra de la plaza Bolognesi, donde estuve parte de mi juventud, hasta los 16 años”.

“En la universidad formamos el anís club, donde solo se tomaba anís, hasta en la sopa. Estudié Periodismo en la escuela de la Católica. Al año que entré a estudiar, empecé a trabajar como periodista en el Pregón, donde pidieron dos chicos que tengan madera para el oficio”.

“He publicado ocho libros. Y los que alisto espero empezar a publicarlos en 2020. He trabajado con los mejores directores del siglo XX, como Grados Bertorini, Grados Panalillo, Francisco Igartua, Enrique Zileri, Guillermo Thorndike, entre otros. Soy el tercero de nueve hermanos. Tengo tres hijos y seis nietos”.

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